En cuatro de los cincos momentos más felices de su carrera, el alemán Jens Lehmann, que esta noche custodiará a sus 40 años el arco del VfB Sttutgart ante la visita del FC Barcelona al Mercedes-Benz Arena, se tiró a su izquierda.
En Renania del Norte-Westfalia, en el corazón industrial de la región de la cuenca del Ruhr, están situadas Essen y Gelsenkirchen, y sólo diez kilómetros de distancia las separan. En Essen, nació Jens Lehmann cuando expiraba la década de los sesenta. En Gelsenkirchen, defendiendo la camiseta del Schalke 04, se convirtió en lo que todavía es: portero. Desde adolescente, en los ochenta, creció bajo los palos del antiguo Parkstadion del centenario club alemán. El Schalke le debe el único título continental de su historia. En el partido de vuelta de la final de la Copa de la UEFA de 1997, en la tanda definitiva de penalties, el chileno Iván Zamorano pateó inseguro, y Lehmann se tiró a su izquierda.
La primera final de Copa que se celebró en el imperial estadio de Wembley, en 1923 en Londres, la disputaron Bolton y West Ham, y el protagonista fue un caballo blanco. En 2005, con las obras en marcha del nuevo Wembley, la final de FA Cup se trasladó al estadio del Milenio, en Cardiff. Era sábado, y 21 de mayo, y el Arsenal de Arsene Wenger logró frente al Manchester United de sir Alex Ferguson el que, hasta el momento, es su último trofeo. Con Cesc Fàbregas titular dos semanas después de cumplir 18 años, pero sin goles en el tiempo reglamentario, y sin goles en la prórroga, sólo una de las penas máximas no terminó en la red. Fue la que lanzó Paul Scholes, y la que adivinó Lehmann, a la derecha.
En el último partido de Champions League que se jugó en el viejo Highbury, en 2006, Kolo Touré marcó el único gol de un Arsenal que mantuvo la puerta a cero. En la vuelta de la semifinal, ante el Villarreal en el Madrigal, los de Wenger se encastillaron en torno al portero que mejoró el registro de minutos imbatido en la máxima competición europea. El asedio local alcanzó el cénit casi en tiempo añadido, cuando José Mari cayó en el área y el árbitro señaló el punto de penalti. Ahí, sobre la cal, posó la pelota Juan Román Riquelme, dispuesto a enviar la batalla a la prórroga con la inercia ganada. Riquelme disparó con la diestra, a la izquierda de Lehmann, que voló para convertirse en héroe, y para ganar el pase a la final de París.
Alemania, tres veces campeona, organizó su segunda Copa Mundial de la FIFA en 2006. La pugna por el puesto de titular en la selección dirigida por Jurgen Klismann fue brutal y cainita, entre Oliver Kahn y Jens Lehmann, quien fue finalmente la apuesta del entrenador. Ya veterano, pero aún digno e imponente con sus brazos de aspa de molino, Lehmann se agigantó en los cuartos de final, ante Argentina. Plantado bajo el travesaño, sosteniendo la esperanza de su país en los hombros, esperó para saltar a la izquierda tras los lanzamientos de Fabián Ayala y Esteban Cambiasso, en la tanda definitiva, en el estadio Olímpico, antes de que el cielo mutase en azzurro sobre Berlín.
Será una sombra de lo que fue, pero es más que un tío que no controla sus esfínteres.






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#1 anita dijo,
23 febrero 2010 1:03 pm
¿no había una leyenda negra que decía algo así como que los alemanes habían robado informes de los argentinos y que sabían por donde tiraba los penalties cada uno de los jugadores albicelestes?, o aslgo así…, no sé, me suena de algo
#2 Enrique Ballester dijo,
23 febrero 2010 1:20 pm
ni idea anita, supongo que será lo que dices, una leyenda
#3 Elwood dijo,
23 febrero 2010 1:39 pm
@Anita
Lehmann descubrió después de aquel partido que tenía en un papelito la forma en que cada chutador argentino lanzaba los penalties y que lo utilizó mirándolo antes de cada lanzamiento en esa tanda. Pero, que yo recuerde, el famoso papelito nació en la propia selección alemana, con el legendario Maier haciendo los informes de los delanteros rivales y, ya en los partidos de eliminación directa, estudiando los penalties. No fue ningún robo a los argentinos.
Para mi, desde luego, es un grande, grandísimo portero en la historia del fútbol alemán y hasta europeo. En Villarreal deben tenerle una tirria total.
#4 Ramón Flores dijo,
23 febrero 2010 1:46 pm
Yo también había oído la historia tal como la cuenta Elwood, todo un ejemplo de profesionalidad de los alemanes. Lehmann tiene que ser un tipo muy, muy peculiar
#5 anita dijo,
23 febrero 2010 1:50 pm
@elwood
muchas gracias, mucho mejor así, sin robo
#6 Rodri dijo,
23 febrero 2010 2:14 pm
Dijeron eso en TVE. ¿Pero cómo iban los argentinos a apuntar semejante cosa en un papel?
#7 an_dario dijo,
23 febrero 2010 2:18 pm
@Elwood
No era Köpke el preparador de arqueros de la Mannschaft en aquél entonces?
#8 Elwood dijo,
23 febrero 2010 2:55 pm
@an-dario
Creo recordar que Köpke (éste también merecería un artículo por aquí, Enrique) era el preparador de porteros, en un staff en el que también estaba Maier y alguno más que no me acuerdo.
#9 Land Decover dijo,
23 febrero 2010 3:08 pm
Lehman es un gran portero para los penaltis, pero que deja todo los años demasiados errores de bulto para un portero de su categoría
#10 El Pase De La Muerte dijo,
23 febrero 2010 7:15 pm
Y Torres se plantó solo delante del alemán, y este se tiró a su izquierda, y no la paró.
Gran artículo.
#11 LiNks dijo,
24 febrero 2010 11:08 am
@ Rodri
No es que los argentinos apuntaran eso hombre.
Es que el preparador alemán estudio los lanzamientos de penalti de cada jugador argentino y apunto en un papel hacia donde era mas probable que lo lanzara. Y eso es lo que uso Lehman.
#12 José Mari: Reciclarse o morir » Diarios de Futbol dijo,
6 febrero 2011 9:43 pm
[...] (provocó el penalti que falló Riquelme, la noche en la que Lehmann se tiró a la izquierda -valga como símbolo-), y la incertidumbre le rodeó cuando tuvo que sumergirse en la oscuridad profunda de la Segunda [...]
#13 José Mari: Reciclarse o morir dijo,
7 febrero 2011 3:48 am
[...] (provocó el penalti que falló Riquelme, la noche en la que Lehmann se tiró a la izquierda -valga como símbolo-), y la incertidumbre le rodeó cuando tuvo que sumergirse en la oscuridad profunda de la Segunda [...]