Cada quince días y de la mano de Classic Football Shirts, la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.
Hay quien afirma que acudimos a este mundo determinados. Bien por el ácido desoxirribonuncleico, por nuestro lugar de nacimiento, por el idioma que aprenderemos o por el cariz de la educación que recibiremos, quienes defienden posturas deterministas dicen que la libre albedrío es una metáfora gastada. Para ellos, si no desde el mismo nacimiento –para los culturalistas incluso antes, – sí al menos en los primeros años de vida se decide de alguna manera lo que siempre seremos, lo queramos o no y sin que poco o nada podamos hacer para evitarlo. Es una suerte de relato contemporáneo sobre el destino: los deterministas nos explican que, como Edipo, podemos intentar rebelarnos contra lo que está escrito –en los genes, en el inconsciente, en la sociedad, en el lenguaje-, pero que al igual que en el cuento griego nada podemos hacer por evitar lo que está ya decidido. La sensación de ser libres es un espejismo. Lo expresa mucho mejor de lo que yo soy capaz Gustav Meyrink en la novela El Golem, a través de este pensamiento de Athanasius Pernath:
“Me sobrevino una oscura sospecha: ¿qué pasaría si, al fin de cuentas, las cosas con vida fueran algo semejante a esos trozos de papel? ¿No es posible que haya un «viento» incomprensible e invisible que nos llevara de un lado para otro, y determinara nuestras acciones, mientras que nosotros, en nuestra simpleza, creemos vivir bajo nuestra propia y libre voluntad? ¿Y si la vida en nosotros no fuera más que un enigmático remolino de aire? Ese viento del que dice la Biblia: ¿Sabes de dónde viene y adonde va?”
Yo no sé si estamos determinados o no. Pero tengo claro que por alguna razón –quizá porque paradójicamente estamos determinados a ello- nos resistimos a aceptar la idea de que nuestras decisiones son secundarias en lo relativo a nuestra identidad, de que somos lo que somos por causas ajenas a nosotros mismos.
Por eso siempre me ha sorprendido que en un aspecto tan importante a nivel identitario como el del equipo del que somos hinchas tendamos a aceptar con tanta facilidad que los colores que ocupan nuestro corazón están ahí por razones ajenas a nuestra voluntad. Como si el club al que, como dicen en Sudamérica, hinchamos, no pueda ser elegido.
Pero, ¿podemos elegir qué equipo nos hará sufrir o disfrutar cada domingo? Lo confieso a regañadientes: yo también creo que probablemente no.
Hagamos un ejercicio introspectivo e intentemos localizar el momento de nuestras vidas en que nuestra alma se tiño de rojiblanco, merengue, blaugrana, verdiblanco o azul. Nos daremos cuenta de que fue por algo localizado en la niñez, probablemente una tontería –un pin que nos regaló alguien, una toalla de un equipo que nos acompañó un verano, la camiseta que un tío lejano nos regaló en la Comunión-, pero que con el paso del tiempo ha ido deviniendo algo inamovible.
Por suerte para nosotros, padres y tíos que nos preocupa la familia y algo tan importante como de qué equipo serán de mayores nuestros hijos y sobrinos, a un genio del marketing se le ocurrió un día hacer camisetas de fútbol para niños. Gracias a ellas nosotros tenemos la oportunidad de si no determinar, sí al menos influenciar casi hasta lo decisivo a nuestros pequeños familiares a través de sobornos camisetiles. Por ejemplo, yo que tengo particular cariño al Tottenham intentaré a través de esta camiseta que cierto sobrinete tenga el suficiente criterio para entender por qué es mucho más valiosa la segunda camiseta del los Spurs de hace dos temporadas que la primera del Arsenal de este ejercicio. También estoy sopesando regalarle la de Alemania del Mundial –dado el estado de nuestra economía, nunca está de más tener algo de alemán- o incluso esta auténtica maravilla, de tal manera que cuando vaya al parque a jugar y todos los críos luzcan colores homogéneos de grandes equipos que son casi multinacionales, él muestre orgulloso su camisola de club tan admirable como el Saint Etienne.
Claro que también podemos optar por la vía contraria y regalar al hijo de nuestro amigo, del que queremos vengarnos por alguna afrenta, una flamante camiseta de colores que sabemos que él detesta, por ejemplo éstos. Siempre disfrutaremos al saber que padre e hijo quedaron para siempre separados por colores futbolísticos y disfrutaremos aún más al saber que aquella brecha la abrimos nosotros.
Pero ciñéndonos a lo positivo, regalemos camisetas que admiremos, pues será una manera de legar nuestros colores a nuestros hijos. En Classic Football Shirts las encontraremos con la pestaña “boys”. Esas zamarras son las banderas de nuestros padres.






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#1 Indeciso dijo,
18 febrero 2011 1:39 pm
Mola
#2 emedepan dijo,
18 febrero 2011 3:33 pm
Enorme de principio a fin.
#3 Hybris dijo,
19 febrero 2011 2:57 pm
Es curioso, cómo hoy por hoy, sólo ves a los críos con camisetas del madrid el barcelona… A mi me regalaron cuando era un crío la equipación del Athletic, que lucía en todos los entrenos desde entonces… Joder, que vivía en Vallekas, era el más pr0 XD
A ver si tengo sobrinitos ya, y hago lo mismo. Que zamarras como esta, son una pasada…
Un saludo!!
#4 NIPO dijo,
22 febrero 2011 9:36 pm
Y quien no recuerda esos kits de marcas españolas cutronas (lease reno) de un color con ribetes de otro y el númerito cuadradote y feo que hacías a tu madre pegar con la plancha? Como ejemplo, yo lucí una camiseta sevillista con el número 6 cuando yo deseaba vacilar con el 9 de Suker xD Fallo técnico por parte de mi querida madre y que aguanté así toda mi vida
Esta en concreto, fue mi primer kit oficial que luci, una camiseta mitiquisima para el sevillismo
http://benditoscolores.es/2011/01/25/20-3%C2%AA-equipacion-1999-2001/