Justo tras el empate de última hora del Sporting en El Madrigal, escuché por la radio la rueda de prensa del entrenador local. Juan Carlos Garrido inició su discurso con la clara intención de no excusarse en la labor del colegiado, que se equivocó al pitar un penalti inexistente en el tiempo de prolongación. Garrido trató de subrayar sus pecados, de analizar errores para corregirlos, y de reforzar su autoridad a base de responsable autocrítica. Sin embargo, alguien había en la sala de prensa que no estaba por la labor, y cuestionó una y otra vez al técnico del Villarreal sobre la jugada polémica del partido. Le recordó incluso que el colegiado, que ya ni me acuerdo quien era, le había pitado también un penalti a los amarillos, la campaña anterior en Copa, también en el último minuto, y también con la vista desajustada. Al cabo, ante tanta insistencia, Garrido se dejó llevar, dijo que el penalti no era, o algo así, y que el árbitro era el mismo de la noche en el Bernabéu. Por fin, el hombre aquel de las preguntas se fue feliz a su casa, indignado pero contento, pensando que el Villarreal no había ganado, simplemente, por el juez, que además se había pasado los últimos meses deseando un marcador ajustado en el último minuto, en la penúltima jugada, para que el delantero, al que previamente había confabulado en la trama, se dejase caer en el área, y señalar entonces los once metros, movido por su odio a lo amarillo. Supongo.
La anécdota me ha venido a la mente, de vez en cuando, en los últimos días. Buscar culpables ajenos es un camino sencillo hacia la reducción de los problemas o, más bien, hacia el aplazamiento de los mismos. Justificarse. La tentación está ahí. Pero estoy seguro que a puerta cerrada, en la intimidad de sus ayudantes y sus pupilos, Garrido enfocaría su análisis en la falta de empaque para controlar una situación favorable, y en la carencia de colmillo para matar el partido jugando en superioridad numérica. En cambio, para la masa, se limita o cuanto menos se centra el debate en el detalle casual o ajeno. Sobre todo, en lo ajeno. Y funciona. O al menos, vende.
Ocurre en el fútbol, en general. La culpa es de los árbitros, del calendario, del cansancio o del vecino. La culpa es de los otros. Pero ocurre en la vida, igual. La culpa es del gobierno, de los bancos, de los jefes, de los padres. Sí, la culpa es de los otros, siempre. Y sin darse cuenta de que ese sistema existe y se prolonga porque así se tolera, apenas nadie se pregunta qué cuota de responsabilidad tiene en su propio fracaso. En el individual, y en el colectivo. Apenas nadie se pregunta nada.
Si uno es egoísta, rendirse es lo mejor. Aceptar que los hilos nos resultan ajenos, subirse a la ola, sentir la brisa y comprarse unas gafas nuevas. Ese tipo de cosas que podría hacer un mono. ¿Qué si no? Porque además, el fútbol no bromea con quien se rebela. Quizá aproveche luego los réditos de la reivindicación ajena, eso sí, pero los valientes terminan orillados, víctimas de algo tan cruel y tan humano como la memoria selectiva. Basten dos ejemplos: Bosman denunció su discriminación laboral, Zeman indicó la necesidad de salir de las farmacias del fútbol italiano. La rebeldía, o la sinceridad, mutiló sus carreras. Eran héroes privilegiados, antes; son ahora víctimas de la violencia estructural del sistema. Los dos tenían razón. Los dos se enfrentaron al poder. Y los dos lo pagaron muy caro.
foto: foggialandia.it







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#1 Miquel Moro dijo,
22 marzo 2011 7:30 pm
Te leí el tweet con la reflexión final, pero descubro ahora la nota. Sublime. Eso sí, Garrido no es para nada de mi cuerda.
Saludos
#2 Enrique Ballester dijo,
22 marzo 2011 7:33 pm
Gracias Miquel. En realidad el “final” fue el principio. Fue primero el tweet, y luego pensé en escribir algo al respecto.
Un saludo.
#3 Erik Bretos dijo,
22 marzo 2011 7:57 pm
El artículo me lo he leído una vez, los dos últimos párrafos tres veces. Me fascina la historia de Zeman. Una vez dijo algo así como “a veces los perdedores dejan más cosas que los ganadores”. Cuando le escuchas, ves que su obsesión no era ganar sino lo que transmitía, su legado. Y, en cierta manera, creo que cumplió su objetivo. Perdió, pero lo que hizo será recordado. Por su valor.
