Esta historia de odio y venganza comienza el 10 de marzo de 2001. El partido de la League One (actual Championship) entre el Sheffield United y Nottingham Forest está sentenciado. 1-3 vencen los visitantes y Bramall Lane, que ha registrado la mejor entrada de la temporada (25.673 espectadores, nada menos) guarda un silencio áspero. En el minuto 85, cuando ya nada relevante había de suceder, el local George Santos y el visitante Andy Johnson disputan un balón aéreo y el codo del segundo impacta en el rostro del primero. El internacional por Cabo Verde se revuelve en el suelo de dolor, con las manos tapándose el rostro.
Quizá por lo abultado del resultado adverso, quizá porque nadie vio intención –al fin y al cabo los Blades son el típico equipo inglés duro, rudo, arisco-, ni el público local ni los jugadores del Sheffield United protestaron excesivamente la acción. Probablemente, si supieran las consecuencias de la jugada habrían mostrado al menos cierta indignación. Estas consecuencias son: George Santos sufre una rotura del tabique nasal y doble fractura de los huesos de la órbita del ojo, que requirieron una operación de cinco horas y media en la que al jugador se le implantó una placa de titanio para recomponer la estructura ósea. En términos deportivos, adiós a la temporada y quizá algo más, pues George Santos es un jugador limitado, peleón, eficiente, pero sin un fútbol en sus botas que le garantice seguir en un equipo, si no es peleando el puesto día a día.
Una semana después, Santos abandona el hospital. Se muestra indignado. Pone el caso en manos de sus abogados y afirma que ha pasado los peores días de su vida. Los médicos afirman que probablemente sea necesaria otra operación.
Tras el ruido inicial, poco a poco los medios olvidan la historia, la sustituyen por otras de tantas de las que ocurren en el terreno de juego Pasa el tiempo. Santos se recupera y continuará una temporada más en el United. Por su parte, el internacional galés Anddy Johnson firma por el W.B.A. tras finalizar su contrato con el Forest.
Y he aquí que llega el 16 de marzo de 2002, justo un año después, nos encontramos con un Sheffield United-WBA en el calendario. La temporada enfila su tercio final. El W.B.A. se juega el ascenso en las próximas semanas, mientras que el Sheffield United ansía que una temporada insulsa y decepcionante termine cuanto antes. Se encuentra en la decimoquinta posición, sin posibilidades ya de ascender y sin la soga del descenso amenazando.
Empieza el partido. Minuto 9: el portero local, Simon Tracey, es expulsado por tocar el balón con la mano fuera de su área. Minuto 18: el W.B.A. se adelanta con gol del escocés Scott Dobie. 0-1 y con un hombre menos. El horizonte se presenta aburrido para los hinchas de los blades. Cuando en el minuto 63 el también escocés Derek McInnes convierte el 0-2, algunos espectadores no aguantan más y abandonan sus asientos.
En ese momento, sin embargo, Neil Warnock, actual entrenador del Q.P.R. y entonces en el Sheffield United, hace dos sustituciones con intención, suponemos, de cambiar el partido. Entran en el campo el ex FC Barcelona B Patrik Suffo y George Santos. Y vaya que si cambió el transcurso del juego… pero en un sentido distinto al esperado por el bueno de Warnock.
Pasaun minuto largo y tenso. Durante el mismo, no pocos espectadores caen en la cuenta de que sobre el campo vuelven a coincidir Santos y Andy Johnson. Unos se preguntan en alto cuál sería la reacción de los jugadores cuando la trayectoria del balón una de nuevo sus destinos. Otros vien a Santos excesivamente nervioso, vigilando con el rabillo del ojo a su rival. Todos, sin embargo, se sorprenden con lo que va a suceder.
Minuto 65, el W.B.A. contemporiza el juego con el resultado a favor. Toca y toca el balón en corto, hasta que llega a las botas de Andy Johnson en el mismo centro del terreno de juego. Johnson no lo ha visto, pero desde el momento en que la pelota parece que puede a acercarse a su zona de juego, Georges Santos ha comenzado una carrera veloz y fatal, en la que concentra toda su sed de venganza, acumulada durante un largo año. Quién sabe si en esas décimas de segundo Santos recordó su tiempo en el hospital, la complicada operación, el miedo a perder su puesto de trabajo, la rabia por la impunidad de la acción de Johnson hacía un año… pero sin duda todo eso y más se puede ilustrar con la violencia de la entrada, calificada por muchos entonces como la más fea de cuantas se habían visto en un campo de fútbol.
De las imágenes sorprende la frialdad con la que Santos afronta su expulsión del campo, mientras el resto de sus compañeros se las tienen en una refriega con el equipo rival. Suffo también fue expulsado (¿sería la primera vez que dos jugadores son expulsados tras solo un minuto sobre el terreno de juego?), él por cabecear a un rival. Después, los locales Michael Brown y Robert Ullathorne (mítico ex Osasuna) cayeron lesionados y el árbitro tuvo que aplicar el reglamento dando por finalizado el encuentro.
