Camisetas clásicas: Paul Scholes, la misma de siempre

En la última edición de esta serie de textos Dadan Narval hacía referencia a su primer amor en forma de camiseta de fútbol. Cuando terminé de leerlo intenté recordar cuál fue el mío, con qué prenda me había vestido para imaginarme que algún día sería el delantero centro de mi equipo favorito. Debía retroceder por lo tanto a tiempos muy pretéritos, antes de la aparición de mi conciencia. Después de ese momento la realidad evidenciaría que la única manera de conseguir ese hito era suplantando al delantero de mi equipo en un videojuego. Retrocedí a la niñez, y allí no encontré ninguna camiseta. Abrí el armario para consultar esa pequeña colección que todo aficionado tiene y la más antigua, en el fondo, era una pieza del Ajax de Amsterdam. La famosa segunda equipación de color azul -famosa al menos para mí- que vestía el conjunto holandés la temporada 1999-2000. Fue un presente anunciado. Mis padres viajaron a la ciudad del liberalismo y la bicicleta ese verano y en una de esas postales que llegan más tarde que quiénes la envían, una postal que aún conservo, decía: «Aquí hi ha molts Van Gaals, tornarem aviat amb la samarreta dels De Boer. Vaques no en portarem cap perquè no hi caben».

Esa no era, sin embargo, mi primera camiseta, pero el ejercicio me la había devuelto a la memoria. La que inició la pasión por enfundarme en ropas de futbolistas no la conservo. Un jugador portugués decidió cambiar de club y en mi intento manual de borrar el número de la espalda la hice trizas. Con todos los imponderables que rodean este deporte, qué difícil es quedarse con la primera camiseta.

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Paul Scholes (Stalford, noviembre 1974) era un joven aficionado del Oldham Athletic cuando a los 14 años empezó a jugar en las categorías inferiores del Manchester United. Desde entonces siempre ha llevado ese color pegado a su piel, diablo pelirrojo en la medular inglesa. Cierto es que Ryan Giggs empezó antes, pero en el caso del extremo galés, si hablamos de camisetas, su larga continuidad se ve empañada por imágenes de juventud relacionadas al otro conjunto de la ciudad. Y aún más impactante, vistiendo la del país vecino en su etapa escolar. Se cuentan por decenas los centrocampistas con perfil similar a Scholes que han llegado al Manchester United estos últimos años. Ninguno le ha desterrado. Eso sí, conforme pasan los años Alex Ferguson mide más sus participaciones. Si en su época dorada lo jugaba todo, después pasó a rozar la cifra de los cuarenta partidos y en estos últimos años se queda en los treinta y tantos. Una de las tácticas que suele utilizar el técnico escocés es introducirle en las segundas partes, donde explota su habilidad para leer el ritmo que necesita el encuentro en ese preciso momento.

Esta última versión de Scholes solo cuenta con una página negra: se excede con demasiada frecuencia en sus entradas. Una actitud que le ha costado más de una expulsión inoportuna en encuentros clave. Ejemplo de ello es la semifinal de FA Cup que disputó el United frente al Manchester City en Wembley, y que acabó perdiendo por 1 a 0, con Scholes expulsado por una acción brutal sobre Pablo Zabaleta. Su faceta destructora le ha costado más de un disgusto durante su carrera. La más dolorosa perderse la final de la Champions League de 1999.  Sus cifras de goles se han reducido de la decena a la unidad. Pero hay una característica del juego en la que sigue siendo el mejor: el pase largo. Su exhibición entre semana en feudo del Schalke fue una clase magistral de precisión. Cuenta Eric Harrison, entrenador del equipo de jóvenes del United durante la explosión de Scholes, que mantuvo una discusión con el otro Eric, el galo Cantona, sobre los jóvenes valores de sus respectivas selecciones a principios de los noventa. «Â¿Cuál es la diferencia?» -decía Harrison. «Quizá nuestros jóvenes reciban el balón en mejores situaciones que los franceses». El responsable era el bajito pelirrojo, asmático y tímido. El desequilibrio también existe en el pase.

La especulación sobre la retirada de Scholes es similar a la de Edwin Van der Sar. Cuando se acerca el final de temporada suenan las campanas. Un año tras otro, de momento sin sentencia firme: «Decidiré en mayo». El centrocampista tiene 36 años, y por rendimiento no tendría problemas en seguir como mínimo una temporada más. De la misma forma que el arquero holandés, lo dejaría porque prefiere dedicarse a otra cosa, no porque se ve obligado. Hasta que él quiera, con la misma de camiseta de siempre.

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7 Comments

  1. pele ( ivan)

    30 de abril de 2011 a las 4:31 pm

    paul scholes 18

  2. José Fernández

    30 de abril de 2011 a las 5:14 pm

    Sin duda alguna uno de los mejores centrocampistas del último decenio y pico.

    Su heredero más claro me parece Sneijder, aunque este suela jugar un poco más adelantado. No me extraña que Ferguson este interesado en llevarselo a su equipo. A mi como culé también me encantaría tenerlo en el Barça, y bastante antes que a Cesc, por cierto.

  3. dinamo_y

    1 de mayo de 2011 a las 4:27 pm

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  4. cristof

    3 de mayo de 2011 a las 1:16 pm

    La camiseta de cabecera del artículo muy bonita , con Old Trafford reflejado.Mi primera camiseta que me regalaron fue la del Milan que le gano la Copa de Europa al Barcelona en el 94., no con la que jugaron ese día ,sino la rojinegra. Otra camiseta que le tengo mucho cariño es la de Brasil del 98.Ambas fueron regalos de mis hermanos.

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