Así fue la Liga: Racing de Santander (12º)

Cuando, el pasado mes de agosto, nos situábamos sobre la temporada que le aguardaba al Racing de Santander, no podíamos disimular una mueca de pesimismo. ‘Peligro en el ambiente’, titulamos aquella previa sobre el equipo santanderino. La trayectoria decadente padecida por los cántabros desde que firmaran aquel soberbio sexto puesto liguero hace ahora ya cuatro campañas no hacía presagiar nada bueno. Pero aquel Racing europeo no fue más que un feliz espejismo. Un premio fugaz que dio lugar a una situación irreal y una vivencia que, permítaseme, difícilmente podrán volver a vivir en Santander, al menos en un largo periodo de tiempo.

El sitio natural del Racing, y vuelvo a disculparme ante la presunción, estaba más abajo. La zona innoble de la tabla, ahí donde se cuecen las angustias y los dramas en puchero de cobre y a fuego lento, es un trocito de infierno en el cielo. Y es el hábitat natural de los racinguistas, el medio en el que, por suerte, mejor se desenvuelven. En este marco, sin dinero para dispendios y con una apuesta muy similar a la del pasado año, salvo un puñado de caras nuevas, buscaban el enésimo éxito los de Miguel Ángel Portugal.

Ya desde los primeros compases de la temporada se percibió que la empresa no sería sencilla. Portugal no terminaba de atinar con un once. Las combinaciones, especialmente en el centro del campo, parecían un ejercicio matemático de cómo combinar elementos sin repetición. Gonzalo Colsa, Diop, Medhi Lacen, el griego Tziolis hasta su gravísima lesión, Arana, Adrián… muchas eran las probaturas, pero escasos los resultados obtenidos. Para colmo de males, y ya con la temporada arrancada, Memé Tchité dejaba forzado la delantera racinguista para volver al Standard belga, dejando a los de Portugal con menos gol aún del que inicialmente tenían. El dinero mandaba.

Pese a los evidentes problemas, la apariencia, sin embargo, era de aparente calma en el seno del club. La confianza en Portugal por parte de la directiva seguía intacta pese a que la grada expresaba su disconformidad con el técnico burgalés cada vez con mayor vehemencia. En el primer tercio del campeonato, los cántabros eran el tercer equipo con menos goles de la categoría y Portugal no había repetido once ni una sola vez en toda la campaña. Eran síntomas indudables de que algo no funcionaba como debía.

De las nuevas incorporaciones llegadas en verano únicamente el sueco Kennedy parecía responder a las expectativas (a excepción de Tziolis en los apenas seis encuentros en los que pudo participar antes de su lesión). Nahuelpán y Rosenberg, que habían venido a solucionar los problemas de cara a la puerta contraria no terminaban de encontrar el gol.

La temporada del Racing tuvo, sin lugar a dudas, un evidente punto de inflexión con la llegada al club del empresario indio Ali Syed, coincidiendo precisamente con el mercado de fichajes de invierno. Como un huracán entrando en la Bahía de Santander, la llegada de Syed revolucionó todo el entorno del racinguismo. Prometió todo lo prometible, de lo que sólo puedo conseguir (aunque fuera en las condiciones que, meses más tarde, quedarían de manifiesto) la llegada de Marcelino García Toral para suplir al ya agotado Portugal en el banquillo, y la cesión del mexicano Giovani Dos Santos.

El efecto gaseosa producido tras la llegada del presunto magnate indio fue al menos suficiente para relanzar al equipo hacia la salvación. La ilusión generada por Marcelino y las soluciones ofensivas aportadas por un Giovanni que dio un rendimiento superior incluso al esperado por muchos, terminaron de apuntalar la permanencia de un Racing que mientras cogía aire en lo deportivo, parecía ahogarse en lo institucional y económico.

El personaje que se encerraba tras la fanfarronería y las estridencias de Syed no tardó en aparecer. Misteriosas desapariciones de la capital cántabra durante largas semanas, los pagos adeudados y prometidos a la plantilla que no terminaban de hacerse efectivos, mentiras y más mentiras en una permanente huída hacia delante. La sensación en Santander es de que el empresario indio se ha mofado de la institución y de que el futuro es muy negro. Creo que no falta razón.

Lo mejor: Sin duda, la salvación. Los momentos de ilusión vividos en las primeras semanas tras la llegada Syed. El rendimiento de Kennedy.

Lo peor: El futuro es muy negro. La situación económica e institucional es caótica. Marcelino ya se ha despedido harto de mentiras.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

4 Comments

  1. xtaoth

    6 de junio de 2011 a las 10:19 pm

    Hmf… Lo de Ali Syed es un toque claro de atención a todos los clubs que buscan «sponsors» fáciles y con dinero para que les solucionen las deudas… Duros a cuatro pesetas no los dan en todos los sitios, y menos los ricos.

  2. Kurono

    7 de junio de 2011 a las 1:58 am

    Si analizamos bien la situación, el Racing, año con año su puesto «teórico» ha sido el descenso, se venden los mejores jugadores o estos se lesionan o bien se retiran y luego otros clubes en «mejor estado» se van al descenso.

    A mi en lo particular me parece bien curiosa la situación del Racing: no pelean nunca por un puesto eruopeo y se sitúan en la parte media-baja de la tabla; sin embargo y salvo en casos muuuy puntuales, rara vez REALMENTE están en la zona del descenso. Y quizá ahí el mérito del Racing de esta última década.

    Propiamente con Ali Syed, hay que tener cuidado con los «magnates del fútbol». Te pueden salir Abramovic en el mejor de los casos (exige, pero al menos proporciona recursos), o bien un Piterman (que cree que es como el PC Fútbol). Pueden hacer las de Al-Thani (con inversiones y una asesoría inteligente) o bien a lo Syed (humo y más humo) o el fulano que dejó arruinado al Porthsmouth

  3. alberto a.

    7 de junio de 2011 a las 2:12 pm

    Cierto Kurono, a mi el Racingme recuerda a esos clubes de la Premier como el Sunderland, el Fulham o el Stoke, que se mantienen a salvo en ese maremagnum que a veces lleva a segunda a equipos como el Newcastle o el WestHam.
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  4. Kurono

    8 de junio de 2011 a las 12:31 am

    Si, eso es lo mejor del futbol alberto a. NADIE se garantiza nada. El caso de los descenso, he visto a la Real Zaragoza, al Betis y al Celta con plnatillas «teóricamente» para colarse en Europa, irse al pozo, mientras el Racing se ha salvado. Y bueno, en Inglaterra está el Fullham o el Bolton, modestos, sin mucho mimbre que rara vez luchan por un puesto europeo, pero que están salvados con casi 7-8 fechas para finalizar la liga, mientras Newcastle se cae a la Premiership y el Aston Villa se salva de milagro.