La sensación era que el rellano en la puerta trasera del Parque de los Príncipes se había desgastado más de la cuenta. Aquel año caminaron por allí, maleta en una mano y gesto de despedida en la otra, Ginola, George Weah, Valdo, Ricardo, Kombouaré y M’Boma. Medio álbum de cromos colgó la azul, roja y blanca y se largó. Y aunque por la alfombra del otro fondo se procurara el desfile de Loko, Djorkaeff y Dely Valdés, el pichichi de Francia, un superclase y un killer, para el día clave la cosa pintaba más negra de lo esperado. El Paris Saint-Germain se dedicó durante toda la segunda vuelta a dilapidar su ventaja frente al Auxerre y en la víspera de la final de la Recopa frente al Rapid de Viena ya había conseguido su propósito. No quiero ni imaginar como estaba la moral del grupo cuando en Heysel, ya sin liga y sin entrenador para el año que viene (la intención declarada era la de no renovar a Luis Fernández), los chavales abrían L’Equipe y se desayunaban con titulares como “Les héros de la F1, les zeros du PSG”…
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Parece mentira pero pudiendo levantar su primer título europeo a tan solo 25 años vista del nacimiento del club y sabiéndose netamente superiores al Rapid, la plantilla esperaba la cita con una nube negra por sombrero. Quizá por ello, para soplar esa gorra de malos augurios y airear los pensamientos de cada uno, Luis preparó cambios. Se llevó al tenista Yannick Noah, el carisma en persona, a los entrenamientos previos e introdujo novedades de peso en el once, la principal alterar la pizarra y jugarles a los austriacos con tan sólo tres cromos en defensa. Así las cosas, frente a 15.000 hinchas franceses, los que vistieron la icónica camiseta de la franja roja aquella noche fueron Lama, Roche, Le Guen y N’Gotty, Fournier, Bravo, Guérin, Colleter, Raï, Djorkaeff y Loko.
El PSG dominó la final de cabo a rabo, pese a la lesión temprana del faro Raï, pero fue en el 29 cuando consiguió transmitir ese desnivel al marcador. También fue en el 29 cuando las puertas del imaginario colectivo de la hinchada capitalina se abrieron para Bruno N’Gotty. Mole sobre todo, el francés se guardó el derechazo más duro de su carrera para ese momento. A treinta metros de la portería y cuando la lógica demandaba a Djorkaeff para la tarea, el cuatro cambió roles con su compañero y recibió de este en corto. Violencia en el pie y chutazo siempre acariciando la hierba, N’Gotty hacía el gol de su carrera y cimentaba el único título europeo en la historia del club. Un par de manos de Lama más tarde el club era campeón de Europa y esta vez sí el desayuno con L’equipe al día siguiente, “La Consagración” se pudo leer, fue el más dulce de su vida.
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#1 xtaoth dijo,
25 julio 2011 10:19 am
Me ha encantado este revival… pero con todos los respetos… “jugarles a los polacos con tan sólo tres cromos en defensa.” ¿Rapid de Viena …polacos…???
#2 Sergio Cortina dijo,
25 julio 2011 10:59 am
¡Menudo despiste!
Lo he corregido y me estoy dando de latigazos
Disculpas!
#3 Rober dijo,
25 julio 2011 5:15 pm
La recuerdo como una final muy mala. El PSG había privado de la gloria europea al SuperDepor en semis en un torneo que parecía hecho a medida de los gallegos. Fue el único año de Djorkaeff en el equipo parisino, después se iría a triunfar en el Inter.
El PSG no podría revalidar el título al año siguiente: se topó en la final de Rotterdam con el Barça del imparable Ronaldo. A partir de ahí el club galo iniciaría una decadencia imparable que le alejó de la élite europea y hasta francesa, pese a contar con estrellas como Ronaldinho, Okocha o Anelka.
#4 edgar dijo,
25 julio 2011 9:22 pm
ha estado por descender el PSG, pero actualmente esta pasando un buen momento, desde que el mister es Antoine Kombouaré