- El problema es que en África la gente sólo conoce futbolistas, y nadie sabe quienes son héroes como Lumumba, Senghor, Nyerere, Nasser…
Onifade hablaba con la mirada en el horizonte, del que sólo se despegaba para buscar en mí gestos de aprobación, para seguir con el hilo de lo que estaba diciendo. Yo le escuchaba y asentía. De hecho, es lo que llevaba haciendo toda la tarde: asentir sus palabras. De tristeza, porque el viaje hasta España, realizado pocos meses antes había sido infructuoso; de resignación, porque ya sabía que en breve sería deportado a su Nigeria natal; de esperanza también, porque decía que el regreso, aún forzado, si era lo que Dios quería, no podía traerle nada malo.
– Y Kwame Nkrumah –me atreví a añadir.
- ¡Oh!… Nkrumah… -respondió, y en su rostro apareció una sonrisa-. ¡Sobre todo Kwame Nkrumah!
No era un día para discutir, pues probablemente no nos veríamos en años -sigo sin verle desde entonces- y no quise llevarle la contraria, pero de hecho, Kwame Nkrumah, el primer presidente del África negra independiente, hizo mucho porque el nombre de los futbolistas fuera muy conocido en el continente. Tanto que hoy, cuando he pensado en escribir un texto en el que intentar mostrar lo que supondría para Ghana y toda África el pase de las Estrellas Negras a semifinales, me he visto obligado a retrotraerme hasta su figura, tan grande que, avisamos, no cabe en un artículo como el nuestro. Abocetemos, pues, sólo unos trazos referidos a esto del balón.
Kwame Nkrumah llegó al poder como líder electo de la nueva Ghana independiente en 1957, año en el que fue elegido Primer Ministro mientras aún estaba en la cárcel por fomentar la disidencia frente a la metrópoli. Formado en Estados Unidos, donde llegó a vivir como un homeless –de ahí el título “Sin techo en Harlem” del reportaje sobre su figura escrito por Ryszard Kapuscinski en el que cuenta que Nkrumah no tenía puertas en su despacho y recibía a quien quisiera acercarse-, y donde se licenció en filosofía, Nkrumah fue el creador de una doctrina de resistencia activa pero pacífica frente al poder colonial y uno de los impulsores del llamado pan-africanismo, que reivindicaba la unidad política y cultural de África más allá de las diferencias, así como su papel en el futuro internacional como tercera vía frente a los bloques capitalista y comunista. De ahí el término “tercer mundo”, que nació lleno de esperanza como alternativa sendos bandos de la Guerra Fría. En este sentido, una de sus citas más célebres es: “no miramos hacia el este ni hacia el oeste: miramos hacia el futuro”
Nkrumah reivindicaba la identidad autónoma del africano no sólo en la vertiente política, sino en todos los niveles, incluido el cultural –las ideas de la négritude estaban muy presentes en su discurso- y, por supuesto, el deportivo. Era muy consciente de que siglos de esclavismo y humillaciones habían dañado enormemente el ego del hombre negro y pronto se dio cuenta del poder del deporte en general y del fútbol en particular para cimentar un imaginario colectivo que sirviera no sólo para reivindicar el poder y las posibilidades de futuro de África, sino que sirviera para contribuir a eliminar las diferencias entre las diferentes etnias y pueblos que conformaban Ghana, creando héroes comunes, héroes compartidos.
Así, para lograr el objetivo de hacer del deporte una vía de fortalecimiento de la identidad africana, Nkrumah creó algo parecido a un ministerio de deportes, que dejó en manos de Ohene Djan –uno de los estadios más importantes del país lleva su nombre actualmente-, a quien encargó la creación de una Federación, una copa local y un combinado nacional que en 1958 se afilió tanto a la CAF como a la FIFA. Igualmente, en las manos de Djan estuvo el plan de fortalecimiento del fútbol ghanés, que pasaba por formar a técnicos y jugadores en los fundamentos del juego. Para ello, se programaron varias visitas de equipos de fútbol europeos y jugadores famosos a Ghana –el Fortuna Dusseldorf hizo una gira, el Real Madrid disputó un amistoso y Sir Stanley Matthews visitó el país y fue coronado como “rey del fútbol”- y se llegó a un acuerdo con la República Democrática Alemana para que varios técnicos y jugadores se formaran allí. Entre ellos, estuvo Charles Gyamfi, quien tras jugar un año en el Fortuna de Dusseldorf, se hizo cargo de la selección nacional como entrenador.
De su mano, Ghana venció su primera CAN en 1963, en un torneo organizado, además, en casa –la foto de Nkrumah junto al equipo campeón estuvo presente durante años en las viviendas de toda Ghana- y la siguiente, en 1965, celebrada en Túnez, convirtiéndose en la primera selección no local en ganar una CAN. Fue en aquel momento cuando se comenzó a llamar al equipo ghanés “estrellas negras”. El mote hacía doble referencia a su calidad sobre el campo como a la estrella que habita en la bandera nacional, un símbolo de la unidad de África en homenaje al movimiento de la Black Star Line del líder negro jamaicano Marcus Garvey.
