
Holanda. Subcampeona. Seis partidos ganados y uno perdido, doce goles a favor y seis en contra. Goleadores: Sneijder (4), Robben (2), Kuyt, Van Persie, Huntelaar, Van Bronckhorst y dos goles en propia puerta.
Lo mejor: capacidad de supervivencia en los peores momentos frente a equipos superiores, la rapidez de las combinaciones en ataque y la fidelidad a su idea de juego.
Lo peor: el rosario de navajazos en la final, una mancha negra e indeleble en una de las camisetas más gloriosas y queridas por los aficionados. Como dijo Carlos Martínez: “a esta Holanda el fútbol no le debe nada.”
La estrella: Wesley Sneijder. Tan iluminado como el resto de la temporada, ha demostrado cómo ser jugador franquicia sólo con pase, tiro y llegada.
El momento: la ocasión fallada por Robben en el mano a mano con Casillas en la final, decisiva en la consecución del campeonato, y que mostró una de las pocas carencias de un jugadorazo.
Japón. Octavos de final. Dos partidos ganados, uno empatado y otro perdido, cuatro goles marcados y dos encajados. Goleadores: Honda (2), Endo y Okazaki.
Lo mejor: la atractiva propuesta de Okada, la efectividad en las jugadas a balón parado y el poderío físico mostrado por la selección.
Lo peor: que el miedo desnaturalizase su juego en el octavo de final contra Paraguay, y les sumiese en la misma onda anodina que a muchas otras selecciones mundialistas. De poco les sirvió.
El mejor: Keisuke Honda. Tomando el relevo de Nakamura, dejó multitud de detalles que hablan de un media punta fino y talentoso con capacidad para voltear partidos.
El momento: el tercer gol ante Dinamarca, de rara belleza, que confirmaba la presencia del equipo en la segunda fase tras un partido colosal.
Dinamarca. Caída en la primera fase. Un partido ganado y dos perdidos, tres goles a favor y seis en contra. Goleadores: Bendtner, Rommedahl y Tomasson.
Lo mejor: su manera de lanzarse a tumba abierta frente a Camerún en el segundo partido. Era su única oportunidad.
Lo peor: la sensación de que la columna vertebral de la selección son futbolistas ya muy pasados, y un rosario de fallos defensivos intolerables en un equipo de cierto nivel.
La estrella: nos quedamos con la gran actuación de Dennis Rommedahl frente a los leones indomables. Un jugador ciclotímico, que ese día reventó la banda derecha.
El momento: el penalty de Tomasson en el último partido, que entró tras remacharlo y causó lesión en el delantero, es una buena alegoría de lo que queda de la otrora “Dinamita Roja.”
Camerún. Eliminada en la primera fase. Tres derrotas, con dos goles marcados y cinco encajados. Goleador: Eto’o (2).
Lo mejor: la primera media hora del partido frente a Dinamarca, un oasis en medio del horror absoluto.
Lo peor: problemas internos en el seno de la selección, declaraciones extemporáneas, Eto’o a un nivel bajísimo… el peor equipo del Mundial junto a Corea del Norte fue una fuente de malas noticias.
La estrella: difícil destacar a un jugador camerunés. Quizá algunas arrancadas de Achille Emaná.
El momento: podemos quedarnos con el primer gol de Samuel en un Mundial que no recordará con demasiado cariño.






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#1 pol dijo,
18 julio 2010 7:16 pm
Yo creo que el estilo violento de Holanda no se vio sólo en la final, sino a lo largo del campeonato. En general sus partidos tuvieron poco ritmo, producto de constantes faltas, o teatro de sus jugadores, o las quejas a los arbitros.
#2 NIPO dijo,
18 julio 2010 7:31 pm
Holanda, dentro de su juego, hizo un mundial de libro
#3 figu1 dijo,
19 julio 2010 1:30 am
Eto’o ya marcó en el Mundial de 2002, frente a Arabia Saudí… por tanto no es su primer gol en un Mundial
#4 figu1 dijo,
19 julio 2010 1:30 am
Eto’o ya marcó en el Mundial de 2002, frente a Arabia Saudí… por tanto no es su primer gol en un Mundial
#5 Alberto dijo,
19 julio 2010 12:27 pm
@figu, por eso dice, ojo a la coma, “…con el primer gol de Samuel en un Mundial que no recordará con demasiado cariño” y no “…con el primer gol de Samuel en un Mundial, que no recordará con demasiado cariño”.
#6 Kurono dijo,
19 julio 2010 7:25 pm
Pues me centraré primero un poco en Dinamarca y Japón. De los daneses esperaba algo más de chispa, vamos, la “Dinamita Roja” tenía potencial ofensivo. Pero como siempre, el equipo está viejo y la base no son estilistas como los Hnos. Laudrup sino jugadores como Christian Poulsen, ni un punto de comparación. Sintomático fue la lesión de Thomason, y el terror defensivo contra Holanda. Toca renovarse… o morir y desaparecer del mapa futbolístico como ya lo han hecho las selecciones de Serbia, Rep. Checa o con anterioridad Bélgica
Por su parte Japón demuestra que en el extremo oriente hay muchísimo potencial unido a un crecimiento tremendo del fútbol, lo completamente opuesto a la gran promesa africana, que llevan 20 años con la intención de comerse al mundo y luego nada, como lo que le pasó (p.e.) a Camerún, con un juego indigno. Como siempre, el técnico japonés decidió utilizar una táctica demasiado conservadora y hasta cobarde contra Paraguay. Takeshi Okada hizo bien en aceptar su equivocación, pero creo que debió continuar, que puede seguir creciendo junto a una generación de futbolistas japoneses jóvenes y muy dotados.
Bueno, con Camerún su juego indigno, técnico cobarde y jugadores sin ninguna sangre, son de lejos uno de los peores equipos de todo el torneo (solamente por encima de Corea del Norte). Y de Holanda, pues llegaron a la final, un éxito, pero no así su manera de llegar. Algunos comparan a esta “Naranja golpeadora” con el equipo que significó anti-futbol en la historia de los mundiales: La Argentina de Burruchaga y Maradona en el Mundial de Italia 90. E incluso van más allá y creen que la supera. Independientemente que Argentina haya sido uno de los equipos que menos goles anotó para jugar la gran final (4) y menos partidos ganados (únicamente 2), el combinado argentino pasó a la historia por un record de cartulinas amarillas y rojas acumuladas durante el torneo: creo que 26 amarillas. Pues Holanda se queda en 23 o 24, pero algunos dudan que esa sea la cantidad que merecían, sumando el hecho que algunas de ellas debían ser rojas o hasta cárcel (como la patada de Nigel de Jong a Xabi Alonso). En fin, triste final al mito de la “Naranja Mecánica”, el equipo simpático que a uno le daba pena que perdiera los títulos, ahora es un equipo odioso que provoca alegría cuando muerde el polvo, culpa del señor Van Markjik (lo escribo de memoria, no se si está incorrecto)