Octavos de final de la Liga de Campeones. Así, de primeras, no es cuestión baladí. Haber llegado hasta aquí significa estar entre los dieciséis mejores equipos del continente europeo. Haber superado una siempre traicionera fase de grupos y plantarse en la carrera final por el cetro continental. Palabras mayores.
Mestalla no vivía una edición de la Liga de Campeones desde la temporada 2007/08. Una edición para el olvido. En aquella ocasión, el Valencia fue el último de su grupo en la fase de grupos, en un cuadro formado por Chelsea, Schalke 04 (precisamente el rivalde esta noche) y Rosenborg. Y lo hizo ganando un solo partido de seis… precisamente en el Arena AufSchalke de Gelsenkirchen (0-1). Dos temporadas alejados del mejor de los escenarios futbolísticos mundiales deberían ser suficientes para el replanteo de la situación por parte de la afición valencianista. Ni el equipo es, potencialmente, el de antes, ni la competición es la misma.
Cañizares, Miguel, Albiol, Helguera, Moretti, Marchena, David Silva, Sunny, Vicente, Villa y Morientes. Fue la última alineación del Valencia en Liga de Campeones. Alguno podría pensar, viendo el once que saltará esta noche a Mestalla para recibir al Null Vier, que ha pasado una década, pero han sido sólo tres años. De aquel once valencianista sólo quedan dos jugadores en la actual plantilla: Miguel y (el casi olvidado) Vicente. Dos futbolistas muy lejos de sus mejores días. El Valencia se ha renovado. Y a la fuerza. La elevada edad media del grueso de su plantilla, unida a la crisis económica que asola a la entidad che, obligó a apostar por un bloque sólido sin grandes figuras. Asumida la pérdida de tres estandartes como Albiol, Villa y Silva, la afición pareció comprender que la aparente pérdida de potencial de su equipo no se debía a causas deportivas ni técnicas, sino puramente económicas.
Con todo, merced a un bloque muchas veces elogiado, el equipo dirigido por Unai Emery ha conseguido, sin excesivos problemas, mejorar sus últimas campañas. Es tercero en la clasificación liguera y tiene, cuatro años más tarde, la oportunidad de dar un golpe en la mesa de los más refinados comensales europeos. Sería un lujo colarse en cuartos y superar al Schalke 04 de Raúl, Jurado o Huntelaar. Un lujo que está al alcance porque el rival es propicio, no nos engañemos. Pero un lujo inalcanzado no se convierte en fracaso. Espero que Mestalla sea consciente y que no se encañone a las primeras de cambio hacia el banquillo. No creo que Unai Emery lo mereciera ni en el peor de los escenarios.
En DDF| Seniorrr Raúuul…







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#1 kapo dijo,
15 febrero 2011 12:17 pm
Enorme el artículo. La afición de Mestalla es para mí una de las mejores de España, pero terriblemente exigente con su equipo. Mejor dicho, bajo mi punto de vista no ajusta la exigencia a las posibilidades reales de su equipo.
Creo que han sido injustos con varios entrenadores, empezando por Emery y Quique, que también lo hecharon por jugar “feo” pero que hizo un equipo muy competitivo.
#2 Chelsea-Valencia: todo está en el aire » Diarios de Futbol dijo,
6 diciembre 2011 12:58 am
[...] a replantearse su existencia, al menos momentánea. Era necesario un golpe de timón, un asumir la gravedad de la situación económica e institucional. Y todo ello, con la condición más complicada: convencer a la masa social y a los aficionados [...]