Es obvio que una de las grandes virtudes que definen a los entrenadores punteros es su capacidad para hacer competitivos a sus equipos, controlar hasta el mínimo detalle controlable en un juego donde se producen miles de acciones en cada partido y por tanto -Mourinho dixit- reducir en lo humanamente posible la influencia de lo imponderable. No es nada casual que la evolución que ha llevado al fútbol de un simple entretenimiento al mayor fenómeno de masas jamás visto haya resultado también en una mecanización del juego y en la asunción por parte de los jugadores de unos estándares tácticos cada vez más complejos, a la vez que necesarios para el funcionamiento colectivo del bloque. Se practican jugadas de estrategia, se ensayan las basculaciones hasta la extenuación dependiendo de dónde se produzca la pérdida de balón, se regula al milimetro la posición de todos en los córners, e incluso se pautan las amonestaciones en función de la legislación deportiva pertinente Todo es válido, dentro de la legalidad e incluso bordeándola, para alzarse con la victoria.
Por todo esto, merece la pena detenerse en dos jugadas que se produjeron el pasado fin de semana, y que permiten comentar dos excepciones en cierto modo curiosas al control del detalle que, como ha quedado dicho, manda en el fútbol actual. La primera se produjo en el encuentro Birmingham-Arsenal, que dominó a placer el equipo gunner y acabó venciendo justamente por 0-3. Lo llamativo es que en cada córner, los jugadores del equipo londinense no centraban el balón ni practicaban la más mínima estrategia, sino que sencillamente ponían el balón en movimiento a un compañero situado a un metro de distancia, y salían jugando tranquilamente, como si de un bote neutral se tratase. De todos es sabido que el fútbol del Arsenal, asociación pura, se basa en tocar y tocar el balón hasta, si es posible, meterse con él en la portería rival, pero el saque de esquina siempre constituye una buena oportunidad de marcar, y despreciarlo sistemáticamente parece, cuando poco, una actitud poco inteligente. Sin embargo, habrá también el que vea un halo romántico en esta actitud, o dicho de otro modo, lo verán de un modo u otro los que valoren a Wenger como la IFFHS, que lo ha considerado el mejor entrenador de los últimos diez años, y los que piensan que es un entrenador sobrevalorado y acomodado que se ve por encima de las victorias y los títulos que su equipo hace mucho que no consigue.
Para comentar la otra jugada tenemos que irnos a San Mamés, donde un Deportivo iluminado y tocado por la fortuna resistía el habitual arreón final del Athletic y su afición. Llegados ya al minuto noventa, Gorka Iraizoz abandonaba el marco que defiende con tanta sobriedad y a punto estaba de lograr un empate que hubiera supuesto un éxtasis, a pesar de las indicaciones de Caparrós de que no se moviera de su portería. La pregunta en este caso es: ¿por qué no se ha generalizado la subida del portero a última hora? En competiciones ligueras suele ser casi irrelevante perder por uno o más goles, y la diferencia cualitativa entre empatar y perder por dos más goles es abismal. ¿Qué retiene entonces a los guardametas de lanzarse enloquecidos al terreno contrario para lograr algo que, como en el caso de Palop, se recordará de por vida? No vemos más razones que el miedo al ridículo, ese defecto tan español; el temor de que el contrario organice un contragolpe y perfore una portería vacía. Qué gran contrariedad.
En fin, dos ejemplos de que en fútbol seguramente siempre es posible mejorar –puede hacerlo el Arsenal, pueden hacerlo los porteros atenazados que jamás abandonan el resguardo de su área- y de que, más veces de las que creemos, los detalles dan el triunfo. Terminamos con una de las primeras frases de Guardiola según asumió el banquillo del Barcelona: “A partir de hoy, se defienden todos los saques de banda”. Pues eso.








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#1 Jordi dijo,
7 enero 2011 8:54 pm
No estoy de acuerdo en que despreciar el saque directo de córner tenga que ser por romanticismo o poca inteligencia. El Barça hace lo mismo muy a menudo, y hay una razón para ello. El equipo que hace eso es muy inferior físicamente al rival, y por lo tanto en un centro directo es casi imposible llegar a rematar, incluso más difícil que combinando una jugada. Con una jugada ensayada sí que se podría hacer gol, pero el repertorio de jugadas ensayadas posibles es limitado, así que es mejor guardarlas para los partidos decisivos.
