Camisetas clásicas: las derrotas elegantes

Si el fútbol llega a ser noble en algún momento es tras las derrotas. No hay nada más respetable que caer en el césped. La unión nace cuando los equipos pierden, los éxitos ayudan a separar, estratifican a la afición, crean suspicacias. Los aficionados abatidos se fusionan en uno para superar el dolor, ganar nos independiza pero fracasar nos sociabiliza, nos abre a los demás. Nos abrazamos a los amigos en el bar, nuestras parejas nos miran con ternura, los hijos portan las bufandas con ese orgullo infantil que es una mezcla de nudo en la garganta, lágrimas contenidas y pundonor párvulo. Perder incita al sexo, al paseo, a la reflexión en voz alta, a la creación, a la lírica. Los héroes mueren, los que sobreviven no superan el juicio del tiempo.

Las camisetas de los derrotados, ese botín de guerra, ese icono del adiós, ese símbolo de la nobleza futbolística. Testimonio de tela de lo que pudo ser y no fue. Es imposible mirar estas zamarras con desprecio, es imposible tirar ese resumen de la esperanza rota. Al revés, las conservamos aún con más cariño que la camiseta de la victoria. Ganar sólo sirve para que Adidas haga nuevas elásticas conmemorativas. Perder eterniza los diseños. Como esta camiseta del Alavés del 2001, la que fue sustituida por un diseño bostero aquella noche en la que todos fuímos de Jordi Cruyff y sobre todo de Javi Moreno. O la del Bayer Leverkusen que anticipó la desoladora final de Glasgow. O la camiseta que llevábamos cuando ese personaje siniestro llamado Al Gandhour decapitó nuestras ilusiones.

Cada quince días y de la mano de Classic Football Shirts, la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.

La parroquia se queda muda, los vomitorios lo son más que nunca, la náusea del estadio que despide a una afición deprimida que vuelve a sus quehaceres con el peso de la derrota amarrado al tobillo, arrastrando la tristeza en grupo, soportando solidariamente el infantil berrinche de un amigo que para a orinar antes de salir del estadio, que se lava las manos, que se mira en el espejo y se descubre con los ojos enfangados, con la camiseta de su equipo, con la bufanda anudada a la cabeza. Y tolera el reflejo, sonríe, y dice para sí: otra vez será.

La camiseta con la que el Valencia casi tocó el cielo europeo frente al Bayern, la del Barça en el 94 frente al Milan, la de Ghana cuando cayó frente a Uruguay en el reciente mundial, el centenarzazo del Depor en casa del Madrid, el Monaco de Morientes, el Middelsbrough humillado por el Sevilla. Hasta los que ganan reverencian el uniforme del rival, lo hacen propio, se lo llevan a su altar y le hacen un hueco junto a la camiseta victoriosa.

Hay derrotas hermosas con camisetas feas, victorias con camisetas horribles, la suerte no entiende de marcas deportivas, de franjas, de disfraces de guerra. Celebremos lo que no pudo ser vistiendo la
camiseta de los perdedores.

Antonio Agredano nació en Córdoba en 1980 pero vive en Málaga. Escritor y músico, sus poemas han aparecido en las antologías Inéditos (ed. Ignacio Elguero; Huerga & Fierro Editores, 2002), Andalucía poesía joven (ed. Guillermo Ruiz Villagordo; Plurabelle, 2004) y Arquitrave (ed. Luis Antonio de Villena; Colombia, 2007) y es autor del libro El Incendio Cerise (Plurabelle, 2008) y Matriarcado (Los Catorce Ochomiles, 2009). Fue miembro del grupo musical Deneuve, con los que publicó cinco discos: El amor visto desde el aire, Llueve revolución, El adiós salvaje, El codazo de Tassotti y Sagrado Corazón; y ahora toca en la banda tributo The Buzz Lovers.

8 Comments

  1. chimoeneas

    11 de abril de 2011 a las 5:59 pm

    No comparto esa visión hipostasiada (?) de la derrota, quizás por haber conocido tantos sinsabores con mi equipo (al menos, doy fe de que las derrotas no conducen al sexo). Pero con el paso, el verdadero aficionado valora esos recuerdos y esas camisetas que los vistieron casi de la misma manera que los títulos y las victorias.

