Tras un primer año para el olvido, la máquina florentiniana decidió tirar la casa por la ventana y jugarse todos los cuartos al único caballo ganador conocido. Como si la apuesta inicial por Manuel Pellegrini hubiese sido un simple tanteo de la situación. El proyecto del chileno, guiado por la bandera de la paciencia y la estabilidad, fracasó precisamente por el que se suponía que iba a ser su punto más fuerte. Necesitó apenas dos meses el ex preparador del Villarreal para perder la confianza de la plana mayor del club blanco. Con la temporada 2009/10 finiquitada, su salida era más que una evidencia. El proyecto de la paciencia había naufragado.
La llegada de José Mourinho al Real Madrid, días después de proclamarse campeón de Europa con el Inter, trajo aparejada consigo una expectación inhabitual. Llegaba el redentor, el dominador de vestuarios, el hombre capaz (o presuntamente capaz) de bajar de un pedestal cada vez más alto e inaccesible al FC Barcelona de Pep Guardiola. El único técnico del mundo capacitado para enderezar el perdido rumbo de la nave madridista. Pero su aterrizaje en Concha Espina iba a traer consigo inesperadas consecuencias.
Enseguida, el personaje que encierra el técnico de Setúbal comenzó a acaparar la atención. Una atención que no le correspondía. Sus exabruptos pasaron de ser una excepción para convertirse en algo habitual. El problema fue que alguien en los despachos del Bernabéu no previó en su momento las consecuencias y los daños colaterales del fichaje de Mourinho por el mejor club del siglo XX.
La fuente inagotable de titulares comenzó a manar inesperadamente pronto. Antes incluso del comienzo del campeonato nacional de Liga. Mourinho, consciente de que iba a tener que poner todo de su parte para cumplir con los objetivos marcados, no dudó en disparar, a su manera, sobre el gran rival. Fue el chispazo que desató las hostilidades, una constante a partir de ese momento.
Su frustrada postulación como seleccionador portugués, compaginado con su puesto en el Madrid, sus alusiones a las alineaciones de los rivales del Barça, su enfrentamiento cuerpo a cuerpo con Manolo Preciado en la semana previa al Sporting-Real Madrid,… Todo aceptado, todo tolerable, todo disimulado por los servicios diplomáticos del Bernabéu… hasta el sangrante 5-0 del Camp Nou.
Con sus costuras al aire, el Real Madrid de José Mourinho dio, por primera vez desde la llegada del portugués, síntomas del flaqueza. Precisamente en el peor momento de la temporada. Y comenzaron a asomar las primeras tímidas dudas. Comenzó a cuestionarse su peculiar y polémica metodología. Llegaron los enfrentamientos internos. Sus maneras dejaron de ser vistas como un mal menor, como un insignificante daño colateral, para pasar a ser consideradas un atentado contra la imagen de un club presuntamente señorial y majestuoso. La maquinaria mediática encontró un nuevo nicho de mercado. ¿Dondé se habrá creído que está entrenando el portugués éste? Su actitud hacia los medios, los rivales y su propio club pasó de ser una estrategia brillante para convertirse en una incómoda y difícilmente controlable rémora.
Tiene toda la campaña por delante. Como él mismo recordó, el año pasado salió escaldado del Camp Nou en noviembre para volver a hacerlo, esta vez victorioso y ufano, en abril. ¿Se repetirá la historia? De ser así, su método volvería a ser considerado el del mejor entrenador del mundo.







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#1 Abono dijo,
28 diciembre 2010 2:14 pm
Y si Mourinho hubiera decidido darle 3 días más de vacaciones a Cristiano, y cuando le preguntaran dijera “porque yo lo decido” … ?
Y si Mourinho hubiera llamado mentiroso a un árbitro en una Rueda de Prensa … ?
Y si Mourinho le hubiera enseñado el balón a un rival, y luego se lo hubiera “escondido” … ?
http://www.abonoentribuna.com/2010/12/y-si-sobre-mou-y-pep.html.
2 varas de medir….