#2 Sergio Cortina dijo,
7 enero 2011 9:04 pm
Hombre aquel día el Arsenal salió con un equipo con Koscielny (1.88), Djorou (1.92) y Alex Song (1.83). No digo que fueran cada saque pero para pelear les llega.
#3 Alex dijo,
8 enero 2011 4:49 am
mira…aca en la argentina siempre que el equipo esta perdiendo y en la ultima jugada hay un corner o un balon parado, el arquero va al area a cabecear, incluso recuerdo hace 3 años un arquero fue a patear(!) el saque de esquina en vez de ir a cabecear
#4 José Fernández dijo,
8 enero 2011 9:11 am
Estoy de acuerdo con la idea principal del post, pero no tanto con el ejemplo de los saques de esquina en corto. Me gustaría saber cuántos goles se han metido en los últimos años en remate de un corner y cuantos en contraataque derivado de uno mal sacado, o simplemente bien defendido. Quizás nos llevaríamos una sorpresa.
Lo de los saques de banda del Barça con Guardiola, tanto a favor como en contra, es digno de estudio. Seguramente será el equipo con mejor ratio “Balones recuperados en saque de banda del rival/Balones perdidos en saque de banda propio”. Curiosamente le ha acabado dando la razón a Benito Floro.
En todo caso, está claro que en un fútbol tan físico, analizado y estudiado como el actual, pocos son quien se atreven a salirse del guión. Parece imposible hoy un caso como el de Fenoy, portero del Celta, y posteriormente del Valladolid, que era el encargado de lanzar los penalties en la temporara 76/77.
http://www.yojugueenelcelta.com/2008/04/fenoy.html
#5 Luis_Candelas dijo,
8 enero 2011 12:39 pm
Interesante discusión, yo creo que son cosas que todos los aficionados nos hemos preguntado alguna u otra vez, y que los entrenadores sabrán mejor por qué se producen.
En cuanto a los corners, a mí siempre me ha dado la impresión de que son la jugada/putada del fútbol moderno. Tanto para el que ataca para el que defiende: el que defiende sabe que es una jugada donde ocurren tantas cosas (movimiento de jugadores, posibles faltas, fallos de concentración, etc.) que puede encajar un gol en cualquier momento, por muy bien que defienda, la posibilidad siempre está ahí. Los grandes, al menos en España, suelen encajar bastantes goles de corner, sobre todo comparados con los que reciben en jugada. Y para los que atacan, pues la idea supongo que es que no te pillen con los pantalones bajados, vaya, que el corner no dé lugar a una contra. Por lo cual imagino que prima terminar jugada, o que el balón vaya tan fuerte que si se despeja no pueda controlarse rápidamente, etc., que arriesgarse a marcar. Es la impresión que me da, supongo que mi razonamiento escandalizaría a cualquier entrenador, jaja.
Y en cuanto a lo de los porteros… Pues no sé, creo que es algo de pura tradición y de ver dónde está el límite y qué imagen se quiere dar. Hoy por hoy, meter cuatro delanteros aunque te quedes con tres defensas es algo aceptado, sin embargo, subir al portero es una especie de acto de desesperación, que se reserva para “ocasiones especiales” (es decir, eliminatorias). Un poco la cuestión es: estamos en liga, podemos perder, pero no vamos a perder la cabeza, mañana será otro día. Si no, no encuentro otra explicación, porque el goal average a la mayor parte de equipos les da un poco igual (hombre, imagino que si estás en las últimas jornadas y tu adversario es un rival directo, pues no, pero…).
Luego está la moraleja Betis: bajar porque estás igualado en el goal average particular con un rival y por un gol de diferencia en el goal average general. Lo que demuestra que, oye, ese golito que se perdono en la goleada X del mes de noviembre, podría haber venido muy bien…