    No sé cómo valorar la del Valencia, con esas tiras negras, que tiene algo que me llama y me disgusta a la vez y casi me emociono pensando que en Classicshirts vendían la camiseta rosita del Alavés. La del Milan 94 por ese precio es una inversión que debería plantearme muy seriamente y la del Boro por 14 libras, recordando que es la de la Uefa, también resulta interesante…

    Al final te llegó la inspiración y para bien!

  2. NIPO

    11 de abril de 2011 a las 8:02 pm

    El párrafo del perdedor puedes aumentarlo. Quien no ha visto como su equipo se iba a la mierda y tus compañeros diciendo vamonos mientras en voz baja dices yo me quedo hasta que pite

  3. noguera

    12 de abril de 2011 a las 2:01 am

    Hacia ya tiempo que no veía (ni casi recordaba) la camiseta del Valencia de la final ante el Bayern.
    Realmente es bastante fea,con esa dos tiras negras por delante,hasta les hacía mas gordos a los jugadores,especialmente a Mendieta,o a lo mejor no,sino que empezaba a estar un poco fondón y por eso no triunfó en ningún sitio despues del Valencia,pero….
    que temporada que hizo el equipo!
    finalista de la chámpions league por segundo año consecutivo,cuando nadie daba un duro por ellos en la maxima competición continental a comienzo de temporada (decían que era irrepetible lo del año anterior),y además,esta segunda vez,si que estuvieron muy muy cerca de ganar…
    Ah! el Nápoles sigue segundo a dos puntos del Milan y Ibrahimovic sancionado para tres partidos..hay calcio..

  4. emedepan

    12 de abril de 2011 a las 9:54 am

    Creo que vomitorio es una de las palabras más horribles que existen.

    A parte de eso, otro gran artículo de camisetas. Lo de las camisetas relacionadas con derrotas me ha hecho pensar en otro “subgénero” relacionado: las camisetas de “traidores”. La de Figo del Barça, la de Luis Enrique en el Madrid, la de Torres en el Chealsea, etc. Esas tristes camisetas con el nombre parcheado que aún se ven en los campos.

  5. Giorgios Papaloukas

    12 de abril de 2011 a las 6:38 pm

    Buen post, por cierto el Valencia va cuesta abajo en lo que a marcas de portivas se refiere: 8 años con Nike, 2 años con Kappa y el año que viene con Joma.

    Ver: Joma para hoy, hambre…

    http://www.linformatiu.com/nc/opinio/detalle/articulo/joma-para-hoy-hambre/

  6. Borja Barba

    12 de abril de 2011 a las 6:49 pm

    @ Papaloukas

    ¿Joma?? en serio??? Menudo departamento comercial deben de tener los toledanos para conseguir arreglar los desaguisados del de diseño…

  7. Javier Sabaté

    13 de abril de 2011 a las 3:31 pm

    La primera camiseta Kappa del Barça fue realmente rompedora, pero en la final del 94, el Barça jugó con una camiseta de diseño más clásico, pero con la secuencia de colores cambiada (a mí me gustaba bastante). Era la época en que la equipación de Liga y Champions era diferente (vamos, como el Sevilla ahora).
    El Milan jugó la final de blanco (tócate las narices).

  8. Kurono

    14 de abril de 2011 a las 5:59 pm

    Muchos deberían recordar por qué razón se cantaba en Mestalla en el segundo año de Cúper el “Cúper vete ya!”. El equipo hizo una campaña liguera bastante pobre, ya que de 6 enfrentamientos contra el Depor. Barcelona y Real Madrid se sacaron 0 puntos, un bagaje lamentable sobre todo si se quería entrar a Champions. La final tapó todo el asunto liguero, pero si lo buscan bien se darán cuenta que el segundo año de Cúper fue triste y decepcionante, no solo porque no se ganó la Champions sino porque en Liga, justamente se quedó fuera de la competición para el siguiente año (si no podías ganarle al trio de los más importantes, entonces no se merecía jugar la Champions)

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