La gran batalla de Big Bad John

Su aspecto asemejaba más al de un infatigable bebedor de pintas y adicto a los dardos. Un pendenciero, de esos que apuran el brebaje cuando suena la campana de última ronda. Fauna de pub. Rapado, tratando de ocultar una calvicie prematura, entrado en kilos, con sonrisa de trastornado y cabeza sembrada de cicatrices, imborrables souvenirs de sus muchos encontronazos sobre el césped. John Hartson (Swansea, País de Gales, 1975) es quizá uno de los últimos bad boys de manual que poblaron el fútbol británico hasta principios de la década pasada. Un especimen que en la actualidad, en un fútbol hipermercantilizado, en el que prima lo esteta sobre lo pasional, parece casi desterrado.

De Hartson, antiestético pero funcional delantero centro, nos quedan muchas imágenes para el recuerdo. Desde sus primeros pecados de juventud como goleador secundario en el Arsenal pre-Wenger, hasta su fructífera y admirable etapa como jugador del Celtic, pasando por sus años locos en Wimbledon o West Ham United.

Fue precisamente su etapa en The Academy la que quizá nos dejó la escena más llamativa, por reprobable, de su carrera deportiva. No fue siquiera en partido oficial. La escena, uno de esos ‘incidentes de entrenamiento’, nos presentó a un Hartson desquiciado, violento, explosivo. La brutal patada en la cara de su por entonces compañero, el israelí Eyal Berkovic, dio la vuelta al mundo demonizando al delantero galés. Fue el culmen de su carrera como bad boy.

Tras pasar dos breves etapas primero en el Wimbledon (convirtiéndose en el fichaje más caro de la historia del extinto club londinense) y más tarde en el Coventry, la temporada 2001/02 cambió de aires. Escocia y el Celtic fueron su hogar durante cinco campañas.Y fue allí, en Celtic Park, donde Big Bad John se convirtió en leyenda, en jugador idolatrado por la afición católica de Glasgow. Más de cien goles y una entrega intachable en los casi 150 partidos disputados vistiendo la camiseta de los Bhoys situaron a John Hartson en la estantería de los elegidos.

Entrado ya en la treintena, y con serios problemas de sobrepeso que derivaban en frecuentes lesiones, el galés apuró sus últimos años como futbolista profesional en el West Bromwich Albion. Dos años hasta su definitiva retirada, en febrero de 2008, hace ahora tres años. Alejado de los terrenos de juego, el destino le esperaba a la vuelta de la esquina con una terrible experiencia.

En julio de 2009 John Hartson recibía una de las peores noticias que hoy en día pueden recibirse tras un chequeo médico. El delantero galés fue diagnosticado de cáncer testicular. La enfermedad, descubierta con retraso, se había extendido a otras zonas de su cuerpo. El propio John reconocería meses después que la culpa fue únicamente suya. No fue maduro para afrontar una noticia que ya se temía. El tratamiento de choque con quimioterapia no podía posponerse ni una semana.

Un día, en mitad del tratamiento, estaba jugando en la piscina con mis niños. Fue entonces cuando pensé que quería vivir‘. Así de crudo, pero a la vez vital, se muestra Hartson, meses después de conocer que su cuerpo había reaccionado positivamente al durísimo tratamiento al que hubo de ser sometido. Hoy, ya sin rastro de la terrible enfermedad, que se había llegado a extender incluso hasta el cerebro o los pulmones, en su cuerpo, la imagen de un John Hartson sereno y feliz es muy diferente de la que nos brindara sobre el césped años atrás. Su ansia vital, unida al pundonor exhibido siempre en el terreno de juego y felizmente extrapolado a su lucha contra el cáncer, fue su mejor aliada. Por suerte, la historia esta vez tuvo un final feliz.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

10 Comments

  1. FeR

    11 de febrero de 2011 a las 2:36 pm

    Gran historia. Gracias por compartirla 😉

  2. cityground

    11 de febrero de 2011 a las 4:50 pm

    Dura historia la de Hartson por suerte con final feliz.

    Un delantero centro de los de antes, creo que marco en la final de la Recopa que gano el Zaragoza.

  3. Land Decover

    11 de febrero de 2011 a las 9:28 pm

    Puro milagro, no se como ha podido salvarse.
    No recuerdo mucho a Hartson, sólo de ver su nombre en los cartelitos con los goles, pero la historia es alucinante!

  4. chafla

    12 de febrero de 2011 a las 1:45 pm

    Interesante lectura mañanera.

  5. Luis

    12 de febrero de 2011 a las 6:06 pm

    He aquí claramente un tipo al que le han dado demasiados balonazos en la cabeza. Si a cualquier tipo normal le sale un bulto raro en los testículos, al día siguiente está en la consulta del médico haciendoselo mirar. Sin embargo Hartson se queda tan pancho, y se pasa varios años diciendo «seguro que no es nada». Me alegro de que se haya podido recuperar, pero como me acaba de decir mi mujer, esto debería servirnos de lección a todos.

  6. Estoja

    14 de febrero de 2011 a las 9:54 am

    Joder, no sabía lo de Hartson.

    ¡Qué buenos recuerdos tengo de su etapa en el Celtic!

  7. Antonio Martins

    15 de febrero de 2011 a las 11:16 pm

    Grandísima la historia de uno de los miembros de ese gran Celtic de Martin O´Neill. Me alegro que haya superado la enfermedad y espero que siga dando la misma guerra a la que sometía a las defensas en cada partido.

    Un saludo

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