A diferencia del Tamesis o del Sena el Spree en Berlín es un río que no invita al recreo. Posee un caudal más que suficiente para la navegación y una muy adecuada quietud (uno no distingue bien hacia que lado se mueve la corriente) pero el principal cauce capitalino no ofrece demasiadas alegrías a los vecinos en su discurrir por la ciudad. Sin embargo, abandonando Berlín río arriba, el cuadro comienza a cambiar y el Spree muta en espacio de esparcimiento, dejando a su paso un puñado de rincones especialmente agradables. Treptow y sus pequeñas islas vacacionales alfombradas con botes de remos, esos bonitos puentes y más allá aun el pueblo de Köpenick rodeado de lagos y bosques en la isla que forma la confluencia del Spree y el Dhame. Perdónenme la cursilada pero no resulta extraño que en tal paraje sucediera una hermosa historia de fútbol.
Köpenick, en la periferia oriental de Berlin, además de bonito es pueblo obrero, pesquero primero y fabril después. Los vecinos votan principalmente socialista y siguen con pasión los partidos del Union Berlin, que casualmente viste de rojo y en su día fue el equipo del sindicato de trabajadores en la República Democrática Alemana. El Union juega sus partidos en el Alten Försterei, un campo que parece sacado de un almanaque de estadios ingleses. El AF es un compacto recinto con capacidad para 20.000 almas, con la grada besando el césped y con una particularidad, tan sólo cuenta con 3.000 asientos (los mínimos que exige la Bundesliga) para que los hinchas puedan ver el fútbol al tradicional modo. Se llena cada domingo y es famoso por acoger una parroquia especialmente animosa y fiel. Un lugar delicioso para ver fútbol.
Sin embargo hace cuatro años el Alten Försterei era una antigualla devorada por las malas hierbas que amenazaba con sepultar el futuro del club. Una postal corroída por el óxido y la nostálgica que el ayuntamiento se negaba a rescatar. Sin embargo los hinchas del Union, obreros en su inmensa mayoría, lejos de rendirse decidieron arremangarse y hacer lo que mejor saben, trabajar. Cerca de 3.000 voluntarios coordinados por el club, esos carpinteros, electricistas y fontaneros que pueblan en su mayoría la grada del Försterei, acarrearon piedra podrida, acondicionaron las gradas, limpiaron a conciencia…Tan sólo dejaron a los operarios contratados tareas ciertamente más enjundiosas como la construcción de las cubiertas de tribuna. En julio de 2009 el Försterei resucitaba orgulloso en un partido amistoso contra el Hertha.
Desde entonces, en las orillas del viejo estadio, alzado sobre un pilar de hierro se encuentra un gran casco de obrero de color rojo. Como los colores de la Unión. En él están grabados los nombres de los 3.000 hinchas seguidores que hicieron posible el milagro de Köpenick.







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#1 JL dijo,
18 enero 2011 1:06 pm
Aquí uno que ha tenido la suerte de ver un partido en el Alten Försterei, del Union contra … el St. Pauli (en el fondo de los seguidores del St. Pauli, por cierto)! 20.000 espectadores en un partido del equivalente a la 2ª B española…
Todo hay que decirlo, el partido fue un auténtico pestiño, 0-0 sin apenas ocasiones de gol. Ahora, el ambiente impresionante. También hay que decir que a esto algo ayuda que se pueda beber alcohol.
#2 Los seguidores de un club alemán reconstruyen su estadio dijo,
18 enero 2011 8:15 pm
[...] Los seguidores de un club alemán reconstruyen su estadio http://www.diariosdefutbol.com/2011/01/18/el-milagro-de-kopenick/ por xeneizes hace 3 segundos [...]
#3 Álvaro Lamela dijo,
18 enero 2011 8:40 pm
Gran artículo, lo he subido a menéame para que esté al alcance de más personas.
#4 Sergio Cortina dijo,
18 enero 2011 8:50 pm
¡Muchísimas gracias Álvaro!
#5 Kurono dijo,
19 enero 2011 1:49 am
Mucha Premier, pero la mayor pasión está en los estadios alemanes, je, no por nada son la Liga con mayor afluencia de público. Una vez vi por TV un partido del Borussia Dortmund, hará unas 3 campañas (creo que estaba el amigo Thomas Doll en el banquillo). Francamente ese Dortmund daba hasta asco verlo jugar, pero la afición llenaba el Westfalenstadion (más de 80,000 almas) y animaba a su equipo a pesar de que el fantasma del descenso asechaba. Ahora, con la papeleta de posible campeón, uff, Dortmund debe estar de fiesta.
#6 Robert dijo,
19 enero 2011 9:21 am
¿No os da la sensación de que en todos los países con grandes ligas la gente es de su equipo? Quiero decir, lo que comentáis, 20.000 para ver el Union-St. Pauli, 80.000 para el Borussia… en Inglaterra todos los estadios llenos, por pequeño que sea el equipo. En cambio aquí todo el mundo es del Barça o del Madrid, salvo honrosas excepciones como Valencia, Atlético, Athletic, Oviedo, Sporting, Espanyol, Sevilla o Betis no hay demasiado, da pena ver estadios como el del Getafe o el del Almería. No sé, tengo sensación de que no podremos ser nunca la mejor liga del mundo si no tenemos aficiones como las de Inglaterra, Francia o Alemania…
#7 Estoja dijo,
19 enero 2011 1:08 pm
Yo estuve en diciembre en el estadio An der Alten Försterei viendo el partido entre el Union Berlin y el Bochum y escribí algo sobre mi visita a Köpenick.
Joder, y me perdí el casco rojo del que hablas en el artículo.
#8 Mar dijo,
19 enero 2011 4:08 pm
Esta es una hermosa historia sobre la voluntad y las ganas de hacer. Merece la pena que en otros frentes distintos al deporte también se tome ejemplo. La he subido a mis redes sociales para compartirla.
#9 NIPO dijo,
22 enero 2011 1:07 am
Ha habido algún post en DDF sobre un estadio completamente destartalado y restructurado por gente corriente para jugar? Es que me suena mucho una historia tan parecida a esta
#10 Unión en Berlin » Diarios de Futbol dijo,
9 noviembre 2011 5:08 pm
[...] Tampoco cuando ha tocado arrimar el hombro para ayudar al equipo local, el Union Berlin. En 2008 (lo conté aquí en su día) la hinchada obrera del Union acarreó piedra podrida, acondicionó las gradas y limpió a [...]