Puede ocurrir que uno sea solo un ocasional del fútbol, de estos que pierden una tarde de su vida comiendo pipas y aplaudiendo naderías en el gallinero del Bernabéu, y decida aprovechar la visita a Londres con su parienta y los churumbeles para darse una vueltecita por las entrañas del Emirates Stadium. A estas citas acuden verdaderos aficionados, no lo niego, pero también abundan los mendrugos. Entonces, aventuro, que como buen turista español quizá se le ocurra despotricar porque el guía que le está descubriendo a usted un pedazo de historia del fútbol inglés sea un señor viejo, calvo y con pinta de conductor de autocares de línea en lugar de Thierry Henry. Ahí, pura elucubración insisto, algún local le mirará con desdén y ni se molestará en explicarle que el anciano es un cromo mítico. Que usted está blasfemando en nombre del único jugador en la historia del Arsenal en marcar en una final de copa europea y doméstica. Que ese calvito es Eddie Kelly.
Rara hazaña la del escocés, centrocampista de corte más bien rugoso que jamás se distinguió por sus grandes aventuras camino de la meta rival (13 goles en 177 partidos con el Arsenal) pero supo parar el reloj a principios de los setenta. Kelly, 19 primaveras y tan solo una temporada a cuestas en el primer equipo encarriló, con una belleza, el partido que daba carpetazo a una sequía de 17 años. Frente al Clock End de Highbury anotaba el primero de aquel 3-1 ante el Anderlecht (4-3 contando el partido de ida) en la final de la Copa de Ferias del 70 y brindaba al Arsenal su primera copa europea. Por si fuera poco al año siguiente, en Wembley contra el Liverpool, saltaba desde el banquillo para aplicarle la respiración asistida a una final que se escapaba. El galés abrió el camino para que Charlie George enviara aquel trofeo a la vitrina con un derechazo de antología. Se puede decir que el calvito de las visitas guiadas estuvo ocupado al inicio de su vida profesional.
Y a partir de ahí, del highlight insuperable, un desempeño que languideció progresivamente. Quizá sea precisamente esto lo que hace legendario el cromo. A pesar de embolsarse dos títulos de liga y acceder a la capitanía del primer equipo con solo 23 años (marca que solo superaría Tony Adams años más tarde) su carrera entró en evidente declive tras la proeza. Magullado por varias lesiones, acabó perdiendo su sitio en el once y haciendo las maletas en 1976 para probar suerte en el Queens Park Rangers. Más tarde el Leicester (donde llegó a compartir vestuario con un floreciente Gary Lineker y la futura leyenda del Arsenal Alan Smith) y el tobogán: Notts County, Bournemouth y Torquay, donde pegó sus últimas carreras antes de retirarse definitivamente. Por el camino un récord aun inaccesible, el cariño de la grada y miles de anécdotas. Si pasan por Ashburton Grove y atienden quizá les cuente algunas.
Foto | http://www.arsenal.com








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#1 cityground dijo,
1 marzo 2011 1:20 pm
Estais que os salis, ni idea de quién era ese señor con bigote.
Siempre se aprende algo interesante por aquí.
#2 RoNiN dijo,
1 marzo 2011 3:36 pm
Gran artículo!!
#3 Kurono dijo,
2 marzo 2011 7:04 am
Vaya, tiene carita de niño bueno, algo así como los Cesc, Walcott y Arshavin que hoy día son emblema del club del norte de Londres. Historia curiosa, como últimamente están brillando aquí.
#4 Estoja dijo,
3 marzo 2011 11:59 am
Como bien dijo Cityground, estais que os salis.
Ahora si que me han entrado ganas de hacer el tour por el nuevo estadio del Arsenal.
Recuerdo que hace varios anos fui a ver por fuera el antiguo estadio. Peque de ingenuo y en vez de bajarme en la estacion de metro Arsenal me baje la estacion Highbury, bastante mas alejada, con lo cual aun me tire unos 40 minutos caminando; pero bueno, valio la pena y ademas pude ver el nuevo estadio en obras.
Espero que sepais disculpar la falta de tildes.