DDF pretende ofrecer una ventana con vistas al fútbol modesto durante esta temporada 2010/11. Pondremos nuestros ojos, nuestra ilusión y, sobre todo, nuestra más sana curiosidad en el devenir del Club Deportivo Saldaña, un equipo de la Primera Provincial de Palencia, al que seguiremos y alentaremos, compartiendo su día a día con todos vosotros.
La temporada avanza inexorable. Nos metemos en los meses crudos del invierno castellano. Los días se acortan. Cuando el sol se mete, mediada la tarde, el termómetro cae sin remisión. Nos coloca a escasos grados sobre cero, algunos días incluso rompemos la barrera del negativo. Pero el fútbol no se detiene. Como es lógico, aquí, en estas categorías, no se entrena a las 11 de la mañana. Se entrena a partir de las ocho de la tarde, cuando los jugadores han acabado sus respectivas jornadas laborales. Hay quien se pasa 10 horas bajo el frío o la lluvia, colocando ladrillos o cuidando ganado, y después tiene los ánimos y los arrestos suficientes como para vestirse de corto y dar cuatro patadas a un balón del que sabe que nunca jamás le llevará a ser nadie.
Pero, más allá de la parcela deportiva, la gestión de un modesto club de pueblo como el Saldaña conlleva no pocos problemas burocráticos e institucionales. Compaginar el trabajo desinteresado de un grupo heterogéneo de personas a las que, en muchos casos, únicamente les une su pasión por el fútbol, trae consigo disputas y enfrentamientos inevitables. Las personalidades chocan, y siempre termina resintiéndose el más débil: la institución deportiva.
El ofrecer parte de tu tiempo libre (en ocasiones más del inicialmente previsto) para sacar adelante una empresa tan ingrata como es la de un desconocido club de categoría provincial, todo ello de manera completamente altruista, no merece que nadie se lleve malos ratos. Es un mal común a la mayoría de estos pequeños clubes deportivos el del anquilosamiento y el inmovilismo, máxime si la tradición ‘cultural’ de la zona ha sido siempre la de la pusilanimidad, la del ‘vamos a ver qué pasa’… Día a día se dejan pasar oportunidades de crecer como institución. A veces por desconocimiento o falta de tiempo. Otras, las más, por simple y pura desidia.
Las posibilidades reales son las que son. La masa social de alrededor de 150 socios (quienes pagan anualmente una cuota de 22 euros para los caballeros y 15 las damas) no permite hacerse muchas ilusiones de crecimiento. Tampoco la colaboración de las empresas de la zona, prácticamente inexistentes más allá de la pequeña empresa familiar, o de las instituciones públicas permite elevar la vista demasiado. Así las cosas, la vida es una condena perpetua a deambular por categorías sin nombre, a vivir en un bucle continuo, sin principio ni final, sin objetivos ni metas. Y alimentar la ilusión cuando no se tienen metas que conseguir (porque dichas metas quedan fuera del alcance), sería una tarea inviable incluso para la mejor versión del motivador Mourinho.
Pero, pese a que en muchos casos el adiós de una sola persona puede significar el hundimiento del club, la vida en el equipo sigue. Los partidos siguen disputándose con las habituales penurias. Está claro que el equipo ha pegado un bajón con respecto al magnífico rendimiento de la temporada anterior. Y cuando el rendimiento decae, cuando los resultados no terminan de llegar, cunde el desánimo. Las ‘deserciones’ comienzan a ser una práctica habitual, cuando el invierno incita tentador a quedarse en casa. No son pocos los entrenamientos en los que apenas se juntan 8 o 9 jugadores. Es un síntoma de que todo sigue igual, de que jamás se conseguirá crecer, de que el club ha tocado su (bajo) techo.
Disputados siete partidos de liga, el Saldaña ocupa la mitad de la tabla de su grupo, con 10 puntos de 21 posibles. Hacer goles cuesta un horror, y los partidos fuera de casa se han convertido en una quimera. El próximo domingo se rinde visita al líder del grupo, el intratable Frómista (cuyo nombre sonará a más de un amante del arte), todo un clásico de la categoría que sólo ha cedido un empate en estos siete partidos y que, desde hace años, mantiene heridas abiertas con el CD Saldaña.
P.S: Me gustaría terminar esta entrada con un mensaje de ánimo para Mariano, nuestro central (en la foto que encabeza el artículo), quien hace un par de semanas sufrió una aparatosa lesión por la que tuvo que ser operado y que le va a impedir jugar y, sobre todo, trabajar. El fútbol le sigue esperando.








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#1 emedepan dijo,
12 noviembre 2010 1:05 pm
Vaya, no nos podemos librar de Mourinho ni en una entrada sobre el Saldaña
Es broma, de nuevo un muy buen artículo. Lo de los entrenamientos de 7-8 personas (esas deserciones según avanza la temporada y se pierden partidos…) en invierno a las 22h de la noche me lo conozco muy bien. Aunque el frío de Barcelona no es nada comparable al que debe hacer en Palencia…
Por cierto, puede ser que en la siguiente frase te hayas liado?: “Nos coloca a escasos grados bajo cero, algunos días incluso rompemos la barrera del negativo” Si estamos a escasos grados bajo cero, ya hemos roto la barrera del negativo, no?
#2 Borja Barba dijo,
12 noviembre 2010 1:11 pm
@ emedepan
Efectivamente, mientras escribías tu comentario ya lo he corregido
#3 Robert Martínez dijo,
12 noviembre 2010 1:42 pm
Como entrenador de un equipo de categoría territorial puedo vivir en mis propias carnes lo que se describe en este magnífico artículo. Tal vez le restaría cierto dramatismo. Los jugadores, por lo general, vienen voluntariamente porque les encanta el fútbol. Y el ocio siempre es motivo de celebración.
#4 Borja Barba dijo,
12 noviembre 2010 1:47 pm
@ Robert
Todo depende de a qué “se haya educado” a los jugadores desde jóvenes. Si se les ha educado en el sentido de que esto es una excelente opción de pasarlo bien y participar de un elemento de ocio colectivo, estupendo. Pero hay quien, ya en estas categorías, se lo toma con una importancia desmesurada. Lo de los entrenamientos de 7 u 8 personas no lo considero dramático, lo considero real. Se sufre semana tras semana.
#5 Robert Martínez dijo,
12 noviembre 2010 2:03 pm
@Borja Barba
Fundamentalmente estoy de acuerdo en todo lo que has dicho. Como mucho podría abrir un debate sobre si la educación del deportista es tan importante como sus inclinaciones naturales. Hay jugadores impermeables que no son capaces de entender el contexto en el que se encuentran y que reaccionan de forma desproporcionada en los partidos y los entrenamientos. En parte creo que tiene que ver con su carácter y no sólo con los valores que algunos educadores les han intentado inculcar. Al fin y al cabo uno acaba absorbiendo aquello que le es afín, mientras que las ideas contrarias a su naturaleza acaban siendo desechadas con el tiempo.
Lo de los entrenamientos de 7 u 8 personas son clásicos cuando hay partidos de Champions. O a causa de los hijos, las novias/mujeres y el trabajo, el dichoso trabajo. Pero la mayoría no se suelen escaquear porque sí. O eso prefiero pensar.
#6 Borja Barba dijo,
12 noviembre 2010 2:27 pm
@ Robert
Naturalmente, habrá de todo… Eso sí, para mí, ausentarse de un entrenamiento para ver un partido en la tele, siempre me parecerá una falta de respeto para el resto de los compañeros que sí han asistido y para el entrenador