Si abriéramos la cabeza de cualquier español talludo y metiéramos la mano hasta el fondo seguramente encontraríamos, revoloteando en una esquina, dos rombos blancos. Cuando Televisión Española era una y no tan libre el contenido inapropiado para nuestros menores (unos Ángeles de Charlie o un Chicho para que se hagan una idea) venía acompañado de su heraldo particular, dos polígonos como dos puños en la esquina de nuestra Telefunken. Y así, aprendiendo a base de obstinado catodismo, asimilé que los rombos solo podían depararme cosas buenas. Después crecí y me aficioné al fútbol hasta llegar al punto de malgastar la mañana del domingo rebuscando teluchas raras en el stock de cualquier tienda en internet. Entonces fue cuando el mito poligonal se me hizo añicos. Porque un futbolista puede pasear palmito en franjas verticales, incluso lucir con dignidad una camiseta rayada horizontalmente pero jamás podrá mirar a nadie la cara vistiendo una zamarra infestada de paralelogramos.
Sin embargo creo que nací para el rombo antes de tener ordenador. Fue en 1994 durante el mundial de Estados Unidos cuando España, con Javier Clemente empleando industriales cantidades de tiza en embadurnar la pizarra de mecanismos defensivos y Julito Salinas haciendo encaje de bolillos, rozó la gloria mundialista. El caso es que hicimos lo que hicimos paseando uno de los trajes mas horripilantes que jamás haya engendrado la marca Adidas. ¿Que carajo eran aquellos rombos y por qué los alemanes se empeñaban en manufacturar el espanto en serie? Al final sucedió lo que tenía que suceder. Que Italia, meca incontestable de la moda mundial, nos eliminó en increíble paradoja no sin que antes la inesperada dupla Tassotti-Luis Enrique tiñera de sangre la historia del polígono en la piel de toro.
Claro que hay cosas peores. Los ingleses, por ejemplo. Recogiendo la idea de Enric González sobre los relajados hábitos higiénicos de los británicos donde afirma que más que sucios son raros propongo ampliarla a las camisetas suplentes. Uno no sabe si la fiebre poligonal vino de las libras que apoquinaban los ordenadores Commodore por aparecer en la elástica pero en los 90, cuando el Chelsea aun era una bonita mezcla de artistas del kick and rush y algo esencialmente pijo, sus jugadores tenían que enfrentarse a la sartenada semanal de tackles y cabezazos vestidos de esta guisa. E, implacable era aquella moda atorrante, no corrían mejor suerte en otros lares. Que se lo digan a los asalariados del Luton. Aunque mi camiseta a rombos favorita es la que ilustra el texto: Sheffield United 1995-96. La tienda de cabecera de esta casa la califica, con exquisito decoro, como “controversial diamond pattern shirt”. Afortunadamente y por aclamación popular, el diamante no fue para siempre.








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#1 desde la barrera dijo,
9 enero 2011 2:06 pm
Para gustos los colores.
A mí sin embargo las camisetas de España del 94 son las que más me gustan dela historia.
Y las de Alemanía están muy guapas también.
#2 LauraR dijo,
9 enero 2011 2:55 pm
Horribles! parece que el diseño era moda por esos años, recuerdo las de Arsenal de los 90 y pico, las del logo JVC que también tenían esos dibujos espantosos.
#3 Sergio Cortina dijo,
9 enero 2011 7:30 pm
la suplente amarilla del Arsenal no llega a ser de rombos pero mete miedo igualmente. También metidos en geometría idiota recuerdo una segunda del Betis época Alfonso. El horror
#4 Kurono dijo,
10 enero 2011 4:04 am
Buena parte de las camisolas de los 90′s eran así de horrendas. La de la selección de Alemania especialmente me parecía un diseño pobre, y la del Bayern de esa época, una cutrada (eso, sin tomar en cuenta el completamente antiestético 2do uniforme de pantalón verde y camisola naranja)
#5 NIPO dijo,
12 enero 2011 7:13 pm
Oye!!! Respeto a los paralelogramos, que levante la mano ese tipo raro que odia la camiseta croata. Esa zamarra infestada de cuadrados es oro para cualquier aficionado al futbol
#6 Sergio Cortina dijo,
12 enero 2011 7:40 pm
no me mezcle aquí lo ajedrezado Nipo!. Yo también creo que Boavista es un gran equipo