Hay un tipo de entrenador al que le gusta tener todo bajo control, que ordena más que asume, al que le gusta ver en el césped lo que ha ideado en su cabeza. Sólo eso. Si la pelota se sale de la trayectoria que había imaginado, tiene sudores. Para él, un extremo izquierdo juega en el extremo izquierdo. Que un jugador intente una acción diferente al plan es un riesgo. Si le sale bien, perfecto. Si le sale mal, grito, bronca y en caso extremo, cambio. Siguiendo el camino de esta generalización, hay otro perfil de técnico que asume más que ordena, acepta las particularidades del once que dispone y quiere que sus jugadores tengan iniciativa legislativa. Jugar en el extremo izquierdo no implica no poder aparecer por el derecho. Juzgar al primer entrenador es fácil, pues sus ideas prevalecen sobre el juego del equipo. En cambio en el segundo caso la responsabilidad está mucho más repartida. Ahora, que el entrenador se valga de esa posición liberal para culpar las decisiones de sus jugadores, es trampa. Después de todo, siempre hay un máximo responsable y si se producen decisiones en el terreno de juego que él no comparte, es porque así lo ha querido.
En el fútbol inglés, una de las acciones en las que está proliferando esta exculpación son los lanzamientos de penalti. En la segunda jornada de la Premier League, el Manchester United visitó el siempre difícil Craven Cottage. Con 1-2 en el marcador, los red devils tuvieron un penalti para sentenciar el partido. Lo tiró Nani y lo paró Stockdale. De haber ganado el United, quizá el debate se habría quedado ahí. Pero en el minuto 89, el central del Fulham Brede Hangeland, que se había marcado un gol en propia meta cinco minutos antes, cabeceó un córner y empató el partido. Alex Ferguson, excusando el resultado, habló del penalti: “Pensaba que Ryan Giggs lo tiraría. No sé porque Nani lo hizo”. Podía parecer otra más del lenguaraz técnico escocés, pero este fin de semana el entrenador del Arsenal, Arsène Wenger, le copió la táctica. Su equipo ganaba en el Stadium of Light de Sunderland y en el minuto 74′ tenía una pena máxima para ampliar su ventaja. Cesc Fábregas se había lesionado en la primera mitad y el penalti quiso tirarlo Rosicky. El checo lo envió a las nubes y el Sunderland empató el partido en el último suspiro. Al término del partido, un hábil reportero le preguntó a Wenger sobre el penalti: ¿Esperaba que Rosicky lo tirara? A lo que el técnico alsaciano respondió: “No, Nasri. Supongo que lo tiró porque la falta se la hicieron a él”.
Entiendo que ambas declaraciones son sinceras, pero no me parece bien querer excusar un resultado con decisiones de los futbolistas. Si en el momento del penalti hubieran manifestado su deseo, ni Rosicky ni Nani los hubieran tirado. Pasar cuentas a posteriori al jugador que lo ha fallado, que ha querido esa responsabilidad, es injusto y contraproducente. Es actuar como un entrenador de órdenes habiendo asumido previamente. Echando la vista atrás, el ahora entrenador del Chelsea, Carlo Ancelotti, protagonizó un peculiar episodio sobre este asunto. Jornada 19 de la temporada 2002-2003, el Milan recibía en casa al modesto Modena. Avanzada la segunda mitad, el partido seguía 0-0, pero en el minuto 76′ el árbitro pitó un penalti a favor del Milan. Ese día el especialista en esas acciones, Andrea Pirlo, estaba en el banquillo. En la cancha estaban Rui Costa, Rivaldo o Tomasson, buenos lanzadores. El danés ya tenía colocado el balón en el punto fatídico, pero Carlo mandó parar el lanzamiento. Cogió a Pirlo, que no había prácticamente ni calentado y le ordenó que saliera al campo a tirar el penalti. El futbolista, que no salía de su asombro, salió apresurado, plantó el balón y marcó el penalti. No hubo quejas.
Video | @dasorher






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#1 Pol Gustems dijo,
22 septiembre 2010 4:31 pm
Ayer en Carling Cup el Arsenal tuvo dos penaltis. Los lanzó ambos Nasri y anotó. http://bit.ly/9CJZQm
#2 Deivi dijo,
22 septiembre 2010 9:28 pm
Sobre el tipo de entrenadores del que hablas en la primera parte del artículo, me viene a la cabeza el reportaje de Informe Robinson sobre Cruyff, al que una vez preguntaron como defendía los córners y este respondió algo así como “no lo sé, pregúntele a Zubizarreta que es el portero”. Su idea era sencilla, si el portero es el encargado de defender la portería, tiene que ser él el que decida como se defienden ese tipo de acciones y asumir esa responsabilidad.
Como ven es un estilo totalmente alejado del tipo de entrenadores metódicos y controladores que piensan que pueden dominar todas las facetas del juego, olvidándose que como juego que es existe una parte de azar y otra de improvisación. Aunque yo creo que ni tanto, ni tan poco.