Garra charrúa con un toque british

poyetAl futbolista uruguayo, sea cual fuere su demarcación sobre el césped, o vistiera la camiseta del equipo que fuere, siempre se le ha identificado con un arquetipo de futbolista ardoroso, corajudo, visceral, irredento. La tan manipulada ‘garra charrúa’ entronca directamente con el pueblo amerindio que ocupaba la zona del actual Uruguay con anterioridad a la colonización española: un pueblo con fuerte organización jerárquica y muy dado al levantamiento en armas.

Echando la vista atrás, haciendo fugaz repaso de los futbolistas uruguayos de cierto renombre que han pasado por nuestra Liga, no cabe duda de que esa característica de la ‘garra’ se hace patente en muchos de ellos. Desde Julio Montero Castillo, temible defensa del Granada CF en la década de los 70, hasta alguien más actual como Diego Forlán. Pasión y ardor al servicio del fútbol. Pero si tengo que personificar sobre alguien en concreto esas características tan aparentemente innatas en el futbolista uruguayo, enseguida me viene a la cabeza una camiseta blanca, pantalón azul a medio muslo, un ceño fruncido y un número 11 a la espalda.

Gustavo Poyet (Montevideo, 1967) pasa por ser el jugador extranjero que más partidos ha vestido la camiseta del Real Zaragoza (239, con 63 goles anotados). Hubo un tiempo, durante aquella década de los 90 en la que el club maño se convirtió en un clásico de la Copa y en la que consiguió el mayor hito de su historia en aquella recordada Final de la Recopa de París, en la que la sola presencia del charrúa sobre el césped ya intimidaba a los equipos rivales. Pundonor, coraje, espíritu ganador, lucha… las palabras se quedaban escasas a la hora de definir el juego de Poyet con la camiseta zaragocista. Formó durante siete temporadas una segunda línea de ataque demoledora y acabó dejando una huella indeleble en el corazón mismo de La Romareda.

Tras su intenso periplo zaragozano, a Poyet le llegó la oportunidad de jugar en una Inglaterra infinitamente menos mediatizada que la actual, futbolísticamente hablando. La Premier League ya era Premier League, pero ni los salarios eran aún como ahora ni la repercursión de un partido del, digamos, Stoke City, similar a la de hoy en día. Para muchos, Inglaterra sonaba a algo oscuro. A un fútbol que sólo los ingleses, tan cerrados en su isla y en sus costumbres, sabían y podían jugar. Aún no se había producido el masivo desembarco de extranjeros que cambiaría radicalmente al fútbol inglés a principios del siglo XXI. Todo lo más, algún jugador nórdico, acostumbrado desde la cuna a un fútbol muy similar al que se desarrollaba sobre los pitch ingleses.

Todo ello hacía que al fútbol inglés se le tomase por una especie de cementerio de elefantes. Un lugar para que las viejas glorias del fútbol continental dieran sus últimas carreritas en medio de un ambiente de fútbol insuperable. Así llegaron a la liga inglesa futbolistas como Gianfranco Zola, Gianluca Vialli, Fabrizio Ravanelli, Jürgen Klinsmann o Marcel Desailly. Y, entre ellos, Gustavo Poyet. La primera avanzadilla de lo que estaba por venir.

Poyet encajó, rápido y bien, en la estructura de un Chelsea que buscaba un hueco entre los fuertes a base de repescar talento del continente. Era el equipo de los Dennis Wise y Michael Duberry… pero también de Zola, Vialli, Di Matteo o Leboeuf. El centrocampista uruguayo sólo necesitó de cuatro temporadas en The Bridge, pese a pasarse la primera de ellas prácticamente en blanco por una lesión de rodilla, para ganarse el cariño de los aficionados Blues. Poyet se aclimató con inusitada facilidad al fútbol inglés y al peculiar estilo de vida de Inglaterra. Dejó de ser Gustavo para pasar a ser simplemente Gus, en una versión anglificada de su nombre. Y tan bien le recibió el país, y tanto encajó en la filosofía futbolística inglesa, que decidió echar profundas raíces.

Tras colgar las botas en el Swindon Town, previo paso de tres temporadas en el Tottenham, Poyet tomó la decisión de labrarse un futuro como entrenador en el país que mejores oportunidades ofrece a técnicos noveles. Formó tándem en el banquillo del Swindon con su ex compañero en el Chelsea Dennis Wise y ambos pasaron, en la 2006/07 por el banquillo de un histórico en horas bajas, como el Leeds United. Una temporada después, ya bien empapado de lo que supone un banquillo en Inglaterra, formó parte del cuerpo directivo de Juande Ramos al frente del Tottenham.

Pero el definitivo salto hacia delante, tras la experiencia fallida en los Spurs, no llegó hasta hace cuatro meses. Un ‘viejo conocido’ de DDF, el Brighton & Hove Albion, decidió ofrecer a Gus su primera oportunidad de hacerse con los riendas de un equipo como primer entrenador. Los Seagulls, actualmente en la zona baja de la League One, pretende que Poyet asiente al equipo en la categoría en el año y medio que tiene firmado. Por carácter y pundonor no va a ser.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

5 Comments

  1. E.Merino

    8 de marzo de 2010 a las 5:33 pm

    Enhorabuena por el artículo. Por ahora el Brighton & Hove Albion tiene un colchón de cinco puntos respecto al descenso y juega hoy a domicilio contra el Colchester City que va cuarto en la clasificación. Esperemos que tengan suerte y se salven, me alegraría por Poyet y por Iñigo Calderón (ex Dep.Alavés), que forma parte de la plantilla. ¡Un saludo!

  2. tubilando

    8 de marzo de 2010 a las 7:08 pm

    63 goles en 7 temporadas nos da una media de 9 goles/temporada. En la Premier logró 36 en 4 temporadas manteniendo el promedio. Es decir, sin jugar en un equipo grande (el Chelsea no lo era aún) mantuvo una regularidad extraordinaria durante más de una década. Cuando llegó a Inglaterra tenía 30 años y sufrió una grave lesión, lo que da aún más valor a este rendimiento.

    Julen Guerrero, Fernando y Poyet coincidieron en la demarcación, en una época y en el extraordinario rendimiento que ofrecieron.

  3. El Pase De La Muerte

    8 de marzo de 2010 a las 7:20 pm

    Me entra un cosquilleo cuando sé de algún jugador mítico que se embarca en su aventura como entrenador… ojalá le vaya bien a Gus, parte de mi pasión por el Chelsea se inició con él.

  4. Dirceu

    8 de marzo de 2010 a las 9:06 pm

    ¡Enhorabuena por el magnífico artículo y ojalá que a Gustavo Poyet le vaya muy bien como “manager”!

    P.D. ¿Por qué será tan difícil desprenderse del acento de la lengua materna? En muchos casos, no se borra ni a base de años en el país cuya lengua se ha aprendido. Por lo menos la sintaxis de Poyet es más que correcta. Aquí tenemos a Cruyff y a Antic cuyo acento y sintaxis siguen siendo de lo más peculiares y conste que los dos han hecho cosas grandes en el banquillo. Hablar bien no es lo importante. Está claro.

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