Un gladiador en la Castellana

Corrió estos días atrás por internet una historia sobre Lisandro López (Rafael Obligado, 1983). La anécdota cuenta que el delantero, contrariado e iracundo por no gozar de la titularidad frente al Nancy, golpeó un balón con tal fuerza y se hizo tanto daño que la gracia acabó costándole la ida de la eliminatoria contra el Madrid. Seguramente la anécdota es apócrifa -la desmintió poco después Claude Puel- pero es tan descriptiva y recoge tan económicamente el carácter del personaje que podemos apostar que se contará, como verídica, de generación en generación. De hecho, si el Lyon se impone esta noche, la historia acabará relatando cómo el héroe volvió justo a tiempo para salvar a los suyos, mientras que si es el Madrid el que gana, se achacará la derrota a la ausencia inicial del salvador. Es lo que tienen los mitos, que siempre salen ganando, en presencia o en ausencia. Y Lisandro tiene muchos pronunciamientos para acabar convirtiéndose en uno, ya que si algo destaca en muchos jugadores que acaban haciéndose inolvidables, es el carisma.

Porque sin duda alguna estamos hablando de uno de los nueves claves para entender la supervivencia de esta especie -siempre en peligro de extinción- en los comienzos del siglo XXI. Los talibanes del cambio de posición constante, el fútbol total y otras zarandajas abominan de la demarcación; pero mientras existan delanteros fuertes como toros, con suficiente conocimiento del oficio para saber cuándo ir a banda y cuando pelear la posición, y ese intangible llamado olfato para empujar lo que es fácil si estás en tu sitio e imposible si no lo estás, siempre habrá entrenadores dispuestos a modificar su esquema por ellos. Porque ganan partidos.

Así ha sido siempre Licha, y así ha triunfado donde ha ido: primero haciéndose un nombre en Racing, luego en un Oporto que como trampolín de buenos futbolistas no tiene parangón en el continente, y de momento en ese Olympique que lleva quizá demasiado tiempo sin subir el peldaño final que le separa de la aristocracia europea. Quizá no está siendo la mejor temporada del argentino -aunque haya repuntado estos últimos partidos- pero no hay duda de que si en algún momento el OL consigue al fin aparcar la timidez y hacerse respetar, será con jugadores como éste, gladiadores llenos de clase destinados a ser recordados. El coliseo de la Castellana lo espera.

Matemático profesional, lector empedernido, escritor ocasional y esforzado blogger, se enamoró del fútbol como fuente de momentos inolvidables y como metáfora de la vida. Nada mejor que un buen debate sobre tal o cual jugador, golazo o táctica, y nada peor que el fanatismo, la polémica gratuita o el cotilleo. Apasionado de las viejas historias sobre enfrentamientos míticos y leyendas del balón que no tuvo ocasión de conocer, guarda en su memoria muchos goles y partidos con la sensación de que fue un privilegio vivirlos (ramon.flores@diariosdefutbol.com).

1 comentario

  1. Fran

    16 de marzo de 2011 a las 7:31 pm

    Si no entendi mal, el otro día escuche que ha metido 12 goles en 19 remates. Un crack!

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