Se cuenta que los esquimales tienen treinta palabras distintas para llamar al color blanco (más o menos la mitad que los españoles para el pene, un dato que muestra la importancia de ese color para ese pueblo). Mejor dicho: los esquimales usan treinta vocablos para definir todo el espectro de tonalidades de lo que a nosotros nos parece simplemente blanco. “El lenguaje hace mundo” nos explicará un hermeneuta. Y probablemente tenga razón. Cuesta pensar en la posibilidad de que un esquimal acierte a hacer ver –nunca mejor dicho- a un español que hay enormes diferencias entre el blanco de la nieve y el del hielo, por ejemplo.
El caso es que hace poco me vino eso a la cabeza, precisamente. Fue una mañana de domingo playero. Había sacado del armario mi flamante camiseta del Tottenham con la que quería deslumbrar al mismísimo océano. Antes de ponérmela la contemplaba con la mirada de fascinación de quien tiene entre las manos un tesoro, al tiempo que evocaba nombres mágicos como Darren Anderton, Gary Mabbutt, Chris Hughton, Les Ferdinand, Ian Walker, Osvaldo Ardiles o Colin Calderwood. Y justo en el momento en el que me disponía a introducir mi cabeza en ese trozo de tela blanca que era a su vez un pedazo de una grande y maravillosa historia, de la que de alguna manera sería parte al ponerme esa camiseta, mi novia me espetó:
- ¿Otra vez te vas a poner una camiseta blanca?
- ¿Blanca? –pregunté a mi vez, sin entender muy bien la objeción.
- Blanca, sí, ayer llevaste esta cosa.
Dijo eso y levantó con su mano derecha la camiseta que el día anterior lucí con indisimulado orgullo por cada esquina de mi pequeño pueblo norteño. Era la zamarra de Polonia, país de grandes escritores y no menos grandes futbolistas, que ella manipulaba ahora con un desprecio cercano al del conquistador que se ha hecho con la bandera de un territorio ahora bajo su dominio.
- Pero, mi amor, no tienen nada que ver –objeté-. Esa es de la selección polaca, y esta que ahora me voy a poner es de un equipo de Londres que…
- Blancas las dos –insistió ella, zanjando la discusión.
Fue en ese preciso instante cuando me sentí como un esquimal.
Amigo mío, tú que eres un frikie futbolero como yo, ¿entiendes que sobre lo que una camiseta significa –que no es poco, ni mucho menos- primen argumentos estéticos? ¿Acaso no saltan a la vista las diferencias entre blancos? Yo, que jamás vestiría la camiseta blanca de cierto club blanco, y sin embargo sueño con poder hacerme un día con la del Marsella, la del Hamburgo, la de Argelia o el Derby County, todas blancas, sí, pero tan distintas como la noche del día, afirmo en alto que en el fútbol no hay color más lleno de contenido ni más diverso que el blanco y que quien crea que todos los blancos son iguales es que no sabe ver.
Cada semana y de la mano de Classic Football Shirts, la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.







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#1 (pe)^2 dijo,
3 agosto 2011 12:14 pm
Artista!
#2 Jinka dijo,
3 agosto 2011 12:24 pm
Magnífico artículo, sino fuera por el detalle del blanco que nunca llevarías
Enhorabuena.
#3 Xavi dijo,
3 agosto 2011 1:55 pm
@Jinka
¡Él sabrá lo que quiere llevar o no! Yo jamás me enfundaría en una samarra blau&grana que no fuera de cierto equipillo… por eso desprecio a otros equipos? no… solo marco una preferencia(o en su caso una NO-preferencia)
Dejo aquí una referencia a las acepciones de la palabra cojones(no es pene, xo servirá)
Link: http://www.youtube.com/watch?v=uCHDn-Qy6ZY
¡Feliz Agosto a los currantes! :’(
#4 Jinka dijo,
3 agosto 2011 2:27 pm
@Xavi
Hombre, que estaba de broma, pensaba que se entendía…
Un saludo.
#5 Xavi dijo,
3 agosto 2011 3:45 pm
¡¡Ya me lo imagino hombre!! xDDDD
No problemo… viste el video?
#6 f dijo,
3 agosto 2011 4:17 pm
mi amor?
#7 Iñaki Martín dijo,
3 agosto 2011 11:48 pm
No hay más ciego que el que no quiere ver, o el que sólo (me resisto a quitar el acento cuando es como “solamente”) ve el color de la camiseta y no todo su percha sustenta
#8 Gerardo dijo,
4 agosto 2011 7:00 am
No puedo si no aplaudir este tipo de artículos, todo un agrado leerlos!
#9 JR dijo,
4 agosto 2011 10:45 am
@f tampoco me lo esperaba de Dadan
Muy buen artículo!
#10 Rafa dijo,
4 agosto 2011 4:00 pm
Y a mi que me fascina que la novia en cuestión no ponga pegas por llevar camisetas de fútbol, sino por repetir con el blanco dos días seguidos…
Haber intercalado con una del Dortmund años 90 por la noche…
#11 tubilando dijo,
4 agosto 2011 4:58 pm
Como curiosidad: Polonia empleó dos camisetas blancas distintas durante el Mundial-82. Disputó la semifinal y el partido de consolación con un modelo distinto.
Blancos que me impactaron:
- Camiseta suplente de la URSS en el M-82.
- La mítica equipación de Inglaterra en el M-82 (creo que también en la Euro-80).
- Equipación de Holanda vs Brasil en M-74.
- Las equitaciones de Argelia de los años 80, la época de Madjer y Belloumi. También me gustó la suplente con la que ganó a Alemania, aunque el blanco era menos protagonista.
- La equitación suplente de Italia ante Camerún en el M-82.
- La equitación de Inglaterra del Mundial de Sudáfrica 2010.
#12 Villegas dijo,
5 agosto 2011 12:52 am
Por post asi me meto yo en DdF,literatura mezclada con fútbol
Enorabuena Dadan de parte de un madridista
#13 JoseFco dijo,
5 agosto 2011 11:21 am
Casi te entiendo, de verdad, casi te entiendo. Porque me temo que jamás podría ponerme una camiseta del Córdoba, el Bánfield, El Vitoria de Setúbal, el Karpaty Lviv o el Bursaspor. Pues, si bien no tengo nada en contra de estos equipos, mucho me temo que mi imaginación miraría hacia el escudo y vería otro diferente, uno que sería incapaz de ponerme en el pecho bajo ninguna circunstancia.
Claro que no deja de ser curioso que, siendo blanca la camiseta de mi corazón, hay otra cierta camiseta blanca (como la que corona el artículo) que tampoco me pondría bajo ningún concepto.
#14 edgar dijo,
7 agosto 2011 6:15 am
Que genial post, para los que somos frikie futboleros, prima el sentido del equipo, antes que lo estético