
Cientos de miles de niños pateando un balón sobre tierra amarilla. Camisetas descoloridas, el dorsal borroso tras los lavados, interminables viajes en autocar, calcetas remendadas, vender lotería del club a los vecinos, el peso de las derrotas infantiles, los amigos que siempre juegan mejor, el minuto de gloria que no llega mientras el sol enciende el banco metálico donde pasas las tardes del sábado esperando el momento de entrar al campo, el momento de demostrar algo de lo que todos dudan. Recoger los balones después, ducharse, pensar en el partido del próximo fin de semana. Año tras año, ídolo tras ídolo, soñando con debutar en un campo de césped ante la afición ruidosa, salir en los cromos, imaginar tu apellido en el pro o en una esquina del periódico. El fútbol es un viaje intenso que casi nunca conduce a nada. Es estadística. Son pocos los que se visten de corto sabiéndose protagonistas de un juego global. Todos hemos fantaseado con vestir la camiseta de nuestro club y trabajamos con ese objetivo, más o menos duramente, en nuestra niñez. Por eso cuando ayer leí que Mutu había decidido bajarse voluntariamente del Olimpo futbolístico, sólo pude sentir rechazo, aversión irracional, espanto. Ni censura por su dopaje, ni pena por las consecuencias de su acto, ni la más mínima consideración hacia un futbolista que logró llegar alto y que ahora desciende, escalón a escalón, de un status privilegiado.
Es una sensación difícil de explicar. Mutu lo ha tenido todo para rendir a un buen nivel en el fútbol europeo. Tiene técnica, velocidad y gol. Paciencia en el juego, templanza, y una posición donde brillar, la zona de ataque. Ha estado en los mejores equipos de Italia, en Parma, Inter y Juve, en el pujante Chelsea y ahora en una Fiorentina que, entre otras cosas, sigue viva en la Champions. Ídolo de su país, estrella del equipo viola, futbolista por encima de todo. Pero qué difícil es mantener la constancia, el itinerario inalterable. Me pregunto si la redención es un concepto invisible en el mundo del fútbol. Primero el consumo de cocaína mientras defendía la camiseta azul en Stamford Bridge en el 2004 y ahora un positivo por sibutramina, un estimulante para evitar el hambre, un tachón definitivo en el periplo futbolístico del rumano.
Ahora sólo queda la batalla legal, encontrar resquicios en las normas, buscarle las cosquillas a la Agencia Mundial Antidopaje, alargar artificialmente la vida en activo de un jugador que puede despedirse de esta sonrojante forma de su carrera deportiva. Ayer, cuando leía la noticia, no pensaba en Mutu, ni en sus goles ni en su cerebro desvencijado. Sólo pensaba en todos los jugadores que se quedan en el camino, que no llegan al nivel donde ha llegado Adrian. Ser futbolista es un privilegio, un trabajo excepcional, y no hablo de dinero ni nada de eso, es otra cosa, es una ilusión colectiva, es un sueño que compartimos millones de personas, un anhelo inconsciente. Las luces del estadio, el olor del césped, los ojos voraces de los hinchas.
Mutu ha cometido un enorme acto de irresponsabilidad, un error que no sólo atenta contra su vida futbolística sino contra todos, contra el propio deporte. No es el primero y apuesto a que no será el último. Él sólo ha apagado las luces del campo, ha recogido todos los balones, y tras la ducha sólo le quedará un sofá confortable y las botas, aún sucias, abandonadas para siempre en el fondo del armario.






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#1 chimoeneas dijo,
29 enero 2010 1:17 pm
Me gustaba, aparte de su forma de jugar, ese rol de héroe caído que buscaba volver a lo más alto, ese seguir adelante pese a la enorme multa que pesaba sobre él. si lo que ha consumido es simplemente un inhibidor de hambre, me parece un error soberanamente grande por su parte…
#2 El Pase De La Muerte dijo,
29 enero 2010 1:44 pm
¡Qué post tan dramático! Simplemente son personas que no saben asimilar la fama. Buen jugador, para mi no era un “crak”, pero daba el nivel para casi cualquier equipo. Una pena.
#3 Mostovoi dijo,
29 enero 2010 2:25 pm
Buen fútbolista, y como dijisteis “cerebro desvencijado”
#4 DiadePartido dijo,
29 enero 2010 2:41 pm
Sus “aficiones” le han impedido llegar más alto, siendo reincidente esto ya es reirse un poco del personal.
Un saludo desde: Día de partido. Premier League: Una batalla de gigantes.
#5 juanpe dijo,
29 enero 2010 3:16 pm
Este tipo no aprende ni a leñazos en forma de multas, la que tiene que pagar al Chelsea es monstruosa creo. Que afán por la autodestrucción ,pero cuando no tienes cabeza, eres el icono deportivo de todo un país y tienes gente alrededor como los Becali estas cosas se comprenden un poco más.
#6 juane dijo,
29 enero 2010 3:18 pm
Tendrá tendencia a engordar, ¡hombre!
#7 Nacho_jimf dijo,
29 enero 2010 3:20 pm
Que pena! es lo único que me pasa por la cabeza. Un lujo de jugador perdido por vete tu a saber que… De todas formas, creo que debería de establecerse algo parecido a lo que hay en la NBA. Mientras no sean drogas comunes, cocaína, hachís, etc, no prohibiría nada. Es peligroso pero no mas que bajar a una mina o subirse a un tejado. Es un trabajo, y no por tomarte sustancias “prohibidas”, entre comillas por que es un cachondeo que algunas cosas sean para un deporte y otro no, mas a pasar de burro a pura sangre, parafraseando a E.F.
#8 cesarin dijo,
30 enero 2010 1:57 am
Y PARA CUANDO UN POST SOBRE LA TRAGEDIA DE SALVADOR CABAÑAS ????