Sentado a la derecha de Dios

mourinho-inter1Cada vez que alguien me pide opinión sobre Jose Mourinho me invade el mismo dilema. Sigo sin estar seguro de si le admiro profundamente o le detesto sin contemplaciones. Quizá depende del día. De lo que estoy seguro es de que jamás me ha dejado indiferente. Siempre he encontrado argumentos de peso, que él se ha encargado de servirme, bien para elogiarlo o bien para defenestrarlo.

Puede que todo derive de su actitud maquiaveliana hacia el fútbol. Como el excelso pensador y político renacentista, el técnico portugués concibe la libertad de medios como elemento indispensable para alzarse con el poder y mantenerlo. Si entiende que las rotaciones son contraproducentes para el devenir de su equipo, fulmina a sus futbolistas más apreciados con rachas de partidos sin descanso. Del mismo modo, si concluye que apostar por un tridente ofensivo (Eto’o, Diego Milito y Goran Pandev) será la mejor arma para ganar batallas, pasa por encima de los convencionalismos futbolísticos transalpinos y de quien haga falta para morir con su idea. Y no lo hace por altanería, ni por testarudez. Lo hace porque está realmente convencido de que es lo mejor para los intereses de la bandera que defiende.

Pero alrededor del técnico de Setúbal se ha construido una figura más cercana a un personaje de ficción que a una persona real. En otro sentido, recuerda a Guardiola. Una vida y unas intervenciones guionizadas. Previstas y calculadas. Da la sensación de que cada una de las palabras y de los gestos de Mourinho tienen un porqué y un fin previamente seleccionado. De que no deja nada al azar, ni siquiera en los momentos de pasión posteriores a una victoria especial.

Su arsenal de frases para el recuerdo y de particulares momentos de gloria serviría para trazar un fiel perfil de su personalidad para todo aquel que no le conociese. Bastaría dibujar una línea que uniese escenas como la posterior a aquel gol de Didier Drogba en el Camp Nou, o aquella despedida oficiosa de la desconsolada afición del Chelsea, cuando en mayo de 2007 perdía la Premier League en el Emirates Stadium y se dirigía a la que había sido su fiel parroquia haciéndoles ver con claros gestos que lo que su equipo había logrado era como para sentirse orgulloso.

Mourinho fue fundamental en el camino que hubo de recorrer el Chelsea a mediados de la década que ahora concluye hasta convertirse en un club grande. Los millones de Abramovich, si bien ayudaron, no habrían resultado suficientes. El portugués consiguió inculcar en el club una mentalidad ganadora, de club grande, que habría sido imposible de conseguir a través de la chequera del ruso. Pero acabó consumido de éxito. Su propia voracidad requería mayores empresas. Fue cuando Abramovich decidió prescindir de sus servicios en Londres. Él nunca habría encajado en un proyecto ‘vitalicio’ como el de Ferguson en el United.

En su camino por seguir construyéndose a sí mismo, Mou aceptó el reto tendido por Massimo Moratti: hacer del Internazionale, de nuevo, un grande de Europa. Los italianos tenían las mejores piezas posibles, pero les faltaba el espíritu. Lo que no se compra, vamos. Lo que debía aportar el portugués.

Recogió el legado de Mancini en una Italia asolada. Sin rival por el título doméstico, Mourinho aceptó el compromiso de colocar a la Beneamata entre los colosos continentales. En su primera temporada, el equipo no consiguió sobrepasar los octavos de final. Nunca dio verdadera sensación de poder imponerse al poderoso Manchester United. Sin embargo, Mourinho comprendió el valor de aquella eliminación. Tal y como nos apuntase Enric González cuando le cuestionamos sobre el favoritismo de ‘su’ Inter en la máxima competición continental hace ahora tres temporadas, la Liga de Campeones la ganan los ‘veteranos’, los que rondan las semifinales durante varios años seguidos, los que se dejan ver entre los escogidos. Y eso fue lo que empezó a hacer el Inter hace ahora tres años.

Ahora el Inter es uno de esos escogidos. Uno de los cuatro supervivientes de las semifinales. Por vez primera desde hace siete temporadas. Ya ha sentado las bases pertinentes para asomarse con cierta frecuencia al club de los poderosos. Y con Mourinho, ese educador de futbolistas e inculcador de mentalidades, al frente de la nave. http://www.tb-credit.ru/kredit-na-kartu.html

14 Comments

  1. Anónimo

    20 de abril de 2010 a las 12:46 pm

    Buen post: estoy de acuerdo, y me ocurre lo mismo cada vez que toca hablar de Mou (en el bar :P).

