Puede tratarse, quizá junto al penalty de la final de 1990, de la jugada más polémica de la historia del fútbol. El balón de Hurst que botó bajo los palos de Tilkowski es casi seguro que no entró, pero tanto el árbitro Dienst como su linier Bakhranow dieron por bueno que sí lo hizo y concedieron el gol que abrió de par en par a Inglaterra las puertas de “su” Mundial. Se abría así una cadena de enfrentamientos entre ingleses y teutones que ha constituido una de las pugnas más apasionantes de la historia del torneo, y se acuñaba por primera vez el concepto de gol fantasma, que ha pasado a convertirse en folklore del fútbol. Nosotros, al menos, nos alegramos por el hombre del que partió el balón.
Historietas de los mundiales: goles que no fueron (III) |
jun
11 |
Etiquetas: Alan-Ball, Geoff Hurst, Gottfried Dienst, Historietas de los Mundiales Permalink
Trackback
|
Secciones: Diarios de Futbol, Historia, Sudáfrica 2010 |
« Grupo D: Alemania, volver a la élite por la segunda vía | Cervezas Futboleras »






RSS