Los héroes predestinados siempre son puntuales. Algunos incluso aparecen antes de hora. Frank Ribéry llegó un poco más tarde. A los veintiún años, el extremo francés recorría los bares de la ciudad norteña de Metz, como había hecho anteriormente en las noches de Alès o de Boulogne-sur-Mer, su ciudad natal, en la punta izquierda del hexágono. Lo hacía con una pena menos que ahogar. Había debutado en primera división, cumplido un sueño que imaginaba irrealizable desde que le echaron de la cantera del Lille unos años antes. Sin embargo, su vida seguía desordenada, perturbada por los conflictos que le ocasionaban sus salidas nocturnas. Mientras tanto, los mejores futbolistas de su generación esperaban la fama en el sitio adecuado, bajo el cobijo de los grandes clubes del continente. Para ellos el sueño tenía una forma concreta. Para Ribéry ir más allá no era siquiera un pensamiento lejano.
La fenomenal hemeroteca de la página del club de la Lorena permite consultar la imagen de un joven Ribéry en la temporada donde se le empezaron a exigir méritos de futbolista profesional. Relaciono su carrera con una larga lista de sprints endiablados. Cada vez más exigentes, celebrados en pistas más singulares, cambiando de escenario para situarse al fin en vista de todos. Ribéry corresponde a estas pruebas exhibiendo acelerones, con y sin balón. Cuando lo lleva lo hace pegado al pie, y en eso, sacando a Messi del concurso, probablemente sea el mejor. La dificultad aumenta porque la meta se aleja a pasos agigantados. Primero, en Metz, le piden que recoja el testigo de Robert Pirès. Su respuesta a la expectativa es marcharse a media temporada al Galatasaray turco. Una experiencia futbolísticamente corta, pero muy intensa a nivel personal. Cuando Ribéry vuelve a Francia seis meses después es otra persona. Se llama Bilal y se ha convertido al Islam.
Marsella le hace grande y en el verano de 2006 aparece de titular en el Mundial. ¿De dónde ha salido y qué astro ha guiado esta vez a Domenech? En el debut de la selección en el torneo, Francia 0-0 Suiza, Ribéry es lo más potable de la selección gala. Segundo reto. Ribéry brilla en la cita alemana, Zidane cuelga ahí las botas. La relación es inevitable. Un año más tarde, después de cuatro años de dominio acaparador de Thierry Henry, es designado mejor futbolista francés del año. En el Bayern le dan el ’7′ de Mehmet Scholl, justo la temporada de su retirada. Siempre un paso más allá. Sin embargo, aunque Ribéry tiene las condiciones para superar todas esas pruebas -y las primeras dos temporadas en el conjunto bávaro fueron excelentes-, nunca ha llegado el primero a cortar la cinta, no ha pasado del notable alto a dominar Europa.
A veces, cuando ha salido en ventaja, su físico ha jugado en su contra. Demasiadas lesiones para alguien cuyo éxito depende tanto de su estado de forma. Cuando Ronaldinho se quedó lento, pudo vivir en la élite usando solo el toque, la magia. Sin poder irse del oponente Ribéry lo pierde todo, porque su superioridad nace en el desborde. El carácter displicente que desarrolló en su juventud ha influido negativamente en su relación con los técnicos -especialmente con Louis van Gaal. En el cóctel de despropósitos, en el momento más bajo de su existencia como futbolista, en 2010, volvió el Ribéry de los bares de Boulogne, en el conocido episodio con una prostituta menor de edad.
En los días en que debía ser el mejor, algo lo ha privado. La de Ribéry es una constante salida en falso del favorito, un talento que ha cosechado triunfos menores y otros pocos grandes, pero que sin embargo se vence a sí mismo en el dia clave. Esta temporada, como volvió a enseñar anoche en Villareal, Ribéry llega acelerado. La final es en Múnich. Quizá esta vez no renuncie a la meta antes de llegar.
En DDF |Ribéry, la flor en la cienaga
Fotografia | FC Metz








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#1 David J. Pereira dijo,
15 septiembre 2011 6:01 pm
Boas!
Devo dizer que gosto imenso deste blogue!
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Saudosos cumprimentos!
#2 Kapo dijo,
16 septiembre 2011 2:44 am
Lo de ayer de Scarface fue una exhibición en toda regla. Yo el año pasado le día por muerto, pero me equivoque: estaba de parranda.
#3 Kapo dijo,
16 septiembre 2011 2:45 am
Lo de que estaba de parranda ha sido ingenioso sin pretenderlo
#4 Rober dijo,
16 septiembre 2011 9:01 pm
El verano de su coqueteo con el Barça y el Madrid le hizo mucho daño. En primer lugar su amago de rebeldía le costó el disgusto con un técnico tan implacable con las muestras de displicencia como Van Gaal. En segundo lugar la llegada de Robben, un jugador más desequilibrante que él, al Bayern, le privó de su puesto de estrella máxima del club bávaro. Por último, el esperpento francés en Sudáfrica pareció desterrarle de por vida del firmamento futbolístico.
Además el sambenito de sucesor de Zizou que le colgaron en el 2006 le viene demasiado grande. No es Scarface un jugador que se eche el equipo a las espaldas cuando vienen mal dadas, si no un segunda espada, capaz de desequilibrar un encuentro en una acción individual cuando se siente arropado, pero nunca de cambiar una dinámica negativa. A Sudáfrica me vuelvo a remitir.