De vez en cuando, en el pequeño Britannia Stadium de Stoke-on-Trent suceden cosas extraordinarias. Muy de vez en cuando, insistimos, porque en el condado de Staffordshire, en el corazón de la Gran Bretaña, el Stoke City apenas ha podido celebrar un título en su extensa historia. El segundo club más antiguo de Inglaterra, primera casa de Sir Stanley Matthews, levantó la Copa de la Liga en 1972, y gracias. Incluso, la entidad llevaba 23 años sin pisar la máxima categoría hasta que Tony Pulis lideró el festejado ascenso de 2008.
Aquel ascenso fue una de las pocas cosas extraordinarias que suceden, de vez en cuando, en el Brittania Stadium. Con ese recuerdo compiten los majestuosos saques de banda de Rory Delap, es cierto, y desde el lunes, una noche de emociones al límite, con un único protagonista, ya mentado, un técnico del montón para un equipo del montón, el veterano manager galés del Stoke: Tony Pulis.
Pulis fue un central de carrera mediocre, habitual en categorías bajas, que mediante la fórmula de jugador-entrenador saltó del césped a los banquillos. Gillingham, Bristol City, Porstmouth, Plymouth Argyle… Su trayectoria abunda en la modestia, hasta aquel ascenso, y en lo previsible (juego directo, cruces dialécticos, alguna bronca…), hasta la cuarta jornada de esta Premier.
Al descanso, el Stoke era un equipo profundamente deprimido. Colista, no había sumado un solo punto y perdía en casa frente al Aston Villa. Era un equipo, además, sin guía, ya que su entrenador se ausentaba en el banquillo, velando como estaba el cuerpo de su madre, fallecida esa misma mañana. Sin embargo, algo cambió cuando al salir de los vestuarios asomó Pulis y se plantó junto a la línea de cal, con el rictus tenso y serio, mascando chicle y cubriéndose la cabeza con una gorra. El Britannia estalló en una ovación unánime y emocionante, y quizá cantó otra vez aquello del “There’s only one Tony Pulis”. Sea como fuere, es indudable, mutó el aire del partido, y los locales avanzaron de modo agónico hacia la victoria. El Stoke no empató hasta el 81, gracias a un testarazo de Kenwyne Jones. Y en el último minuto del añadido, Robert Huth, aquel defensa alemanote que Mourinho situaba de ariete en el Chelsea en casos de emergencia, cazó una pelota suelta en el área para firmar el primer triunfo del año y para confirmar, ya nadie lo duda, que en el pequeño Brittania Stadium de Stoke-On-Trent suceden, de vez en cuando, cosas extraordinarias.






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#1 FutbolGol dijo,
15 septiembre 2010 2:11 pm
Gran historia, muy profesional el mister, a veces el fútbol trasciende de ser un mero deporte.
Un saludo desde: Futbolgol.
#2 Agustin dijo,
15 septiembre 2010 4:59 pm
Qué Grande! Definición al más puro estilo Pipo Inzaghi
#3 JR dijo,
16 septiembre 2010 5:15 pm
Hay veces que el fútbol trasciende el campo, los jugadores, la pelota. Y una muestra es lo que ocurrió en el estado del Stoke City, o como mínimo lo que ocurrió para tus ojos. Genialmente escrito, votaría el artículo para los clásicos de los clásicos!