Con la manía de bucear en el under futbolístico entre ceja y ceja y tras disfrutar de la historia del Catanzaro en el gran Cityground llegué a un cromo imperdible, Massimo Palanca. Killer de provincias, bigotudo y anómalo, la historia de Piedino merece ser contada. Aunque a mi me gusta más comenzar por el final. Resulta que un catorce de febrero del 88 la curva Ovest del Ceravolo, el sector históricamente más caliente en Casa Catanzaro, se contrajo en un suspiro y sufrió por el ídolo. Está ahí abajo, mirando al verde. Un tipo con 34 primaveras en el bigote intentando comprender como narices había podido fallar el penalti destinado a abrir las puertas de la Serie A tras seis años de penurias por el subsuelo. El jugador más importante en la historia del club la ha estrellado contra el palo. Massimo Palanca, leyenda que había vuelto para el rescate, ha errado. La fábula a tomar viento. Como sería el shock que el modesto equipo sureño jamás a vuelto a pisar la máxima categoría del fútbol transalpino. Pero volvamos a Palanca.
Piedino d’oro llega al Catanzaro en el 74 y tras una temporada para el olvido firma una segunda campaña de nota aportando once goles que tiran decisivamente del equipo hasta depositarlo en la Serie A. Cinco temporadas después de su primer ascenso, el Catanzaro camina gracias a un delantero centro achaparrado (apenas 170 centímetros y un 37 en las botas) que le pega de miedo cuando la portería está lejana. Y el caso es que cuanto más se empeña el Catanzaro en vivir en el alambre, de la A a la B y vuelta, más chicharros firma Palanca. Mejor artillero de segunda en la 77-78, su comportamiento, clase dentro y humildad fuera, eleva al zurdo bigotón a la categoría de ídolo del Ceravolo. Hasta el punto que comienza a ser conocido como el rey de Catanzaro.
A Palanca conviene recordarlo por su extremada habilidad a balón parado. Y lo que es aun más deliciosamente anómalo, por sus golazos directamente desde el córner. Trece tantos olímpicos como trece soles en toda su carrera hablan a las claras de la precisión que tenía el tipo en aquellas botas del 37. Y desde un ángulo llegó su confirmación como icono nacional. Fue un 4 de marzo del 79 en Roma, Estadio Olímpico. Palanca ya venía jugando como los ángeles en el retorno del equipo a primera pero el cinco de aquel primer tiempo supo dejar su marca para siempre el imaginario nacional tirando de la especialidad de la casa. Con la zurda y desde la misma esquina. Por si fuera poco decidió añadir dos goles más al olímpico para completar un triplete histórico y nacer como cromo destinado a no abandonar jamás la memoria futbolística del país.
Cosas del destino justo cuando el Catanzaro se saca de la manga la mejor temporada de su historia, séptimos en la A guiados por el jovencísimo Edy Biby, Palanca agarra la maleta para irse cedido vía Nápoles. Craso error. Ni rastro de la zurda olímpica, en San Paolo fracasa estrepitosamente y tan solo ve puerta en una ocasión durante los catorce partidos que disputa con los partenopeos. De ahí al Como, de vuelta al Nápoles y más tarde al Foligno de la Serie C2 en un tobogán de ignonimia. De mal en peor, Piedino ve la luz cuando el Catanzaro, equipo en el corazón, decide encomendarse de nuevo a su zurda para escapar del pozo de la Serie C al que habían caído. Imagino que la estupefacción general que invadió a la parroquia giallorossa al conocer la vuelta del ídolo solo fue comparable a la alegría de ver a Palanca embolsarse un nuevo pichichi que contribuye decisivamente un nuevo ascenso.
Luego ya saben, aquel palo traicionero y más goles hasta el año 90 cuando la Ovest y el resto del Estadio Nicola Ceravolo le despiden entre ovaciones durante un muy adecuado a su modesta leyenda Catanzaro-Barletta de Serie C. Con 115 goles anotados en su equipo de siempre el fútbol italiano se despedía el Rey de Catanzaro.








RSS
#1 cityground dijo,
12 marzo 2011 8:43 pm
Cuando escribí sobre el Catanzaro fue una sorpresa descubrir a este crack desconocido, un genio de un club humilde.
Merecido artículo a Massimo Palanca, rey de Catanzaro.
Genial Sergio.
#2 tato dijo,
12 marzo 2011 10:04 pm
Gran artículo.
Trece goles olímpicos se dice fácil, pero me viene a la cabeza otro jugador que ronde esa cifra. Y también lo engrandece la sinceridad con la que llora tras fallar el penal. Inconsolable, aunque todos sus compañeros corren a abrazarlo…
Estos artículos hacen de este blog algo muy especial. Gracias Sergio.
#3 RoNiN dijo,
13 marzo 2011 5:17 pm
Pero luego va al Nápoles y se apaga su luz. Está claro que hay jugadores que necesitan ciertas condiciones para brillar al máximo.
Gran artículo!
#4 NIPO dijo,
14 marzo 2011 3:01 pm
Madre mia que mal cuerpo se me ha quedado con el final del video. No podría imaginar que un rudo bigotón pudiese plantarme tantos sentimientos!
#5 tubilando dijo,
14 marzo 2011 6:15 pm
Falla el penalti el 14 de febrero de 1988. Supongo que todavía quedaba un tramo importante del campeonato. He buscado y el referido partido corresponde a la jornada 21, de un total de 38. Eso sí, al final de liga le falta un punto para ascender, que pudo ser el que se dejó aquél día. Supongo que es esta la tragedia. De todas formas, me encantan estas historias. Gracias.
http://it.wikipedia.org/wiki/Serie_B_1987-1988
#6 El rey de Catanzaro dijo,
6 abril 2011 1:48 pm
[...] El rey de Catanzaro http://www.diariosdefutbol.com/2011/03/12/el-rey-de-catanzaro/ por Kuromimi hace 2 segundos [...]