Nelson Antonio Haedo Valdez, que en la clasificación para el Mundial marcó a Uruguay, Ecuador, Bolivia, Venezuela y Argentina, sabe lo que es sufrir. Valdez fue un niño pobre de Caaguazú que, a los 15 años, agradeció que la opinión de su padre se impusiera a la de su madre, para obtener el permiso pertinente y viajar a Asunción, enrolándose en las filas del Club Atlético Tembetary. Valdez dormía allí en un camastro, bajo la tribuna del estadio, prácticamente a la intemperie, ocultando por teléfono las penas a su familia y acumulando goles para matar la desazón. Cumplidos los 18 años, un empresario le embarcó destino a Alemania. Al otro lado del charco, tras un amago de rechazo, a Valdez le salvó la sangre. El presidente del Werder Bremen estaba casado con una paraguaya, que convenció a la dirigencia para que otorgasen el beneficio de la duda al recién llegado. En su primer partido, Valdez marcó cuatro goles, uno por el hambre de éxito, otro por el hambre de fútbol, otro por el hambre que había pasado, y el último por el hambre que no quería volver a pasar. Cuatro, para quedarse, y para que el ininteligible idioma alemán y el duro invierno de Bremen fueran anécdotas sin peso, perfectas para contar cada Navidad, de regreso al pueblo, la tarde en la que cada año reúne a unos 1.500 niños y les regala balones, muñecas y golosinas. ¿Por qué? Porque sabe lo que es sufrir.
Lo sabe Valdez y lo sabe (casi) todo Paraguay. Es el país que sobrevivió a la brutal carnicería de la Guerra de la Triple Alianza, mediado el XIX, cuando entre Argentina, Brasil y Uruguay eliminaron a más de la mitad de la población paraguaya, muriendo el ¡noventa! por ciento de su parte masculina. Es Paraguay un país con la piel curtida, duro, valiente y eficiente, más de morder que de pasar la lengua, y así es también su selección de fútbol, que validó su billete con autoridad, concediendo menos de un gol en contra por partido, con la solidez defensiva como principio fundamental.
Pero Paraguay no es sólo ya pierna fuerte, cerrojo, y puñales ocasionales. Si todo nace en el padecer, ahora desemboca en el disfrute. Es el aroma que ha inculcado Gerardo Martino, el seleccionador argentino, que ha maniobrado con tiento para, sin perder el armazón, sacudir el antaño adormecido espíritu atacante, mascado desde un centro del campo en el que Riveros es la aguja, y Santana el faro que ilumina el poder ofensivo del mentado Valdez, del tallo Cardozo y del eternamente familiar Roque Santa Cruz, a la espera del aporte de última hora del asimilado Lucas Barrios, que ha encontrado una plaza tras la desgracia de Salvador Cabañas.
Porque Cabañas, máximo goleador paraguayo en la fase de clasificación, con seis tantos, también sabe, por desgracia, lo que es sufrir. Quien fuera dos veces “pichichi” de la Copa Libertadores (2007 y 2008), y elegido mejor futbolista de América en 2007, fue tiroteado en un bar de Ciudad de México por “El JJ” y “El Paco”, en enero. Al borde del precipicio de la muerte, Cabañas sobrevivió, y continúa recuperándose con lentitud, y con una bala incrustada en su cabeza. El ex guardameta internacional José Luis Chilavert, en ese sentido, resume el sentir generalizado: “Cabañas tiene personalidad, tiene coraje, tiene gol. No se amilana. Es el prototipo del paraguayo aguerrido, agresivo. Es una pena que a los delincuentes que intentaron asesinarlo no se les haya podido encontrar”.
La lista:
Porteros:
Justo Villar (Valladolid)
Aldo Bobadilla (Independiente Medellín)
Diego Barreto (Cerro Porteño)
Defensas:
Julio César Cáceres (Atlético Mineiro)
Denis Caniza (León)
Darío Verón (UNAM)
Paulo da Silva (Sunderland)
Claudio Morel (Boca Juniors)
Carlos Bonet (Olimpia)
Aureliano Torres (San Lorenzo)
Antolín Alcaraz (Brujas)
Medios:
Cristian Riveros (Sunderland)
Jonathan Santana (Wolfsburgo)
Enrique Vera (Atlas)
Víctor Cáceres (Libertad)
Néstor Ortigoza (Argentinos Juniors)
Édgar Barreto (Atalanta) *
Delanteros:
Roque Santa Cruz (Manchester City)
Óscar Cardozo (Benfica)
Nelson Haedo Valdez (Borussia Dortmund)
Rodolfo Gamarra (Libertad)
Lucas Barrios (Borussia Dormuntd)
Édgar Benítez (Pachuca)
*Ante la lesión de Barreto, Martino ha incluido también a Sergio Aquino (Libertad), que le sustituirá en caso de que el primero no se recupere a tiempo.
Lo mejor: La solidez defensiva. Paraguay no es una selección, sino un equipo. Ha encajado menos de un gol por partido, en la clasificación, sacando su billete con autoridad. Porque Paraguay no pierde, se le gana.
Lo peor: La baja de Cabañas. El delantero era el factor diferencial en la zona de ataque.
Jugador más importante: Óscar Cardozo.
Jugador a seguir: Lucas Barrios.
Pronóstico DDF: Paraguay debe pasar la primera fase. De un nivel similar a Eslovaquia, pero con mayor experiencia en fases finales, es superior a Nueva Zelanda, y puede aprovechar el titubeante momento de Italia. A partir de ahí, el objetivo es superar su barrera de octavos.
foto: fifa.com






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#1 Jorgea dijo,
2 junio 2010 10:09 pm
Chúpalo.
#2 El Paraguayo dijo,
4 junio 2010 2:08 pm
Muy linda la nota, esperemos estar a la altura de las espectativas.
#3 Mundial 2010, las notas del día (4)– fútbolWatch dijo,
15 junio 2010 11:20 am
[...] del mundo en el que probablemente fuera el partido más complicado de los tres de su grupo. Paraguay, una selección habituada a no hacer prisioneros, se mostró como un rival aguerrido, sólido, bien [...]
#4 Mundial 2010, las notas del día (14) » Diarios de Futbol dijo,
25 junio 2010 1:28 pm
[...] pero es muy destacable su otra parcela, la defensiva, sólo encajando dos tantos. En cuanto a Paraguay, el empate les valió para liderar el grupo y enfrentarse en octavos a Japón, en un cruce muy [...]
#5 Mundial 2010, octavos de final (4) » Diarios de Futbol dijo,
29 junio 2010 8:18 pm
[...] aguantado estoicamente los 120 minutos anteriores. El partido menos salado del Mundial lo ganó Paraguay, que estuvo más sereno en el momento decisivo. Ese es el tópico, pero realmente dio tal [...]