66, 13 y 40. Si esta pieza tratase de Italia las cifras hablarían de astros manchando la camiseta a base de caprichos pero es Escocia y nos llevan a asuntos ciertamente más grises. 66 fueron las personas que nunca pudieron regresar a casa en aquel Rangers-Celtic de 1971. Hablo del desastre de Ibrox. De la infame escalera 13 que barnizó de sangre el derby de año nuevo hace exactamente 40 años. Viene a cuento porque en un ratito se disputa una nueva edición del Old Firm y los máximos rivales tienen previsto homenajear a los fallecidos de un modo especial. John Greig y Billy McNeill, capitanes del Rangers y del Celtic de la época, lideraran a los jugadores actuales y a una comitiva de miembros de los dos equipos presentes durante la tragedia de 1971 en su entrada al campo. Honorable gesto. Especialmente porque sucederá en medio de un derby cuyo aliño habitual es esa salsa mezcla de fanatismo, odio y nonsense que tanto gusta a propios y extraños.
No les aburriré con detalles sobre como la tragedia tomó forma aquel 2 de enero del 72, los encontrarán en la red sin bucear excesivamente, pero me llama la atención el barniz mítico, al futbolero modo, que arropó al suceso durante años. La historia pintaba una escalera 13 de Ibrox escenario de la peor de las masacres debido a un choque entre le gente que abandonaba el estadio y los que, excitados al escuchar la grada local celebrando un gol postrero de Colin Stein que les daba el empate en la agonía, desandaron el camino para encontrarse con la muerte. Más tarde se comprobó que todo sucedió por accidente. Que algún hincha en la cima del mal acondicionado acceso se tropezó y provocó con su caída una avalancha fatal. “Fue como si alguien hubiese tirado una baraja de cartas”, recuerda Ian Loch, uno de los supervivientes. Una baraja con 66 muertos y más de 200 heridos.
La tragedia en la escalera 13 también fue una historia de entrenadores. Jock Stein, míster del Celtic y cromo imperecedero del fútbol escocés desde la hazaña de Lisboa, fue de los primeros en comprender la magnitud del suceso y que tras enviar a sus futbolistas de vuelta a Parkhead, no se le cayeron los anillos por sumarse a los voluntarios y empujar camillas toda la noche y echar una mano a los servicios médicos. Ejemplar. Otro que observó el horror de cerca fue Walter Smith, entrenador actual del Rangers. Smith, que por entonces se ganaba los garbanzos defendiendo los colores del Dundee United, libraba aquella noche y había aprovechado para acercarse a Ibrox en compañía de su hermano y disfrutar del derby. “Conseguimos trepar por una valla. Debimos pasar por encima de algunas personas para salir.”
Tras el desastre Ibrox nunca volvió a vestir el mismo traje. Afortunadamente el sentido común, espoleado por las repetidas desgracias, movió al fútbol escocés a elaborar y aplicar puñado de normas de seguridad que cambiaron la casas del fútbol para siempre. El Rangers encabezó las iniciativas en favor de unos estadios más seguros y sometió al suyo a una de las transformaciones más drásticas que haya sufrido jamás un campo de fútbol británico. Ibrox mutó del famoso feudo oval, en la línea del viejo Stamford Bridge o Hampdem, al icónico rectángulo con gradas de asiento que ahora conocemos. Al moderno estadio que hoy acoge una nueva edición del Old Firm marcada por el recuerdo a los ausentes.
Starway 13: always remembered (documental) | Rangers TV








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#1 Kurono dijo,
2 enero 2011 6:59 pm
Muy buen artículo. De verdad, a veces pienso que solamente hasta que ocurre una tragedia se buscan soluciones a problemas que se vislumbraban. Es curioso que un “pequeño” accidente (la caída de una persona) provocara esta terrible tragedia y no el mal llamado “aderezo” del Old Firm, esa explosiva y peligrosa mezcla de religión, política y futbol en un estadio, tan propio y hondo en la idiosincrasia escocesa y de su futbol. FELIZ AÑO NUEVO