#4 Engonga for the win dijo,
22 marzo 2011 10:34 pm
Igual es porque me pillaba muy chico o directamente en el útero, pero no se quién era Zeman. A riesgo de no enterarme bien de su historia a base de googlear, ¿alguien puede hacer un resumen rápido? (Gracias!)
#5 Marcel dijo,
22 marzo 2011 10:35 pm
Muy bueno el artículo como de costumbre. Recuerdo lo mal que le fue a Zeman tras realizar su denuncia, salió de la Roma para darle paso a Capello y a partir de ahí no duró en ninguno de los clubes en donde trabajo.
Actualmente trabaja en el club donde probablemente se le recuerde con más cariño: el Foggia, en compañía de Pasquale Casillo y Giuseppe Pavone, los otros dos responsables de aquel pequeño milagro que fue el Foggia de los años ’90.
#6 Viriato Lusitano dijo,
22 marzo 2011 10:51 pm
Lo triste es que alguien pida “un resumen rápido” de Zeman. ¿Ya no hay interés por conocer a los grandes? ¿Ya no podemos perder tiempo, ni siquiera con la velocidad de internet?. Con perdón por la comparación es como quedar con Scarlette Johanson para uno rápido. ¿Que pena, no?
#7 Hard Pop dijo,
22 marzo 2011 11:01 pm
@Engonga for the win.
Creo que es este:
http://en.wikipedia.org/wiki/Zden%C4%9Bk_Zeman
@Viriato Lusitano:
Pues no pasa nada con pasar la liga de la información. Si les da flojera, pues creo que mejor no decir nada.
¡Saludos!
#8 RoNiN dijo,
22 marzo 2011 11:28 pm
Esta semana han hablado de él en Fiebre Maldini. Gran artículo.
#9 El Comentarista dijo,
22 marzo 2011 11:59 pm
Veo normal que Garrido se dejase llevar, cuando te ponen tan fácil quejarte una y otra vez puedes caer en ello casi sin darte cuenta. Por otra parte estas quejas las vemos a menudo en el mundo del fútbol, usan la palabra como arma arrojadiza para contentar al populacho pero no se dan cuenta que así minimizan la autocrítica y la autoprogresión.
Los periodistas de hoy en día deberían mirar más por informar y menos por el morbo y la crítica fácil, que trae audiencia pero mutila las ideas.
#10 Camisetas horribles: Fiorentina 91-92 » Diarios de Futbol dijo,
23 marzo 2011 3:02 pm
[...] Capello le daba por embolsarse el que iba a ser el primero de cuatro scudettos consecutivos, a Zdeněk Zeman por maravillar al país entero convirtiendo al modesto Foggia en una máquina de jugar (58 goles a [...]
#11 nigelman dijo,
23 marzo 2011 8:45 pm
Zeman, cuando era entrenador de la Roma, denunció una trama generalizada de dopaje en montones de equipos de la Serie A. Posteriormente salió a la luz el famoso video de Cannavaro inyectándose una sustancia entonces “legal” (creo que era neotón).
#12 popeto dijo,
24 marzo 2011 4:05 pm
Una vez, hablando con Damiano Tommasi le pregunte quien era el mejor entrenador que habia tenido (Por aquel entonces Capello entrenaba al Madrid y estaba seguro de que me responderia que era él), me sorprendio y me dijo que el mejor entrenador que habia tenido nunca habia sido Zeman a pesar de que solo le entreno dos temporadas. Yo no tenia ni idea de quien era y le pregunte por qué Zeman. Me dijo que buscase informacion sobre el y sabría por que.
Os puedo asegurar que pocos jugadores ha habido en la liga española mas honrados que Tommasi.
#13 JR dijo,
26 marzo 2011 10:53 am
@Viriato Lusitano: si se da la ocasión…
Yo no conocía nada de Zeman en relación al dopaje, investigaré sobre ello con todo el tiempo del mundo, como si estuviese recorriendo milímetro cuadrado a milímetro cuadrado el cuerpo de Scarlett.
Gran artículo Enrique!