Esa segunda Copa de África, sin embargo, tenía un regusto amargo, pues el que se había convertido en el mejor equipo africano de todos los tiempos, no iba a competir en el Mundial de 1966 debido al boicot de los equipos africanos al mismo, tras el dictamen de la FIFA de que el campeón africano debía disputarse la plaza en la fase final del Mundial con el campeón asiático. Obvia decir que ese boicot fue impulsado por Kwame Nkrumah. El precio fue alto: no se pudo competir de tú a tú con los grandes equipos mundiales, pero la reivindicación, empero, era justa.
Al año siguiente, en 1966, Kwame Nkrumah fue derrocado en un Golpe de Estado realizado mientras se encontraba de gira por Asia, en el que al parecer, la CIA –que cinco años antes había colaborado en el asesinato de Patrice Lumumba- tuvo un importante papel. Nunca más regresó a Ghana. Vivió el resto de su vida exiliado en Guinea –acogido por el régimen de Ahmed Sékou Touré-, siguiendo trabajando en torno a la idea de una África unida. Murió en 1972, en un momento en que en África ya no era sinónimo de esperanza de futuro, sino de cruda realidad. Sin embargo, su memoria se extiende en el tiempo y siempre será recordado como uno de los grandes líderes de la liberación africana, quizá como el gran líder. Algo en lo que, como hemos visto, algo tuvo que ver el fútbol.
- Creo que en África, mucho más importante que cuestiones económicas, lo fundamental es recuperar la esperanza –dijo Onifade.
- Aquí hay un dicho que reza que es lo último que se pierde –obervé.
- Pues allí hace tiempo que la mayoría la perdimos.
Por eso quiero que hoy pase Ghana –aún con tristeza por mis amigos uruguayos-. Por eso ansío que un día un equipo africano logre llevarse un Mundial. Porque la victoria –la de hoy, la de un posible mañana- será un símbolo en torno al cual se puede seguir creyendo en un “sí, se puede” que en este continente es necesario mucho más allá del fútbol. Por eso hoy, si pasa Ghana, me alegrare mucho, muchísimo, porque habrá sido un paso, pequeño en la realidad pero enorme en lo simbólico, hacia en horizonte del sueño de Kwame Nkrumah.






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#1 martin(foro) dijo,
2 julio 2010 1:37 pm
Para mi la figura de Nkrumah tiene mucho más oscuros que claros, es un ejemplo de lo que pudo ser y no fue en Africa, y de que una cosa es la teoría y otra la practica. Al final se convirtió en otro dictador más, con bastante de megalómano (me da miedo cualquier culto a la personalidad), destrozando de paso la economía local de paso.
Para eso, me quedo mucho antes con Houphouët-Boigny (que tampoco era un santo ni le faltó el toque megalomano con esa supercatedral), pero que dejo a su país en una posición mucho mejor con una política mucho más inteligente.
#2 Dadan Narval dijo,
2 julio 2010 1:47 pm
Para opiniones están estos temas, Martin, pero no estoy de acuerdo. Nkirumah fue, es y será uno de los mayores símbolos de la lucha contra el colonialismo y una identidad africana no dañada.
¿Que una cosa es la teoría y otra la práctica? En aquella época sobre todo, con los dos bloques jodiendo. En el “pudo ser y no fue” de Africa también tiene que ver mucho, demasiado, el intervencionismo de Europa, USA y la URSS. En el caso de Nkrumah, también.
#3 martin(foro) dijo,
2 julio 2010 2:03 pm
@Dadan: En ningún momento digo que no sea uno de los mayores símbolos de esa lucha, pero se quedo en eso, en símbolo, cuando tuvo un país en sus manos…a mucha gente le sucede eso por otro lado, Lech Walesa por ejemplo, que seas una figura de una lucha no significa que valgas para gobernar. Pero sus hechos como gobernante y sus medidas deben desmitificarlo (al menos como presidente, no como símbolo de la independencia), si no nos engañamos a nosotros mismos, entiendo que admires su figura, pero lo que hizo luego…
Otra cosa es lo que apuntas, si tuvo alguna posibilidad con el tiempo que le toco, y mas siendo, se puede decir, el primero, al que le toco ponerse en marcha. Seguramente no (aunque seguro que lo pudo hacer mejor), los que van detrás pueden aprender de los errores de sus antecesores, el que marcha delante solo puede caerse y levantarse.
Eso si, sin negar para nada el intervencionismo y lo complicado de navegar entre los bloques, tampoco se debe dejar de lado que el problema supremo de Africa es su estructura, ese tribalismo que convierte cualquier posibilidad de modernización en una quimera, si uno ve las elecciones de casi cualquier pais africano, por muy democraticas que estas sean, no se vota ideologias, se vota etnias, así es imposible cualquier mejora