Corría el mes de junio, y el ambiente que rodeaba al Real Madrid era de desilusión, confrontación y hastío. Entre la Liga justamente ganada por el Barcelona, una parte importante de la afición enfrente de Florentino Pérez por culpa del indaucido despido de Pellegrini y la sensación general de estar viviendo la misma película de los últimos años –una película sin final feliz- dos despedidas pasaban, si no desapercibidas, mucho más de puntillas de lo que merecía la entidad de los dos personajes que abandonaban la Casa Blanca. Raúl González y José María Gutiérrez, que con esos nombres igual podían pasar por futbolistas del Madrid que por chapistas en Moratalaz o camareros en Alcobendas, se marchaban tras haber pasado gran parte de su vida en alguna de las dos orillas de la Castellana, y tras haber dejado en el club blanco y en el fútbol español improntas tan hondas como diferentes.
Raúl se marcha tras una carrera larguísima en el Madrid que, en un detalle de cierto regusto budista, se abrió y cerró en el mismo lugar, la Romareda. En el medio, un periodo que abarca la adolescencia y juventud de buena parte de todos nosotros, hubo tiempo para todo; pocos personajes han provocado tantos ríos de tinta como el chaval de la Colonia Marconi que en unos años gloriosos que casi nadie le discute llevó al Madrid de vuelta a un cetro europeo que llevaba más de treinta años sin oler. Sin embargo, inesperadamente, a una edad en la que la mayor parte de los futbolistas alcanzan su plenitud, Raúl inició un lento declive en el que, más rápido que sus promedios goleadores, descendió su influencia en el juego. Del futbolista casi total de su primera época, que aunaba pase, visión de juego, capacidad de sacrificio, regate y todos los recursos posibles de cara al gol, se pasó lentamente a un jugador que a ratos parecía una caricatura de sí mismo, agarrado al oportunismo que nunca perderá, a alguna acción brillante o aislada, o a esas carreras cortas, a ratos emocionantes, a ratos equidistantes de la desesperación y la demagogia. Con una imagen tristemente dañada para mucha gente que no conoció sus mejores años, y víctima de rumores y habladurías que difícilmente sabremos si fueron fundados o no, Raúl decidió este año que ya bastaba, y que se merecía unos últimos años tranquilos donde disfrutar del aprecio casi unànime que aun disfruta fuera de nuestras fronteras, ese triste territorio de la discordia entre raulistas y antirraulistas. Se fue, al menos, con dos medallas que nadie podrá quitarle: la de la profesionalidad intachable dentro del campo, donde siempre lo dio todo, y la de jamás haber recibido una tarjeta roja en los cientos de partidos jugados de blanco.
Con todos los matices que queramos, no estaremos lejos de la verdad al afirmar que Guti fue lo contrario de Raúl en muchas cosas; quizá sólo coincidieron en la fecha de llegada y salida, en el club y en haber dejado un puñado de partidos indelebles en la memoria de los aficionados. Si Raúl fue el empeño de mejora día a día, y según le respondió el físico acabó convirtiéndose –en frase de un afamado comentarista deportivo- en un ocho en todo, Guti traía de fábrica una pierna izquierda y un entendimiento del juego de esos que forjan los dioses en sus ratos de ocio. Sus filigranas y jugadas imposibles ya las hacía en el Castilla siendo un tirillas melenudo, y ese mismo espíritu quedó recogido en su epitafio en el Madrid: ese taconazo nunca visto frente a Aranzubía, que recoge todo lo mejor de un futbolista genial, creativo, valiente y descarado. Lo peor lo fuimos descubriendo a lo largo de los años, una colección de desplantes, ausencias, lesiones sospechosas y juergas sin fin que se han acabado sobreponiendo en el imaginario popular al surtido de pases imposibles y situaciones desesperadas en la que la solución “sacar a Guti” era tradición en el Bernabéu y elixir de la vida. Héroe maldito o eterna promesa, qué mas da.
La cuestión es que los dos se han ido, y el vacío que han dejado –bendito o maldito según el punto de vista- será difícil de llenar. Raúl apostó por la seriedad de la Bundesliga en un club simpático con gen perdedor, y está empezando a triunfar –tras unos meses para olvidar- como un Sísifo que, a base de insistencia, consiguiera por fin subir la piedra al monte. Ya no es el Ferrari, es Señorrr Raúl, como aclaman los hinchas del Ruhr. Guti, en cambio, arribó a Estambul en olor de multitudes, y a pesar de las pinceladas marca de la casa, la triste foto suya que ha dado la vuelta al mundo lo representaba borracho, al volante de un cochazo en el que estuvo a una pulgada de matarse. Perfectos contrastes que definen lo que han sido estos dos futbolistas que, estén donde estén, nos tendrán siempre con un ojo posado en ellos. Para bien o para mal, historia de nuestro fútbol.







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#1 Llinares dijo,
31 diciembre 2010 8:13 pm
Mejor epitafio imposible. Un aplauso de un cule.
#2 José dijo,
31 diciembre 2010 9:24 pm
Sin dudas, dos símbolos del Real Madrid.
