Cuentan que cuando Francesc Fàbregas Soler (Arenys de Mar, 1987) aceptó la llamada del Arsenal en el verano de 2003, cuando tan solo tenía edad para preocuparse por sus estudios, su vida social y sus noches de diversión, lo hizo tomando la decisión más complicada de su corta pero intensa vida. Barcelonista de cuna, el joven Cesc había mamado en blaugrana desde su más tierna infancia. Su futuro ideal pintaba noches de éxitos sobre los focos del Camp Nou y ante cien mil entregados culés. Culés como él mismo. Por eso, porque su carrera parecía prevista y dibujada a capricho antes incluso de arrancar, porque todo parecía indicar que el destino le tenía reservado un lugar con su nombre en la plantilla del club de su vida, su decisión adolescente cobró incluso una dimensión superior.
Me cuesta creer que cuando aquel cadete de primer año decidió buscarse un futuro lejos, física y espiritualmente, de la que él mismo consideraba su casa, no lo hizo con la idea de retornar algún día. Ante é, en el momento de su salida hacia Inglaterra, únicamente se abría una gigantesca incertidumbre. Un fútbol diferente, un idioma que no conocía, una cultura muy diferente de la mediterránea… póngase el lector en situación.
Fàbregas renunció a un futuro cómodo y amable, pero aún incierto, en Can Barça a cambio de un futuro que también era incierto pero que, a diferencia del que le aguardaba si permanecía en su casa, iba a exigir un esfuerzo aún mayor.
En Londres, bajo el paternal abrigo de Arsène Wenger (en palabras del propio Cesc, la persona más influyente en toda su carrera), Cesc dejó de ser Cesc, dejó de ser el adolescente culé que apuntaba alto desde el cadete A, para convertirse en Fàbregas. Un ídolo, un capitán de todo un Arsenal con tan solo 22 años, una inconfundible realidad en la mejor liga del planeta. Desde el primer día en la disciplina gunner Fàbregas fue considerado como uno más en la camada de Wenger. Sin trato de favor, sin esa condescendencia de “hijo, tú algún día será el ’4′ del Barça”, el centrocampista catalán maduró, creció futbolística y personalmente. No sabemos cuánto tendrá de realidad y cuanto de leyenda, pero se cuenta que en uno de sus primeros entrenamientos con la primera plantilla del Arsenal, Cesc sufrió una durísima y aparatosa entrada por parte de su compañero Kolo Touré que hizo incluso temer por una lesi-on grave. Su bienvenida al fútbol inglés, su acogida en el fútbol profesional, no pudo venir acompañada de una acción con mayor simbolismo.
Convertido desde hace años en protagonista de un sinfín de rumores acerca de un futuro lejos de Ashburton Grove, el hoy ya barcelonista se vio erigido en piedra angular de un proyecto, el de Wenger al frente del Arsenal, que parecía eterno. El ciclo gunner parecía, pese a la ausencia de títulos mayores, no cerrarse nunca. Llegado a ese punto de espiralidad, la salida del catalán se antojaba indispensable para su futuro.
Cuando esta mañana Fàbregas estampaba su firma en el contrato que le une al club de sus amores hasta el año 2016, se cerraba un círculo maravilloso y bastante más predecible de lo que muchos parecían querer creerse. Ya no se trata de un flirteo adolescente. Es algo mucho más trascendente que eso. Es la historia de amor de sus vidas.







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#1 Manuelinho eF dijo,
16 agosto 2011 1:29 am
Pues a currárselo, que tiene tres huesos duros por delante.
#2 El madridismo como sentimiento » Diarios de Futbol dijo,
18 agosto 2011 7:44 pm
[...] de la Supercopa, sino del dedo en el ojo, del ‘pito vilanova’ y de la entrada de Marcelo a Fábregas. Y es normal, porque si algo hemos aprendido en estos últimos clásicos es que lo que rodea al [...]
#3 Full commitment » Diarios de Futbol dijo,
21 agosto 2011 4:29 pm
[...] Cesc Fábregas, el último en tomar la salida, dijo a su llegada a Barcelona que se tenía una imagen equivocada de la personalidad de Wenger. Más allá del papel de enemigo público en quien algunos le quisieron convertir, había una sensación común. Una imagen de solitud. Cesc Fábregas quería irse, Wenger respondía. Otra portada, nuevas declaraciones del técnico. Un movimiento más, ¡Cesc está cerca!, rueda de prensa de Wenger. No hay nadie más en el club gunner que haya asumido un rol de fortaleza. Ni en la directiva, ni en la plantilla. Únicamente Jack Wilshere, a través de las redes sociales, se atrevió a cuestionar la voluntad de Fábregas. Wilshere es un joven centrocampista de 19 años que lleva diez en el club del norte de Londres y que tiene más carácter que el resto de la plantilla junta. ¿Quién más podría asumir una posición de fuerza? ¿Arshavin? Nasri, el segundo en importancia tras Fábregas, también se moría por largarse. Se me ocurre Robin Van Persie, nuevo capitán, pero no un líder capaz de asumir ese peso. Esas cosas se intuyen dentro del terreno de juego. Aún cuando el holandés está en racha goleadora no participa todo lo que debiera. [...]
#4 juan dijo,
24 agosto 2011 1:09 am
La de fabregas y el barcelona es una historia patetica no una de amor.
#5 Arteta, consuelo gunner » Diarios de Futbol dijo,
1 septiembre 2011 1:47 pm
[...] en un Arsenal maltrecho, tocado y casi hundido, tras las salidas de Samir Nasri y, sobre todo, Cesc Fàbregas. Su llegada abre un nuevo horizonte en la desesperada afición gunner, que hubiese recibido casi a [...]
#6 Arsenal: las críticas tornaron en elogios » Diarios de Futbol dijo,
31 diciembre 2011 1:49 am
[...] hubieran apostado en aquel encuentro por la victoria de los londinenses, especialmente tras la tormentosa salida del equipo de Cesc Fàbregas, que parecía haber sumido a los gunners en una situación de melancolía y desamparo de la que no [...]