Cada quince días y de la mano de Classic Football Shirts: la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.
Veintidós jugadores en el campo pero tú siempre solo. Debajo de los palos, encuadrado en una fotografía sin brillo. Si las cosas van bien serás un espectador de lujo. Si tienes mucho trabajo es que tu equipo no funciona. Eres lo que queda cuando al resto ya no le queda nada. Siempre a medio camino entre el milagro y la vergüenza. Marcado desde niño por un mal bote, por el balón que se desliza entre las piernas hasta la red, por la salida en falso, por las manoplas blandas. Encajar un gol duele, pero a nadie como a un portero. Cada gol es un allanamiento de morada, una visita desagradable en su espacio doméstico. Y por si fuera poco, como si los porteros no tuvieran suficiente con los tiros con efecto, las faltas directas, los resbalones, los cabezazos a bocajarro, las cesiones y las salidas en la que el delantero deja la bota; los modistos deportivos se dedican a inventar camisetas imposibles. Disfraces. Escarnios noventeros que acabaron por hundir la carrera de Seaman o, para su desgracia, nos hicieron fijarnos demasiado en aquel portero impredecible llamado Jorge Campos.
Viendo las camisetas del especial de porteros de Classic Shirt me horroriza el desprecio por el buen gusto de algunas marcas. Pero como en un cuadro de Pollock, cuanto más miro, más me engancha el atentado policromado y geométrico. Recuerdo a Schmeichel vestido por hummel en el arco danés, a Pagliuca echando por tierra años de elegancia italiana, a James venciendo a las musas y a sus propios fantasmas con esta puñalada de Adidas, o a Seaman moviendo el bigote como un ratón, pensando que algo olía mal en este diseño de la no siempre vilipendiada lo suficiente Nike. Si ya es difícil mantener el aplomo en el campo, si es difícil ordenar a la defensa, culpar a la zaga, corregir posiciones y garantizar el liderazgo entre una banda de bobos millonarios, qué dificultad tendrá hacerlo con esas elásticas lisérgicas. Sin embargo, estos extraños estampados dan personalidad a quien los porta. Dicen que para ser portero hay que estar un poco loco, y a lo mejor es verdad. El mexicano Campos diseñaba sus propias camisetas, su retorcida mente estaba un paso por delante de Dalí y un paso por detrás de Mondrian. A todas luces un genio, un pionero en esto de disfrazarse de algo bizarro para salir al campo. De marcar diferencias para no pasar desapercibido en un deporte que aplaude a los delanteros y murmulla cuando interviene el cancerbero.
Afortunadamente, hay porteros sobrios, aunque parezca un oxímoron. Podemos recordar la elegancia de Buffon, la de Barthez, la del no suficientemente aplaudido Walter Zenga, o la habitual moderación de Víctor Valdes. Casi todos ellos herederos del primigenio estilo de los porteros, el negro crudo de Yashin o como mucho el verde inglés de Grobbelaar o el rompedor pero austero amarillo del gran Gordon Banks. Si hay un portero que, salvo pequeños deslices, ha vestido con arreglo a su condición, ese ha sido un ídolo de infancia. Oliver Kahn consiguió transmitir confianza a sus compañeros gracias, en parte, a estas camisetas de aplomo y seguridad. Nada de faralaes ochenteros, nada de caer en la tumba donde cayeron Given o Rossi. Lo suyo era otra cosa, muy serio, muy alemán.
Muy aconsejable todo esto para ustedes, porteros que me leen, que buscan el hábito ideal para asombrar en las pachangas de fútbol 7. Que están cansados de las risas burlonas cuando el balón se pasea por entre las piernas, guardametas abandonados en los corners, que intentan frenar el anárquico arranque de los laterales, que ven los palos desnudos en las faltas laterales, que tras un paradón meritorio ven como el rebote no es luchado en la segunda jugada, arqueros que se han tragado un penalti a lo Panenka por el estúpido compañero de trabajo que tuvo talento para hacer algo más en el fútbol y que ahora paga su frustración humillándole sobre el rectángulo de hierba artificial. Para ustedes son estas camisetas, un portero no es un portero si al salir al campo no se cree su función. Elijan equipo y elijan estilo. Hortera o sobrio, colorido o monocromo, caleidoscópico o aburrido, pero profesional en todo caso.








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#1 lele dijo,
19 noviembre 2010 1:36 pm
se podria hacer un analisi de la portada de Marca de hoy….jajajaja cada dia son mas ridiculos
#2 NIPO dijo,
19 noviembre 2010 2:33 pm
Madre mia!! Si te pones a ver ese especial raro es no acabar con epilepsia! Que mareo de camisetas extrañas.
Destaco:
No creo que muchos delanteros le marcasen gol a este portero
http://www.classicfootballshirts.co.uk/specials/goalkeeper/1997-98-crystal-palace-gk-shirt-m-42054.html
Esta inglesa es de traca
http://www.classicfootballshirts.co.uk/specials/goalkeeper/1993-95-england-yellow-gk-shirt-shorts-bnib-y.html
Sunderland :S
http://www.classicfootballshirts.co.uk/specials/goalkeeper/1994-96-sunderland-gk-shirt-m-36459.html
Y, lo siento, pero soy anti porteros vestidos de negro, viva la alegría en el fútbol! Y evidentemetne la de Schmeichel me encanta!!!
#3 Rafael dijo,
19 noviembre 2010 3:08 pm
Yo, como portero aficionado y coleccionista de camisetas de fútbol, te agradezco esta entrada, y al mismo tiempo me pongo de acuerdo contigo en la gran mayoría. Creo que en los 80 y principios de los 90, a los porteros, siempre jugadores especiales, se les dejaba una gran libertad en cuanto a la vestimenta. Hoy, las grandes marcas producen modelos genéricos que los porteros de todo el mundo llevan por igual, pero anteriormente las camisetas sí que se presentaban a personalizaciones (¿quién no se acuerda de la camiseta de Chilavert con el diablo de Tasmania de la Warner, al mono Navarro Montoya con su caricatura conduciendo un camión, o del propio Campos, al que habéis mencionado? Por no hablar del loco Gatti, ese es un caso aparte…).