La polémica atravesó las semanas, centrada en la entrada de Santos. El resultado, sin embargo, fue menor para quién la sufrió que para quien la ejecutó. Andy Johnson se perdió cuatro partidos –que su equipo venció, sumando para el ascenso que a la postre lograría-, que quizá incluso pudieron ser menos. Para el agresor, sin embargo, aquella acción fue fatal. Fue inmediatamente expulsado no solo del campo, sino del equipo. Neil Warnock afirmó que Santos jamás volvería a vestir la camiseta rojiblanca de los Blades, y cumplió firmemente con su amenaza (también apartó definitivamente a Suffo, por cierto). Aquella acción fue el punto final a su trayectoria en Bramall Lane (su partido 61) y le dio una fama que le acompañó el resto de su carrera. Nueve, nada menos, fueron los equipos británicos en los que Santos jugó después de aquello y en cada presentación la prensa le preguntó por aquel partido, que pasó a ser conocido como la Batalla de Bramall Lane.
Bola Extra: ¿Sabíais que Patrik Suffo sigue en activo en un equipo de amigos?






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#1 Gorka dijo,
29 septiembre 2011 4:34 pm
No le toca!!
\ironic mode off
#2 Gorka dijo,
29 septiembre 2011 4:36 pm
Por otro lado, buen artículo, no se por qué me he sentido identificado con el bueno de Santos. Estas pequeñas historias es lo que hacen grande a este blog. Gracias
#3 Youse dijo,
29 septiembre 2011 11:15 pm
Un tema peliagudo este… los comentaristas dicen que la accion de Johnson no fue intencionada. Pero Andy Johnson jamas se disculpo por el golpe que le propino , lo que es cuanto menos poco sensible , de hecho Johnson le echa la culpa a Santos diciendo que el fue quien llego tarde. Los futbolistas son profesionales como cualquier currante , pero con el partido ya perdido me parece un poco imprudente por parte de Warnock el hacer jugar a Santos justamente en ese partido.
#4 Ponzonha dijo,
29 septiembre 2011 11:44 pm
Recuerda bastante a la historia de Roy Keane y Haaland. En aquella ocasión el agredido (Haaland) no pudo volver a jugar tras una entrada bastante más brutal que la que relata el post.
#5 Luis Suárez dijo,
29 septiembre 2011 11:55 pm
101% de acuerdo con Youse.
El bueno de Warnock debió suponer que esto podía pasar con su equipo perdiendo 0-2 y un jugador suyo ansiando la venganza, el lo mandó al campo, y permitanmé, pero dudo mucho que desconociera lo que podía suceder… Claro que luego, siempre será más fácil echar mano a la hipocresía, hacerse el desentendido y sancionar severamente a Santos.
Por cierto la cara a los 2:52 es efectivamente la de Warnock? Expresa un “esto se me fue de las manos”.
#6 Torreblanca dijo,
30 septiembre 2011 8:13 pm
Quien diga que esta es “la más fea de cuantas se habían visto en un campo de fútbol” ha visto muy pocos partidos.
#7 Kurono dijo,
6 octubre 2011 9:11 am
Tanto el caso de Haaland contra Keane y este son fruto de un sistema futbolístico podrido que premia bastante la marrullería y la trampa, con unos dirigentes que sancionan el quitarse una camiseta o dejar al descubierto un mensaje, que una entrada violenta. Haaland públicamente declaró que Keane se hacía el lesionado y era un “llorón” en una entrada bruta del noruego a “Keano” en una acción donde no debía escaparse Keane.
Siendo tan temperamental nuestro “p4″!0 amo” irlandés favorito, pues se cobró una venganza innecesaria y demasiado cruel contra Haaland. Cosa que no fue sancionada adecuadamente (una multa mediocre de 15000 libras esterlinas, con lo que ganaba Keano al año de seguro no le alcanzó para comprarse una nueva TV de plasma), esto debió haberse sancionado con la expulsión del futbol profesional para Keane. Y este caso lo mismo, algo que fácilmente se hubiera resuelto con simplemente sancionar duramente al infractor inicial, cosa que no fue así y luego que Santos haya decidido tomar la justicia por propia mano.
Soy de la idea que cuando se acabe la violencia en el fútbol terminará irremediablemente con el teatro. Solo piénsenlo: Viene Materazzi, Gatusso, Marchena, Pepe o el Roy Keane de la vida y puede hasta lesionarte, pues muy fácil, los futbolistas hacen teatro del bueno y joden al leñero. Un círculo vicioso que no se acabará hasta que se sancione la violencia sin miramientos, sin excusas y sin nada.
Y ahora el ridículo (off-topic), una multa de 600 euros para Mourinho por su incidente del dedo a Tito Vilanova y dos partidos de suspensión para el Luso pero exclusivamente en partidos de la Supercopa (y la mitad de multa y suspensión al asistente de Guardiola). A un técnico se le debe sancionar aun más severo que a un jugador, ya que estos son los que deberían dar el ejmplo.