Solían jugar juntos. Uno se situaba un poco más adelantado, recibía los pelotazos de la defensa e intentaba convertirlos en agua potable. La vida de Kenwyne no ha cambiado mucho. El otro merodeaba por detrás, aunque lo suyo no era intervenir. Fuera del área Darren Bent era un espectáculo, cómico. Durante un tiempo también lo fue dentro, cuando se le ridiculizaba en Tottenham. En el Lane pagaron 16,5 millones de libras por él, y aunque nunca se confió en sus posibilidades, cuando le tocó jugar no hizo mucho para cambiar esa sentencia. Incluido en el top 10 de peores fichajes de la Premier League -esas listas que gustan tanto en Inglaterra-, cambió Londres por el noreste, se acomodó al lado del triniteño Kenwyne Jones y hasta ahí. Juntos fueron felices y se comieron a sus rivales.
A finales del octubre de 2009, tras los primeros tres meses de convivencia, los atacantes del Sunderland tenían mejores estadísticas goleadoras que cualquier otra pareja de la Premier League. Ni Rooney – Berbatov, ni Anelka – Drogba. Luego les pasarían por delante, en parte por la poca eficacia de Kenwyne en el tramo final. Formaron un combinado simpático. Un desdeñado y un triniteño que marcaban más tantos que las estrellas de la liga. Kenwyne tenía más clase, combinaba con sus compañeros y era un portento físico. Bent, salvo marcar goles, nunca hacía nada. Qué dúo, dos felinos del gol en tierra de los gatos negros.
Cuenta la leyenda que el origen del apodo black cats y su relación con la ciudad de Sunderland es antiquísimo. Incluso más antiguo que la rivalidad de los rojiblancos con el Newcastle. Es más, anterior a la creación del club, fundado en 1879. Data a principios del siglo XIX, durante las guerras napoleónicas, cuando ocurrió un extraño suceso en una batería de cañones del río Wear, historia digna de uno de esos excéntricos programas de la noche. Un tonelero despistado oyó un ruido tenebroso entre los cañones. Se acercó, se horrorizó y se fue corriendo a contar a sus amigos que había visto al diablo. Cargados de voluntad -y algo de miedo- sus compañeros fueron a comprobar la zona. Solo se encontraron a un gato negro.
Hizo falta más de un siglo (y que el club se creara) para ligar definitivamente al felino con el fútbol. Fue en 1909, justo antes de un encuentro ante el Bury. La semana anterior el Sunderland había perdido 4 a 1 en Anfield, una derrota que les hundió moralmente. Ese día, cuando los jugadores llegaron al Roker, ¡qué casualidad!, se encontraron un gato negro dentro del vestuario. Quizá no tuvo nada que ver, pero vencieron al Bury y su presencia fue considerada como símbolo de buena fortuna. A partir de entonces, algunos seguidores del Sunderland iban al estadio con amuletos con forma de gato, y de color negro.
En la década de los 60, un gato negro estuvo viviendo en el Roker Park. No se supo nunca quién lo trajo. Por si acaso, nadie se atrevió a echarlo. Los trabajadores del club cuidaron de él y le alimentaron generosamente hasta que se marchó. Con este panorama, no fue extraño que a los aficionados se les empezara a conocer como the black cats. Así que en 1997, aprovechando el cambio de hogar (el Sunderland jugaría en el Stadium of Light), la junta directiva quiso definir el apodo de su hinchada y pidió a los aficionados que se decantaran por uno. Estaba ‘The Rockerites‘, que quedaría obsoleto con el cambio de pista; The Mackems, The Sols, The Miners, The Light Brigade y The Black Cats. Convendremos que la peculiaridad del último gana por goleada. También lo creyeron en Sunderland, con más de 11,000 votos a favor de convertir a los gatos negros en el apodo oficial del club.
Siempre relacioné a los gatos negros con la fantástica pareja que formaban Kenwyne Jones y Darren Bent, los simpáticos amigos del gol. ¡Qué horror cuando el verano pasado el triniteño fichó por el Stoke City! Intenté que un recién llegado Asamoah Gyan ocupara el hueco emocional, total, se había ido al Stoke, no merecía seguir entre mis gustos. Pero no acabó de funcionar. Además Steve Bruce no ayudó demasiado jugando con un solo punta.
Esta semana Darren Bent ha fichado por el Aston Villa, dejando al Sunderland en la estacada por un puñado de billetes. Así se pone fin a lo que quedaba de la intrépida pareja de black cats. Vendrán otras, pero esta fue una de las mejores. Aparecida por sorpresa, tan extraña como encontrarse a un gato negro en un vestuario de fútbol.
Fotografía | Sunderland AFC
Sunderland AFC | Black Cats Nickname







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#1 Rony dijo,
19 enero 2011 9:11 pm
Excelente historia…Buen post
#2 kaleidos dijo,
19 enero 2011 11:36 pm
que bien, este blog es muy bueno. desde que sigo la premier Kenwyne Jones es uno de mis jugadores de culto y ahora juega al lado de otro, Ricardo Fuller, en un equipo que se esta haciendo de culto. no serán los mejores, pero estos caribeños tienen onda.
#3 desde la barrera dijo,
20 enero 2011 11:38 am
Buen post
#4 Apuntes de un sábado de Premier » Diarios de Futbol dijo,
23 enero 2011 5:32 pm
[...] el ex-mancuniano, que ya lleva su tiempo en Sunderland, pueda ocupar el hueco que ha dejado Bent en los gatos negros, pero al menos por un día convirtió la nostalgia en sonrisas. No es [...]
#5 Apuntes de un sábado de Premier dijo,
23 enero 2011 11:36 pm
[...] el ex-mancuniano, que ya lleva su tiempo en Sunderland, pueda ocupar el hueco que ha dejado Bent en los gatos negros, pero al menos por un día convirtió la nostalgia en sonrisas. No es poco. Articulos [...]