Cada semana y de la mano de Classic Football Shirts: la tienda especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.
Por si a alguien se le había olvidado que 1) por primera vez en nuestra larga historia estamos en semifinales de un Mundial; 2) que no va ser cosa fácil eso de meterse en la final (¡final!)y 3) que nos la jugamos contra nada menos que la selección de un país que se llama Alemania (¡Alemania!), nombre que inspira eficiencia, fuerza, profesionalidad y saber hacer hasta tal punto que un gran delantero inglés acuñó una definición del fútbol que decía que éste era un deporte en el que siempre ganan los alemanes, por si a alguien se le había olvidado, decimos, hemos decidido dedicar nuestra sección “Camisetas Clásicas” de esta semana a la también conocida como la Mannschaft.
Vayamos hasta principios de los ochenta, tiempo feliz de nuestra infancia, para recordar en primer lugar aquella zamarra completamente blanca, con las tres franjas de Adidas en las mangas, con la que los germanos del oeste (aviso a navegantes imberbes sorprendidos: Alemania un día estuvo dividida por un muro apelado “telón de acero”, podéis comprobarlo en Wikipedia y tuitearlo después) disputaron los Mundiales del 82 y del 86 –era el mismo diseño con pequeños matices- y con la que cayeron derrotados en las finales de ambas ante Italia y Argentina, encajando en cada una nada menos que tres golitos del ala.
Alguien en el país de la razón pura debió de pensar que aquel equipaje tan aséptico en blanco y negro no acojonaba lo suficiente a los rivales y decidió incluir en el que se vestiría el siguiente Mundial dos colores nuevos: rojo y amarillo. Ahórrense las suspicacias quienes sospechen que al que esto suscribe le achanta la rojigualda. No, ni mucho menos, hacía referencia los dos colores que anteriormente faltaban en la camiseta alemana para formar la bandera de su país, esa que recorrería en Italia 90 el pecho de cada uno de sus jugadores a la altura del corazón. Con ella primero cayeron honrosamente en casa en su Eurocopa ante la mejor Holanda que uno recordará nunca. Sin embargo, con esa misma alzaron, tras la tercera final consecutiva jugada, por tercera vez en su historia el título de campeones del Mundo. Tal fue el éxito, que la presencia de los colores de la bandera en la camiseta de manera más o menos evidente ha sido una constante desde entonces.
Sin embargo, veinte años –de dice pronto- han pasado desde que los germanos levantaran la Copa del Mundo en Roma y en este tiempo y Alemania no ha vuelto a llevarse a casa el más ansiado de los trofeos. Cierto es que ha jugado una final y ha organizado un Mundial –en el que quedaron en un deshonroso (para un germano) tercer puesto-, pero eso no es para ellos suficiente.
Esperemos que tengan que esperar, no obstante, y que dentro de diez años escribamos en DDF sobre la camiseta actual, en nuestra sección de camisetas clásicas diciendo que la de hoy es la camiseta que recordaremos porque con ella Alemania cayó en semifinales ante España.
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#1 Fran Rodriguez dijo,
5 julio 2010 1:05 am
Quizá no sea ni de lejos la más bonita de todos los tiempos pero desde luego la de la foto fue para mí el primer flechazo en lo que a camisetas se refiere.
#2 Sir Geoff Hurst dijo,
5 julio 2010 2:31 am
Lo mismo me pasó a mí. Fue la primera camiseta, que yo recuerde, que se salía de los típicos convencionalismos a la hora de vestir a los jugadores. Con esa bandera alemana recorriendo el pecho de manera lineal, los de Adidas comenzaban una nueva era en lo que a diseño y merchandising, consecuentemente, se refiere.
A un gran amigo mío se la regalaron. Creo que no era verdadera y yo debía rondar los diez u once años, pero recuerdo que tuve por primera vez en mi vida la asquerosa sensación de la envidia insana. Desde entonces, he ido acumulando una pequeñísima, debido al precio de las zamarras en cuestión, colección de camisetas futboleras de la que me siento profundamente orgulloso. De vez en cuando, las saco, las miro, las arreglo un poco y las devuelvo al cajón en el que esperan fielmente un ataque mío de nostalgia.
Un saludo,
Sir Geoff Hurst