Octubre de 1989. A los regímenes comunistas les quedan dos telediarios pero Nicolae Ceauşescu sigue empeñado en exprimir el limón en Rumanía. En endurecer lo que ya era pura supervivencia. Mientras los checos o los polacos abren la mano Ceauşescu no suelta las riendas del país, azuzándolo en una carrera estúpida hacia ninguna parte. Entonces, ignorante de que iba a ser ejecutado dos meses más tarde a manos de un pelotón militar en Târgovişte y con la nación calada hasta los huesos en hambre y decadencia, su despótica excelencia decide poner el punto berlanguiano al asunto y se reúne con el Comité Político Ejecutivo del Partido Comunista Rumano para tratar una cuestión ineludible: la preocupante actualidad de la selección de fútbol.
Resulta que la tricolor había tenido la ocurrencia de abandonar Copenhague con un sonoro 3-0 en la mochila y con ello comprometer su concurso en el Mundial 90. Al otro lado del continente Ceauşescu fumaba en pipa. Uno se hacía una idea lejana de como cayó aquella derrota en el lunático cerebro del líder (a la proverbial querencia por presumir de éxitos deportivos de la que hace gala hasta el último politicastro se unía su manía por apañar en beneficio del Steaua de Bucarest) y por qué convocó a los sabios pero hoy sabemos a ciencia cierta lo que sucedió en aquella histórica cuchipanda. Gracias a los estudiantes de la Facultad de Historia de Bucarest y su estupenda labor de buceo en los archivos del antiguo Partido Comunista.
Entre los documentos resucitados están los que reproducen las discusiones acontecidas justo después de la derrota en Copenhague. Ceauşescu, desatendiendo con despreocupado ánimo la realidad nacional, abre la reunión con el descalabro de los chavales en Dinamarca. Lo primero es lo primero. Y los diálogos muestran como el caudillo, posiblemente entre exabruptos de obligada omisión, formula ante su señora y el resto de dirigentes una solución maestra y radical para garantizar el futuro del combinado patrio. El genio de los Cárpatos, como gustaba de ser conocido, amenaza con disolver los dos equipos más grandes del país (Steaua y Dinamo) en caso de los artistas (la mayor parte de la selección se ganaba la vida en esos dos clubes) no espabilen. No como lo haría todo un Jesús Gil al reconocer la insuperable operativa, pero lean y lloren.
Nicolae Ceauşescu: ¿Habéis visto lo que pasó ayer en el partido de futbol?
Constantin Dăscălescu (Primer Ministro): Pura y simplemente una falta de organización
Elena Ceauşescu (esposa del sátrapa): Han jugado mal, pero en cualquier caso, no son asuntos que conciernan a un miembro del gobierno.
N.C: El gobierno también es responsable, ya que responde tanto de la cultura como del deporte. ¡Es la ley! ¿Hace falta ir hasta allí para dejarse marcar 3-0?
E.C: De todas formas ha sido una vergüenza
N.C: Le he dicho a Bobu que si aquí (en el partido de vuelta, en Bucarest) no consiguen los dos puntos (las victorias valían dos puntos entonces) disolveremos los equipos que han aportado jugadores a la selección. Comunicádselo al Ministerio de Interior.
Silviu Curticeanu (Jefe de la Cancillería): El camarada Milea (Vasile Milea, Ministro de Defensa) no esta presente en la reunión, está en Buzău, por las elecciones.
N.C: Él lo entenderá. Repito, disolveremos los equipos que han aportado jugadores a la selección si no ganamos aquí.
E.C: El ejército no ha aportado ni un solo jugador. Uno era del Universidad de Craiova, y el resto venóan del Dinamo.
N.C: No saben ni defenderse, han aprendido a ganar en casa con 5 o 6 goles de diferencia pero fuera no hacen nada. 8…) ¡No es posible! Podemos perder pero esto ha sido vergonzoso, ni siquiera han jugado. No es que les hayan ganado, es que no han jugado. ¡No es posible! Esto no es la orden del día pero no hay que pasarlo por alto, hay que tomarlo como una lección. No es un punto de la orden del dia, pero hay que tomar medidas para poner fin a esta situación, poner orden, porque esto no podemos continuar así.
Afortunadamente Ceauşescu no tuvo que poner en práctica sus bravatas. El once de Emerich Jenei, en el que figuraban cromos indispensables del álbum rumano como Popescu, Dorin Mateut, Camataru o el mismísimo Gica Hagi, se impuso en el partido de vuelta (3-1) y Rumanía acabó clasificándose con solvencia para el Mundial italiano. Más tarde llegó la derrota contra los irlandeses en Génova aunque para entonces, por suerte para todos los rumanos, Nicolae Ceauşescu ya estaba bajo tierra.







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#1 lopi dijo,
16 enero 2011 2:39 pm
No sabía yo esto, pero me parece muy interesante. Quizás para tí y para los que no sigan el fútbol de Rumanía disolver al Steaua y al Dinamo hubiese sido una ”bravata”, pero para los seguidores de otros equipos rumanos, como yo, eso habría sido lo mejor que podría haber hecho. No te imaginas la antipatía que se han creado entre los demás equipos por sus raíces comunistas y por hacerse siempre la víctimas.
#2 Giorgios Papaloukas dijo,
16 enero 2011 3:19 pm
Lo mejor de todo es cuando dice que el Ministro de Defensa no estaba presente por estar en Buzău por las elecciones, elecciones ¿de qué?
#3 Deluxe dijo,
16 enero 2011 6:20 pm
De esta misma historia hablé en mi fotolog hace un tiempo
http://www.fotolog.com/football_deluxe/40064794
La apertura de los archivos de los servicios secretos (algo que se está haciendo lentamente) de las viejas dictaduras del Este, pueden sacar a la luz historias jugosísimas en lo que al fútbol se refiere.
Hay que recalcar el hecho de que el Steaua pertenecía al Ministerio de Defensa y el Dinamo al de Interior. Y eran dos equipos directamente formados y fundados por el régimen comunista. Tras la caída del comunismo, se llegó a plantear también la disolución de ambos equipos. Sin embargo, no podemos olvidar que eran equipos que ya contaban con gran apoyo popular y en aquellos momentos estaban en auge incluso a nivel europeo (el Steaua era subcampeón continental). Haberles hecho desaparecer hubiese tenido imprevisbles consecuencias y reacciones, en una época ya suficientemente convulsa.
#4 Deluxe dijo,
16 enero 2011 6:33 pm
Por cierto, el mencionado ministro Milea se suicidó durante la revolución.
#5 Salenko dijo,
16 enero 2011 9:31 pm
Me ha encantado el artículo Sergio.
#6 natxo dijo,
17 enero 2011 12:03 am
Me encantan este tipo de artículos, de fútbol pero no fútbol.