Ayer debutó Corea del Norte en Sudáfrica, así que es un buen momento para recordar su participación en 1966, cuando dejaron auténtica huella. Fue como una enorme fábula, el empate ante Chile, la victoria ante Italia –sorpresa mayúscula donde las haya-, el pase a cuartos de final, y ese 3-0 inicial con el que vencían a Portugal antes de que Eusebio tomara cartas en el asunto y los mandase a casa con un póker. Todo es una leyenda alrededor de ese equipo: que cambiaban jugadores en los descansos aprovechando el parecido físico, que tuvieron que dormir en un convento católico porque estaban tan seguros de perder que no habían reservado hotel tras la primera parte… seguramente mitos cuya existencia hace justicia a la impronta que dejó aquel equipo. Por eso nos alegramos de la dignidad con la que se han batido hoy.






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