El Parken se afea de cerca. Cuadriculado, gris, si no fuera por la tribuna que sobresale en la parte superior, le confundiríamos con una nave industrial, sombría y sin ningún tipo de gracia. ¡Como Nicklas Bendtner! – añadirían aquí sus detractores. De la misma forma que el espigado delantero del Arsenal tiene dos caras, la que provoca rechazo y la que genera una extraña empatía, el coliseo del fútbol danés esconde detrás del hormigón un escenario romántico. Un extenso césped, el mismo que puebla los suburbios de la ciudad y Dinamarca entera, donde se practica el deporte favorito del país. En los campos adjuntos al Parken, sin vallas, abiertos al curioso, se recrean niños y no tan niños jugando al fútbol. Si olvidan por un instante el balón y alzan la vista, divisan la cima del Parken. Y así, quizá sueñan en poder jugar algún día dentro de aquellas horribles paredes, y por ejemplo, disputar los octavos de final de la Champions League.
Bendtner -de ahí la referencia- se formó en el Copenhagen Boldklub, equipo fusionado con el Boldklubbenn 1903, formando el FC Copenhage en 1992. Ambos conjuntos mantienen las categorías inferiores y agrupan fuerzas en un primer equipo único. De esa unión, casualmente rubricada el año en que Dinamarca consigue una Eurocopa a la que había accedido de rebote, salió una lista de objetivos. El primero, estar entre los 3 primeros de la Danish Superliga cada temporada y clasificarse para competiciones europeas, lo consiguieron con relativa rapidez. Segundo y tercero, mantener una economía responsable y jugar un fútbol atractivo, también. Pero el último y más complicado: liderar en vanguardia el ataque danés a las competiciones europeas, entendiendo ataque como una ofensiva potente y no una mera participación, eran palabras mayores. Con la victoria del conjunto dirigido por Stale Solbakken el martes ante el Panathinaikos (3-1), cruzaron esa barrera. El FC Copenhagen ganó el partido más importante de su corta historia, llegó hasta donde ningún equipo danés había alcanzado jamás y pasó el horizonte de sus anhelos, antes anclados en fase de grupos, a un siguiente nivel.
El Copenhage es el único invitado sorpresa a los octavos de la Champions League. Quizá no compitiera en el grupo más feroz, pero sus excelentes partidos ante el Barcelona insinúan que podría haber repetido actuación en cualquier otra tesitura. Puede que su trayecto se acabe aquí, pero ahora disponen de dos meses de dedicación exclusiva a preparar el cruce europeo. La Danish Superliga, de la que son líderes destacados, frena hasta principios de marzo. Conviene recordar que sus estadísticas en la liga regular son estremecedoras. 51 puntos, 15 victorias, 3 empates y ninguna derrota. El Odense, segundo, sólo suma 32 puntos. En Europa tampoco les ha ido mal. Perdieron en el Camp Nou y en Kazán, pero siguen inexpugnables en el Parken.
Es complicado destacar individualidades por encima del conjunto. Solbakken probablemente no estaría de acuerdo en alzar a uno por encima de los demás, pero si el escogido fuera Jesper Gronkjaer, no discreparía tanto. Le recordamos por lo que fue, algunos por lo que presumía ser. Ahora vive un retiro dorado en su país, donde no se le exige cada semana y puede elegir cuando explotar la velocidad que aún retiene. No es toda, pero tampoco es poca. Gronkjaer es lo que los niños que juegan en los alrededores del Parken quieren llegar a ser algún día. Jugar en España, en la Premier League o con la selección danesa, llevar la camiseta blanca y el número diez a la espalda. Si visitas la Supper Shoppen del estadio, la postal que compras y cuelgas en tu habitación junto a la de Pablito Aimar, no puede ser otra que la del extremo original de Groenlandia, al que en su juventud dijeron que podía ser un buen velocista.
Después están los goles de senegalés N’Doye, los desdoblamientos por banda de Wendt, la insistencia de Pospech, la llegada de Vingaard, Bolaños… El Parken se afea de cerca, pero qué bien se lo pasan por dentro.








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#1 Carlos Pérez dijo,
9 diciembre 2010 9:49 am
Yo estuve en Copenhague este verano y pude visitar el Parken, pero no pude hacer una visita guiada por el estadio. Sin embargo, vi una puerta abierta, apareció un jardinero y nos llevó hasta un córner para explicarnos algunas cosillas interesantes sobre el estadio. Un crack el jardinero (que era inglés, así que pudimos entendernos perfectamente).
Me compré una sudadera, mi sudadera de la suerte de los exámenes jajaja. Incluso escribí hace no mucho un artículo sobre el tema.
Un saludo!
#2 Pol Gustems dijo,
9 diciembre 2010 10:33 am
@Carlos Pérez
Pues ahora me paso. No tuve tanta suerte, ni había visita ni pude entrar.
#3 desde la barrera dijo,
9 diciembre 2010 9:43 pm
El campo por dentro es de los más bonitos de Europa
#4 Copenhague – Chelsea: sorpresa contra perseverancia » Diarios de Futbol dijo,
22 febrero 2011 12:40 pm
[...] de hoy depende su desempeño futuro. Aún no ha sido derrotado en casa y un buen resultado en el Parken Stadion puede espolearlos en la vuelta ante un equipo inglés que ya no es el que fue no hace mucho. [...]