
Paul Gascoigne, Chris Waddle, George Best, Paul Merson…Inglaterra ha tenido una especial habilidad, de siempre, para echar al mundo un tipo de futbolista muy concreto: el virtuoso de la pelota que completa los pies que Dios le ha dado con una capacidad sobrehumana para comportarse como un auténtico bufón, dentro y fuera de los terrenos de juego. Basta imaginar a ese Gazza achispado conduciendo un autobús de dos pisos por el centro de Londres con la ginebra como único copiloto en su cerebro, a Chris Waddle transmutándose en un Garrincha burlón ante la mirada impotente de algún lateral francés de la época o, mismamente, a todo un Michael Owen perdiendo los calzoncillos en una mala mano de poker para entenderlo. Cada club cuenta con su propio doctor en cachondeo, así es y ha sido siempre. Y claro, hasta el Sunderland tuvo el suyo en la figura de Len Francis Shackleton: un genio que pasó a la historia como el príncipe payaso del fútbol inglés.
Shackleton llegó al Sunderland, procedente del Newcastle, a finales de los años cuarenta. La década agonizaba y sobre la vitrina del Sunderland comenzaba a posarse un manto de polvo cada vez más tupido. Una FA Cup en el año 1937 era el último botín por el que las bisagras de la por otra parte bien surtida (6 campeonatos de primera división hasta la fecha) sala de trofeos del club norteño habían tenido que engrasarse. Los días en los que los gatos negros aplanaban implacablemente la superficie del fútbol inglés eran cosa del pasado, la directiva quería comenzar la década reverdeciendo viejos laureles y decidieron hacerlo a golpe de talonario. Y fue precisamente durante ese breve periodo, en que el Sunderland llego a ser conocido como el Banco de Inglaterra por su carácter manirroto, cuando Len Shackleton hizo acto de aparición por primera vez en Roker Park para deleite de la parroquia rojiblanca.
Desde entonces y en los once años en que vistió la camiseta rojiblanca, Shackleton tuvo tiempo para anotar más de un centenar de goles, para no cosechar ningún trofeo de verdadero valor, para correr lo justo pero, eso sí, para dejar un recuerdo imborrable en el aficionado a base de un afiladísimo sentido del espectáculo. Ejemplos de su arte se cuentan a pares. Dicen que una ocasión, durante el transcurso de un encuentro contra el Arsenal al que apenas le restaban cinco minutos de vida, se zafó de un par de rivales en el área contraria para a continuación, a sabiendas de que los suyos ganaban por 2-1, plantar la pelota en el punto de penalti, acomodar sus posaderas sobre ella y comenzar a atusarse el flequillo mientras miraba descaradamente el reloj. Jamás nadie pidió la hora al trencilla con tanto arte. En otra ocasión, no se sabe bien si menospreciando la calidad del rival o la de sus propios compañeros, se dedicó a hacer paredes con el banderín del córner como recurso para burlar adversarios.
Bufonadas al margen, hablar de Len Shackleton en Sunderland es asomarse al terreno de la mitología. Su figura ha adornado durante décadas los banderines, pósters y cromos de generaciones de chavales en la ciudad y aun hoy podemos comprar alguna chuchería relacionada con el mito en la tienda habilitada en los bajos del moderno Stadium of Light. Fue Len Schakleton un one hit wonder irrepetible. Fue aquel futbolista capaz de provocar el delirio entre los parroquianos con sus jugadas de uno contra cinco, el que más ayudo a provocar y alimentar la leyenda del “Roker Roar” -el famoso muro de sonido audible en el campo durante los días de partido que ha convertido a la hinchada black cat en la más ruidosas de Inglaterra; el genio de la pelota dispuesto siempre a intentar el último truco aprendido en los entrenamientos. También el indisciplinado y el vago. Pero por encima de todas las cosas, Shackleton, el príncipe payaso, fue un adelantado a su tiempo, quizás el primer entertainer del fútbol inglés.






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#1 Mostovoi dijo,
5 abril 2010 3:34 pm
en lo de aburrirse de marcar goles y no ganar ningun trofeo es el mismo caso que el de Alan Shearer en el newcastle.
#2 alberto dijo,
5 abril 2010 4:17 pm
Otro que no tiene nada que envidiar lo de meter goles y ganar poco es el lesionado Owen!!!!!!
En el Liverpool fue irse y ganar la Champions.Desde los banquillos.
#3 Jorge dijo,
5 abril 2010 5:10 pm
Madre mia que buena historia de “Clown Prince”.
muchos lo han sido demasiados diria yo en el futbol britanico.
Gracias por descubrirme un poquito más de historia britanica.
Un saludo
Atletico-Liverpool
The Kid Torres
#4 Capirex dijo,
5 abril 2010 6:43 pm
si señor recordando el estilo de la vida en domingo se echaban en falta estos posts del binomio mitos ingleses & espectaculo
#5 Pepe Szendrei dijo,
5 abril 2010 9:09 pm
Otro gran artículo.
Se agradece y mucho para abtraerse del Clásico. No se si tengo más ganas de que llegue por el partidazo en sí o por terminar con la insufrible previa.
#6 Manu dijo,
6 abril 2010 12:09 am
@ alberto
¿sabes cuantos títulos ganó Owen el año que le dieron la bota de oro’
#7 raul dijo,
7 abril 2010 1:02 pm
A mi me encantan estas historias de jugadores que no tuvieron que jugar en equipos grandes para ser ellos mismos grandes.
#8 Sergio dijo,
8 abril 2010 7:05 pm
@ Manu. Será el balón de oro. La bota nunca la ganó.
#9 Jim Baxter, el mejor hasta en pijama » Diarios de Futbol dijo,
20 marzo 2011 10:01 am
[...] La de histrión. Con la misma sangre corriendo por sus venas que otros ilustres entretenedores como Len Shackleton o Antonio Cassano, el flaco Baxter era un prodigio de aliños. El adorno y la provocación eran su [...]