Cada semana, y de la mano de Betfair.com, os ofreceremos los partidos más interesantes del fútbol mundial, con especial atención a todos aquellos que os manejáis en el mundo de las apuestas on-line.
A estas alturas del campeonato, cualquier resultado es posible. El juego de especulaciones en las primeras rondas ya no sirve para nada en este combate. Si besas la lona te vas a la calle. Sin segundas partes, sin mayor duelo. Alemania y Argentina continuarán sus históricas rencillas sobre el césped del Green Point Stadium. Si miramos atrás podemos hablar de dos estilos contrapuestos, los sudamericanos siempre tuvieron mayor querencia por el balón, por la genialidad determinante. Alemania arrastra la leyenda de ser un equipo mecánico, certero, que constriñe el talento, que sustituye el fútbol impredecible por un fútbol frío pero inexpugnable. Hasta ahí lo que dice la historia, pero en este Mundial de Sudáfrica las cosas están siendo tergiversadas por dos entrenadores antagónicos. Dos modelos futbolísticos que mañana se juegan un puesto en las semifinales de la Copa del Mundo.
Maradona sigue un planteamiento parvulario. Sus mejores hombres juegan en posición de ataque. El medio campo, sin un 10 de talla mundial, anda un poco demacrado. En la defensa no cuenta con jugadores exultantes, más bien una panda de futbolistas aguerridos y concienciados. Agitándolo en la coctelera sale una táctica que ha demostrado ser rentable. Que el talento se traduzca en goles y que del centro del campo hacia atrás no haya miramientos. Heinze, Mascherano o Demichelis se ocupan de eso, de quemar el pasto con sus tacos. Mientras, Messi, Higuaín y Tévez que sigan marcando goles. Cuatro partidos y cuatro victorias. Como en un patio de colegio. Sin la brillantez de otros años pero moviéndose como un bloque. Maradona, estrella en el backstage del campeonato, no parece un mago de la estrategia, pero sus métodos laxos y su relación de macarra con los compañeros parecen haber prendado a los internacionales. Andan a una con el jefe. Abrazos, dedicatorias, cariño hacia un ídolo que ha sabido gobernar amablemente a los suyos. Se les ve felices, comprometidos y frescos sobre el campo. La soberbia del líder ha servido para unir lo que parecía desunido. El viento sopla a favor y está entrando prácticamente todo, los defensas marcan, el portero es fiable, Verón mantiene los galones. El favoritismo no le viene grande. Maradona se alimenta de aplausos, de alabanzas que refrendan una actitud de outsider, de perdedor con suscripción perpetua a la redención, llevando el timón de una generación maravillosa que lo venera. El Pelusa es historia viva del mundial, y habla como tal, con la elevación de una persona que se sabe importante. Su grupo se ha contagiado de vitalidad, de optimismo. Atrás quedó la angustia por la clasificación, la rebeldía de la afición contra un dios venido a menos. En el Mundial Argentina está demostrando ser candidata a todo. Y Maradona, igual que lo fue en los tiempos sombríos, es más protagonista que sus propios hombres.
En el otro lado está Alemania. Los que siempre están. La frase de Lineker se ha convertido en dogma. Si bien Joachim Low ha conseguido sacar al equipo de su habitual corsé. Su apuesta por jugadores diferentes, con un perfil menos cuadriculados y más talentoso, está funcionándole. Mezclan las virtudes habituales del fútbol alemán –achique de espacios, juego rápido en la contra, solidez defensiva, aprovechamiento del balón parado- con esos destellos impredecibles de sus estrellas. El tanto de Özil ante Ghana va en la línea de lo expuesto. La irrupción de Müller, el despliegue habitual de Podolski en el equipo nacional, y la reubicación de Schweinsteiger, han aportado distintas soluciones a la creación germana. No es aquel equipo hermético y lento de las últimas grandes citas. Ahora no sólo pasan rondas, sino que gustan con su juego. Salvo el tropezón inesperado ante Serbia, Alemania ha sabido disfrutar de su fútbol, goleando a Australia y venciendo en un partido revalorizado ante Ghana.
Mañana no hay favoritos. Son dos potencias futbolísticas. Dos campeonas del mundo que han demostrado estar en forma para afrontar los tres últimos partidos del Mundial. Argentina saldrá con Mascherano en el centro dándole equilibrio al conjunto. Tal vez Jonás en la derecha tratando de encerrar al conjunto germano por uno de los flancos. Con Verón fundamental en el centro para hacer frente a la potencia de Khedira y con los tres virtuosos arriba. Tévez, Higuaín y Messi. El del Barça está cuajando un buen campeonato. Le falta el gol, esa guinda que consagra a los mejores, pero su verticalidad y su rapidez son una perpetua amenaza para el rival. Mertesacker y Friedrich no son dos centrales excepcionalmente rápidos. Lahm puede ser vital para domar a la pulga. También Boateng, que ha robado protagonismo a Badstuber -tras su affaire Krasic-, si Lio decide alternar las bandas. Alemania tiene mucha fe en Özil, una de las revelaciones del campeonato. Y siempre confiará en Klose. El goleador sobreactúa con la camiseta germana. Lleva dos goles y está entonado. Su participación será determinante para voltear un encuentro que, en mi opinión, está ligeramente inclinado hacia Argentina.
La albiceleste parte con ventaja en las apuestas. Su victoria se paga a 2.44 por los 3.35 de Alemania. Se prevé un partido con goles, por la vocación ofensiva de ambos equipos. Para Betfair el gol de Messi se paga a 2.56 y el de Klose a 3.5. Aunque veo interesante jugársela a dos jugadores con capacidad anotadora como Özil y Schweinsteiger. El primero a 6.6 y el jugador del Bayern a 8.6.






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