Es como ese incómodo sofá de la casa de tu abuela, o como el cuadro con escena de caza que preside perenne el comedor de tus padres. Da la sensación de que lleva ahí toda la eternidad. Inmutable, eterno. Las cosas pasan, pero él permanece. Alessandro Del Piero (Conegliano, Italia, 1974) ilustró las paredes de las habitaciones de muchos de los que sobrepasamos con creces la treintena allá por nuestra adolescencia. Por eso, verle ahora, a una semana de cumplir los 36 años, rompiendo marcas históricas con la Juventus de sus amores, siendo una vez más decisivo para una Vecchia Signora a la que nadie mejor que él sabe honrar y respetar, es un motivo de indisimulable alegría.
Dieciséis años en la Serie A (exceptuamos, claro está, el año de destierro en Serie B padecido por los bianconeri hace tres temporadas) y otros tantos sentando cátedra sobre los céspedes de toda Europa dan para un sinfín de recuerdos y anécdotas. Los difíciles primeros años a la sombra, alargadísima, del gran Roberto Baggio, su primera tripletta ante el Parma en su primer año como futbolista de la Juve, la confianza de Lippi y la toma definitiva de galones en la temporada 1995/96, primera ya sin Robby Baggio en las filas juventinas y coronada con la consecución de la Liga de Campeones. Allí había futbolista para mucho tiempo.
Quizá el punto de inflexión en la carrera de Pinturicchio fuera aquel destrozo ligamentoso de su rodilla izquierda que le hizo perderse toda la temporada 1998/99. Aquella lesión frenó en seco su, hasta la fecha, imparable progresión. Afortunadamente, y una vez superada su convalecencia, Alex Del Piero repuntó su carrera de la mano, una vez más, del regresado Lippi. Fueron años oscuros, de acusaciones de dopaje encubiertas y de supuestos problemas musculares nunca del todo evidentes. Lo que sí es cierto es que en aquella época se puso de manifiesto un inusitado crecimiento muscular en el hasta entonces menudo cuerpo del mediapunta juventino. Quizá su cuerpo no pudo soportar un exceso de masa muscular impropio de un futbolista de sus condiciones físicas y técnicas. No cabe duda de que aquel borrón ensombreció la carrera de Del Piero. Es la historia de siempre. Una supuesta filtración, una velada acusación, pueden hacer tanto o más daño que un dopaje demostrado y comprobable.
La temporada 2004/05 supuso el comienzo de la cuesta abajo. Con Fabio Capello en el banquillo de Delle Alpi, Del Piero comenzó a ser discutido incluso por su propia afición. Perdió el sitio en la azzurra y comenzó a ser un asiduo del banquillo bianconero. Tuvo que ocurrir una catarsis tal como la generada tras levantar la tapa del Moggi-gate para que Alex recuperase el crédito desperdigado entre lesiones, banquillos y tensos procesos de renovación de contrato. Su fidelidad al club, su falta de duda a la hora de decidir permanecer en la plantilla para ayudar al equipo a retornar a la elite junto a Nedvěd, Buffon o Camoranesi, supusieron la penitencia idónea para el genial futbolista del Véneto. Un año de purgatorio fue suficiente para que la estrella bianconera retomase el prestigio perdido.
De vuelta a la Serie A, Del Piero asumió con naturalidad su rol de estrella veterana. Apariciones puntuales, dosificadas con inteligencia. Pequeñas dosis de genialidad que llevaron a la Juve a una recuperación meteórica en la recuperada categoría. No fue para tanto el trauma. Fe de ello puede dar el Real Madrid de Bernd Schuster. Confiado de la pérdida de potencial de su archienemigo transalpino tras su año de ‘desintoxicación’, el Madrid salió contundentemente abofeteado de su doble enfrentamiento frente a los juventinos, en la Liga de Campeones 2008/09. Alex, recuperado, interpretando su papel como nadie, salió aquella noche ovacionado del Bernabéu. Un lujo al alcance de muy pocos escogidos.
Este pasado fin de semana, Alessandro Del Piero culminó su leyenda reventando una nueva marca histórica de su equipo. Con el definitivo gol ante el Milan, con el que la Juve hacía suyo el choque ante los rossoneri, Pinturicchio agrandaba su leyenda erigiéndose como máximo goleador de la historia del equipo piamontés en Serie A, 179 goles, superando a Gianpiero Boniperti. ‘I record sono finiti’. Los records se han acabado, pero la leyenda no hace sino agrandarse.







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#1 Teje dijo,
2 noviembre 2010 3:25 pm
¡Grande Del Piero! Jugador eterno y de leyenda, sin duda.
P.D. La definición -por decir algo- de Sissokho, en la jugada del gol, es infame.
#2 NIPO dijo,
2 noviembre 2010 6:10 pm
Magnifico artículo, aunque creo que ningún repaso a la trayectoria de Alessandro (aunque se centre en su carrera bianconera) debe obviar aquel Alemania – Italia en el mundial 2006
#3 Full Norbert dijo,
2 noviembre 2010 7:59 pm
Y aunque no lo tuviéramos en posters y apenas superemos los veinte, gente de mi edad también se alegra un montón de ver a Del Piero seguir jugando y, encima, batiendo récords. Todo un clásico.
#4 ElDiez dijo,
3 noviembre 2010 1:11 pm
Yo reconozco que siempre fue uno de mis favoritos… Un genio dentro de un fútbol que no es dado a hacer estas concesiones. Y se retirará con un gran palmarés y un legado de goles imposibles (roscas inverosímiles, faltas, voleas, regates…) Insisto, con Del Piero no soy objetivo jaja
#5 mf dijo,
29 diciembre 2010 12:57 am
estaría bueno ya que hablan del moggigate, que hicieran un articulo sobre la evolucion de los acontecimientos en el proceso de Napoli (proceso legal y no deportivo), donde se esta “destapando” que ni los malos eran tan malos ni los buenos eran tan buenos… como en todas las ligas del mundo… como en la española donde juega en primera un equipo que compro su pasaje….