Respecto de Raúl, nunca entendí por qué perdió tanto respeto. Vale que no mereció ser titular las últimas tres temporadas, pero es un jugador que tanto dio a su club y a su país que con eso era suficiente para un reconocimiento más generalizado. Quizás la identificación del jugador con su club provocó que la decadencia de la imagen del Madrid -más antipatías que fanáticos gracias a Calderón y Florentino- importara el deterioro de la figura de Raúl.
Por otra parte, quien argumente que Raúl no ganó nunca una Eurocopa o un Mundial, y que por tanto de mala manera puede considerarse que hizo algo por España, cae en un absurdo. Durante los 90′ e inicios de la década del 2000, Raúl fue el jugador símbolo de la selección, capitán y goleador histórico. Argumentar lo contrario es denostar figuras como Cruyff, di Stéfano, Stoichkov y Puskas, que nunca ganaron los campeonatos antedichos.
Sobre Guti, dos taconazos y poco más. Lo más notable de su carrera me pareció aquella Champions que Del Bosque lo situó de 9, rindiendo a un nivel más que bueno -recuerdo el partido contra la Roma en el Olímpico-. Sus fantasmas y sus intermitencias pudieron más que él. Pero no nos engañemos, nunca fue un Xavi -jugador que, por lo demás, explotó bastante tarde-.
Un madridista.
#3 Kirkis dijo,
31 diciembre 2010 10:08 pm
Soy de los que no comprende como puede haber gente criticando a Raúl con todo lo que ha sido. Y ya no hablo de sus títulos, premios personales y demás parafernalia, hablo de lo que Raúl significaba para el Real Madrid. Raúl era el Real Madrid. Un tipo que sentía la camiseta como nadie. Y Guti, aunque parezca que no, también lo hacía.
No hablo de jugadores mercenarios, solo que viendo los partidos de mi equipo, veo imagenes de jugadores que no parecen sentir lo mismo. Al contrario que en el Barça por ejemplo.
Y esto me da mucha pena.
#4 rantamplan dijo,
31 diciembre 2010 11:17 pm
Enorme artículo Ramón. Te doy mi enhorabuena!
#5 Sergio dijo,
1 enero 2011 7:17 am
Florentino Pérez pasará a la historia por echar a patadas a los que lo dieron todo por el Madrid: Del Bosque, Hierro, Redondo, Raúl…
#6 el gran prestador dijo,
1 enero 2011 3:54 pm
para mi fue una gran tristesa x que eyos fueron los mejores jugadores que ubieron en el real madrid sin excluir a los demas
#7 Obdulio Varela dijo,
2 enero 2011 2:04 am
Sin el Barça de Rijkaard y Guardiola, Raúl podría haber sido el mejor jugador español de la historia. Eso no debemos olvidarlo y más en un país como este, donde disfrutamos humillando al segundo y buscamos motivos para bajar de escalón al primero.
#8 Alexpal dijo,
2 enero 2011 1:58 pm
#7 Perdona pero ya lo es.
#9 Jose Luis Romero dijo,
2 enero 2011 3:50 pm
Raul ha sido un jugador muy completo. Goleador e imprescindible en el Real Madrid. Ese olfato de gol lo mantiene aún en Alemania. Pero esencialmente Raul es de los jugadores indomables que mientras tienen un àpice de energia la entregan en favor de su equipo.
#10 Pale dijo,
2 enero 2011 7:54 pm
Me impresiono cuando Raúl se fue…de ;la manera mas humilde pero siempre con la frente en alto. Me dolió ver la expresión en su cara: dolor puro, pero que mas podíamos esperar despues de que se lo atacara y nadie le diera el respeto por lo que hizo todos esos años en el RM.
Los maximos dirigentes del RM prefirieron fichar “estrellas” internacionales…como si eso significara amor a la camiseta. Después de la salida de los dos, me doy cuenta cuanto el RM necesita jugadores nacionales que de verdad amen la camiseta,q den sudor y sangre, sobre todo-clase- como lo hacia Raul, y pasion como GUti.
Que amor le pueden tener jugadores como C. Ronaldo al RM, si en cualquier momento puede irse con el mejor postor???? Raul hizo lo que debia, avanzar, seguir adelante y conquistar nuevas tierras…que aunq amaba al RM, este equipo malagradecido se merece lo que tiene gracias a los dirigentes.
Hala Madrid! Hala Raul y Guti! siempre.
#11 NIPO dijo,
3 enero 2011 12:34 am
Un talentoso cabezaloca y un suertudo cumplidor, antitesis y tanto tiempo juntos. Pero es normal… ahora que se van todos los “adoramos”.
#12 Le Tissier dijo,
3 enero 2011 11:19 am
#Alexpal:
Vivimos en 2010, no en el 98.
Algunos llevais mucho tiempo sin leer el periódico…
#13 Avalado por veintidós años de madridismo » Diarios de Futbol dijo,
28 junio 2011 12:16 pm
[...] que ese concepto de “valores” aparece tan manoseado, declaraciones como las de Guti, madridista de cuna, deberían ser más tenidas en cuenta por quienes más las [...]