    PD: Maquiavélico, en vez de maquiaveliano.

  2. Borja Barba

    20 de abril de 2010 a las 12:55 pm

    @ Anónimo

    Yo creo que ‘maquiavélico’ hace más bien referencia a la ‘condición de’. ‘Maquiaveliano’ tiene otro matiz que entronca más directamente con el propio personaje de Nicolas Maquiavelo..

  3. cityground

    20 de abril de 2010 a las 1:05 pm

    Borja, a mi me pasa lo mismo con Mourinho, a veces me cae horrible y otras de maravilla, pero esta claro que gente como el hace falta en el mundo del fútbol, además su valía como entrenador esta mas que demostrada.

    De los mejores entrenadores de la última década, le doy mucho merito a lo que hizo con el Oporto pero me quedo con su Chelsea de las dos primeras temporadas, una autentica maquina que le falto suerte en la Champions. Esta es su oportunidad para ganar la Champions con el Inter porque me da que no va a seguir mucho en Italia donde no ha encajado demasiado bien.

  4. Romario

    20 de abril de 2010 a las 1:11 pm

    Mourinho es como Los Planetas o la comida japonesa: o te asquea o lo amas y a veces ambas cosas al mismo tiempo..

  5. Valjean

    20 de abril de 2010 a las 1:46 pm

    Me ha encantado la comparación de Mourinho con Los Planetas… justo mientras leía el artículo estaba escuchando «Una semana en el motor de un autobús», uno de mis discos preferidos.

    Aún así, a mí me pasa lo mismo y a veces me encanta pero a veces lo detesto profundamente. Me encantó lo que hizo con el Oporto, la proeza de Old Trafford (aunque me disgustó su celebración a lo hooligan) y la final ganada con suficiencia al Mónaco. Reconozco lo que consiguió con el Chelsea, aunque es un equipo que no me cae excesivamente bien porque tira más de talonario que de tradición. Disfrutaba con los enfrentamientos a cara de perro contra el Barça, una especie de tradición de la Champions moderna, aunque detestaba sus declaraciones fuera de tono como las estupideces sobre el «teatro» de Messi… y así podríamos seguir hasta las patéticas celebraciones del gol de Eto’o contra la Juve el viernes pasado.

    A ver cómo le sale a jugar al Barça hoy. Personalmente creo que con el Chelsea acertó bastantes veces en cómo parar la maquinaria de juego azulgrana, pero en cambio con el Inter en la fase de grupos no planteó nada bien los partidos (y espero que siga así…)

    Saludos!

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  7. FutbolGol

    20 de abril de 2010 a las 3:17 pm

    Es un técnico ganador por encima de todo, su adaptabilidad está fuera de toda duda, ha conseguido ganar en 3 países distintos, cosa que muy pocos pueden hacer, polémico como pocos, sus comparecencias ante la prensa nunca dejan indiferente.

    Un saludo desde: Futbolgol: Juventud, divino tesoro.

  8. Anónimo

    20 de abril de 2010 a las 4:58 pm

    Yo creo que ‘maquiavélico’ hace más bien referencia a la ‘condición de’. ‘Maquiaveliano’ tiene otro matiz que entronca más directamente con el propio personaje de Nicolas Maquiavelo..

    Salvo que la RAE registra la primera acepción, y la segunda no. Pero oye, es tu blog 😛

  9. Anónimo

    20 de abril de 2010 a las 4:59 pm

    (Rectificando, que es de sabios) En google, sin embargo, hay un buen número de entradas que emplean «maquiaveliano», así que tan incorrecto no debe ser. Mis disculpas.

  10. Borja Barba

    20 de abril de 2010 a las 5:36 pm

    @ Anónimo

    Suelo consultar los significados de aquellas palabras que me ofrecen dudas en el DRAE. ‘Maquiaveliano’, referido al personaje, no me las ofrecía. Lo mismo que no me las ofrecería ‘shakespeariano’ o ‘becqueriano’.

    Saludos.

  11. Sergio

    21 de abril de 2010 a las 3:03 am

    jajajaja como los planetas!

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