Lo de pintar el cuatro en el marcador jugando de visitante en cualquier liga decente es miel al alcance de unos pocos. Una anomalía de las que revitalizan la carrera de cualquier entrenador, futbolista o club. Pero si de verdad tu equipo es especial e innovador la decisión que han de tomar los chavales tras el chorro de goles es perder el partido. Es la forma más rápida que tienen los desheredados de la pelotita para entrar en los libros, aunque sea por la cara de tonto que se les queda. Más o menos como la que presentaba Steve Coppell en 2007 cuando esa panda de bromistas que era su Reading lograron la susodicha hazaña en el Portsmouth 7- Reading 4. La prensa lo vio claro, el Reading tenía el síndrome de la segunda temporada.
“Estoy harto de esta puta historia. Me hacen diecisiete millones de preguntas sobre el sídrome de la segunda temporada” bramó Coppell seguramente revolviéndose contra lo inevitable. El síndrome de la segunda temporada es un tópico en el fútbol británico, una especie de maldición que sufren los equipos pequeños durante su segundo año en la élite y que suele suceder en el curso inmediatamente posterior a haber firmado una gran campaña. Evidentemente el Reading estaba enfermo y los pataleos de Coppel no evitaron que se lo tragara la ola. Pasó a formar parte de un selecto club en el que trasiegan su pena históricas entidades como el Swansea, el Millwall, el Middlesbrough, el Ipswich o un siempre avezado en las cuestiones anómalas Manchester City.
¿Qué me pasa doctor? El último en acercarse preocupado a la consulta ha sido el Hull. Los de Yorkshire arrancaron en buena forma su primera campaña en Primera tras 104 años de infraexistencia y aunque se salvaron en última instancia tuvieron tiempo para conocer lo que se siente al someter a todo un Arsenal o ir tercero en la tabla. Eran los buenos viejos tiempos. Pero la temporada siguiente fue otro cantar, sumaron unos miserables 30 puntos e incluso Phil Brown, destituido antes de acabar el trabajo ante la galopante racha de resultados, cayó víctima del síndrome. El de la segunda temporada, poca broma.
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#1 Borja Barba dijo,
6 mayo 2011 11:28 am
Qué bonita es la camiseta del Reading pero qué poca simpatía siento por ese equipo (sin saber muy bien por qué).
#2 Sergio Cortina dijo,
6 mayo 2011 12:23 pm
Hombre es un equipo como el Wigan, sin demasiado tirón. Claro que allí jugó Robin Friday, la leyenda pop de la que que no hay nin vídeo pero hablan maravillas
#3 Antonio dijo,
6 mayo 2011 1:23 pm
Precisamente estaba pensando en el Hull a medida que leía el artículo, el síndrome de la segunda temporada se manifestó en todo su esplendor.
A mi el Reading me recuerda a Kitson & Doyle.
#4 José dijo,
6 mayo 2011 10:10 pm
Siempre es unn placer leer sobre historia y tradiciones de los clubes, especialmente los mas antiguos. Aunque personalmente no me gustan las camisetas con rayas horizontales. Para mi no hay camiseta mas bellla como aquellla que vestia la seleccion italiiana hace unos años de un azul claro y ceñida al torso, de la marca Kappa , espero que publiquen algo sobre ello. Saludos.
#5 dinamo_y dijo,
7 mayo 2011 4:25 pm
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