En 1969 el Swindon Town, un infraequipo de tercera, levantó la tapa de la alcantarilla y ojeó el panorama. Para cuando quisieron darse cuenta estaban en mitad del viejo Wembley levantado la Copa de la Liga frente a un tal Arsenal. Los gunners adujeron que ocho de los suyos habían jugado con gripe y que aquella noche había un postre de chocolate por césped pero lo cierto es que se volvieron a casa con la cara mojada por un equipo que malvivía dos estratos por debajo de la superficie. Y el suceso, claro, se celebro por todo lo alto en el pueblo hasta que la UEFA, imagino una voz emergiendo al estilo de los supertacañones, decidió aportar algo al respecto. El Swindon se había ganado el derecho a su periplo europeo pero el alto mando, en un prodigio de injusticia, decidió impedirles tal privilegio alegando que el club procedía de una división demasiado baja. La misma cacicada que se habían sacado de la manga poco antes con el Queens Park Rangers.
Pero mientras tanto, en su hotelito londinense, un mercachifle calabrés acababa de inventar una pomada que calmaría en parte las dolencias del Swindon. Allí, quizá ensimismado con el bullicio propio de Marble Arch, Gigi Peronace (un representante de futbolistas que hizo fama y dinero importando estrellas británicas al calcio) acababa de parir una fórmula que estaría destinada a devolverle al Swindon algo de lo que los supertacañones le habían robado. Nacían así la Copa Anglo-Italiana de la Liga y la Copa Anglo-Italiana, una involucrando en una liguilla por grupos a seis equipos menores de cada país y otra una final a doble partido entre los vencedores de la Copa de Italia y los de la Copa de Liga inglesa. ¿Suena enrevesado? Espero que sí porque el invento realmente lo era.
En 1969, la edición inaugural de esta especie de Torneo Konami que se dio en llamar Copa Anglo-Italiana de la Liga, el que funcionaba como liguilla, fue a parar a las polvorientas vitrinas del Swindon Town. Doblegaron a la Roma. Y un año más tarde los robins supieron prolongar su racha en campeonatos estrafalarios de nuevo cuño plantándose en la final de la Copa Anglo-Italiana para barrer al Nápoles en San Paolo ante 55.000 almas. La derrota debió escocer en el templo partenopeo porque el partido tuvo que ser suspendido en el minuto 79 cuando los altercados en la grada local comenzaban a pasar ya de castaño oscuro. Aquello da idea de que, incomprensiblemente, el campeonato gozaba ya de un cierto predicamento.
Claro que los buenos tiempos acabaron pronto. Las dos ediciones siguientes de la extravagancia fueron las últimas en las que los organizadores decidieron involucrar a equipos profesionales. Una se la embolsó la Roma y otra el Newcastle, en ambas ocasiones ante el Blackpool. A partir de ahí un tobogán barnizado en decadencia. Languideciendo hasta 1986 la anglo-italiana extravagancia se convirtió en un contenedor de medianías semi-profesionales del que salieron victoriosos potencias como el Monza, el Bath City, el Sutton o el Modena. Mientras tanto la idea, che idea, iba pasando de manos de un patrocinador a otro. La Copa Alitalia, la Copa Talbot o el Memorial Gigi Peronace fueron las sucesivas reencarnaciones del asunto.
El otro torneo, la doble final entre ingleses e italianos, continuó hasta 1976 con un paréntesis entre el 72 y el 74 y casi siempre con victoria inglesa, exceptuando la edición que la Fiorentina le supo arrebatar al West Ham. La cosa no tenía ya excesivo prestigio, no se vayan a creer, aunque que los parroquianos del Manchester City o del Tottenham todavía incluyen el trofeo en la lista cuando les da por hacer recuento de honores. Sumando para la estrellita…
Inexplicablemente, alguien quiso desenterrar al muerto en 1992 y organizar un infame torneo entre equipos italianos e ingleses de segunda división que yo solo recuerdo por la imagen de un Massimo Cacciatori, entrenador del Ancona, molido a palos durante la auténtica batalla campal en la que mutó su cita contra el Birmingham. En 1995 un Wembley desangelado, apenas 12.000 butacas vendidas, acogió el canto del cisne del renacido torneo con un pobre espectáculo entre un Notts County, ya descendido a tercera, y el Ascoli. Imagino que con Gigi Peronace y los pioneros del Swindon revolviéndose en sus ataudes.








RSS
#1 José Fernández dijo,
5 marzo 2011 3:14 pm
Gran historia. Por desgracia ahora los vividores del fútbol en vez de montar cosas bizarras como estes torneos se dedican a la representación de jugadores, la presidencia de clubs o el periodismo deportivo (el correveydelismo de nuestros días, oiga). Mucho menos divertido, aunque también tengan sus momentos, para que negarlo.
#2 RoNiN dijo,
5 marzo 2011 3:22 pm
Buen artículo. Lo que me lleva a pensar, ¿Cómo haces que una competición gane prestigio? A parte de darle un GRAN premio al que la gane, no puedes si no rezar. Rezar para que los ganadores la dignifiquen y le den importancia…
#3 Full Norbert dijo,
5 marzo 2011 8:59 pm
Me ha encantado la historia, es sensacional. A mí me molan estas cosas bizarras, tienen su encanto por lo extravagantes que son.
#4 cityground dijo,
6 marzo 2011 1:26 am
Un torneo peculiar que nació por una injusticia de la UEFA con el Swindon que al menos gano el nuevo trofeo. Cuando dejaron de jugar los equipos profesionales ingleses perdió todo interés.
#5 juakinggg dijo,
6 marzo 2011 11:26 am
Torneo Konami xD
#6 Kurono dijo,
6 marzo 2011 10:42 pm
Que asco me dio la UEFA en este caso, toda una injusticia que un club tan modesto le sea prohibido que juegue en Europa, si ganó tal derecho.
Lo de la Copa Anglo-italiana, medida curiosa. Si no ando mal, existió también una Liga de Campenoes de clubes escandinavos y la Copa Mitropa, que hasta la aparición de la copa de Europa era la competición de clubes más importante en toda Europa. Si por ahí consiguen alguna información, lo agradecería, sobre todo de la Copa Mitropa.