Bert Trautmann, el oscuro pasado de una leyenda

trautmann queenLa Segunda Guerra Mundial dejó tras de sí millones de víctimas, países enteros completamente asolados y, sobre todo, varias generaciones de europeos marcadas de por vida. Tanto en uno, como en otro bando. Además, el final del gran conflicto bélico del siglo XX sacó a la luz un sinfín de historias de héroes anónimos que fueron alimentando su particular leyenda entre las llanuras nevadas del frente del Este, en las ciudades centroeuropeas ocupadas o en los continuos bombardeos áereos cruzados.

La vida de Bernhard Bert Carl Trautmann dio muchas vueltas en aquella primera mitad de la década de los 40. Nacido en Bremen en el 23, Trautmann, como muchos otros jóvenes de su generación afines a la ideología nacionalsocialista (en su adolescencia había formado parte de las Juventudes Hitlerianas), se alistó en la Luftwaffe para ayudar a la que él consideraba una causa justa. Los primeros años de servicio pasaron sin excesivo problema, desempeñándose como operador de radio en la Polonia ocupada. Más tarde, el destino le llevó a combatir, reubicado como paracaidista, en el frente del Este, debiendo combatir contra el Ejército soviético y contra el duro invierno del 41 y sobreviviendo a la cruenta lucha y siendo ascendido y condecorado por sus méritos en el campo de batalla. Posteriormente, Trautmann sobreviviría a los implacables bombardeos aliados en la ciudad fronteriza alemana de Kleve, aunque la fortuna no le terminase de sonreir de manera definitiva. A los pocos días, y con Kleve derruida en un 90%, Trautmann fue hecho prisionero por dos soldados norteamericanos, de los que conseguiría escapar… para volver a caer de nuevo, indefenso, ante un pelotón británico que, esta vez sí, lo trasladó hasta el campo de prisioneros de Ostende (Bélgica).

Tras permanecer un tiempo en el continente, Trautmann fue de nuevo trasladado a Gran Bretaña, aún como prisionero de guerra. Fue allí, como no podía ser de otro modo, donde comenzó su particular relación con el fútbol, en los habituales partidillos entre soldados y prisioneros. Muy dotado para la actividad física (ya en su etapa en las Juventudes Hitlerianas había destacado en varios deportes), Trautmann destacaba sobre el resto de compañeros sobre los embarrados e improvisados campos de Lancashire, entre barracones, muros y alambradas.

Ya con el fin de la guerra, Trautmann se negó a ser extraditado a su país de origen. Decidió iniciar una nueva vida en Inglaterra, alejado de la compleja situación que se vivía en una Alemania hundida tras la caída del nazismo. Se buscó la vida trabajando en lo que pudo (primero en una granja, después en diversas factorías de la ribera del Mersey), y dedicó sus ratos libres a lo que el grueso de la población inglesa de su entorno los dedicaba de una u otra manera: al fútbol. Trautmann se enroló en las filas del modestísimo St. Helens Town, un club amateur de las cercanías de Wigan. Sus grandes dotes bajo los palos hicieron que, pese a lo modesto de la categoría en la que jugaba, varios equipos de renombre se fijaran en él. En el prisionero nazi converso.

Así, a principios de la temporada 1949/50, Bert Trautmann firmó su primer contrato profesional con el Manchester City. Pero su llegada a los citizens no iba a ser bien vista por todo el mundo. Su pasado al servicio del Reich dejaba a Trautmann en una complicada tesitura frente a miles de seguidores de su nuevo equipo, que habían visto como sus casas y su país eran duramente bombardeados por aquella Luftwaffe, en la que el propio Trautmann había servido, durante la Blitzkrieg de finales del 40 y principios del 41. Así, fueron muchos los seguidores del City que se manifestaron en contra del fichaje de un futbolista que, pocos años atrás, había contribuido al mayor ataque sufrido por el país en su propio territorio en toda su historia.

Pero su buen nivel en la portería de un City que no pasaba por sus mejores momentos, contribuyeron a que su público comenzara a olvidar y dar por cerrado el pasado de Trautmann. Ya no veían en él al prisionero de guerra alemán, sino a un gran portero que había salvado muchos partidos para el club de sus amores. Con Trautmann asentado en la portería del equipo, sólo las hinchadas rivales terminaban sin aceptar con naturalidad el pasado bélico de nuestro protagonista. Los insultos aludiendo a su pasada condición de nazi eran una constante cada vez que visitaba campos rivales.

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Y fue precisamente en la capital inglesa, concretamente en Fulham, donde sucedió un hecho que cambiaría para siempre la carrera deportiva de Bert Trautmann. Corría el mes de enero de 1950, y un triste Manchester City que no conseguía salir de los puestos de descenso, visitaba al Fulham en Craven Cottage, en la que suponía la primera visita del meta alemán a la capital tras su llegada al país. Cuando todo el mundo preveía una contundente derrota de los celestes, la figura de Trautmann surgió colosal, sobreponiéndose a los continuos insultos desde el graderío, para salvar el honor de su equipo, que sólo cedió un 1-0 en el marcador final, con varias paradas milagrosas que hicieron de él un héroe en ciernes. Tras el pitido final, los futbolistas de ambos equipos, rendidos a la soberbia actuación de Trautmann bajo los palos del City, tributaron una merecida ovación conjunta al portero, que poco a poco fue contagiando al público que abarrotaba el Cottage.

Tras un descenso de categoría en esa misma temporada, y el consiguiente ascenso sólo un año después, Trautmann continuaría forjando su leyenda en la portería del City con actuaciones para el recuerdo, como la ofrecida en la final de la FA Cup del 56. Diez años después de su llegada al equipo, Trautmann viviría una experiencia que le colocaría para siempre en el imaginario de la hinchada citizen. Con 3-1 en el marcador a favor del City, el Birmingham apretaba en la recta final del encuentro dispuesto a recortar distancias. Cuando las cosas comenzaban a ponerse feas para los mancunianos, Trautmann salió a tapar una incursión hacia portería del interior zurdo Peter Murphy, cuando la rodilla de éste golpeó violentamente contra el cuello del meta alemán (minuto 0:50 del vídeo). El dolor debió de ser terrible. Trautmann tenía cinco vértebras dislocadas y una de ellas partida en dos. Ajeno al sufrimiento, y poniendo inconscientemente en grave peligro su vida, Bert continuó jugando los poco menos de quince minutos que restaban hasta el final del partido, salvando a los suyos de una casi segura remontada rival, con una actuación de antología.

La gravísima lesión apartó a Trautmann de los terrenos de juego durante la práctica totalidad de la temporada siguiente. Pese a tratar de ir entrando en la dinámica del equipo poco a poco, el héroe de Wembley no volvió a ser el mismo de antes de su lesión. Con el equipo metido en una racha de resultados horrorosa, Trautmann llegó a vestirse de corto en 34 partidos de la 57/58, pero su estado de forma, a sus 36 años, con una rotura de vértebras, cuatro años de servicio en el Reich y casi otros cuatro como prisionero de guerra, no terminaba de ser el idóneo para un portero sometido a la máxima exigencia.

Miembro del English Football Hall of Fame desde el año 2005 (es uno de los ocho futbolistas no originarios de las islas que ha conseguido tal distinción), Bert Trautmann marcó, sin lugar a dudas, una época, tanto en el Manchester City (545 partidos a lo largo de 15 temporadas) como en el fútbol inglés que, afortunadamente, consiguió aparcar para siempre el pasado nazi del héroe del 56.

Gol Planet| Bert Trautmann, de prisionero a mejor jugador de Inglaterra
La cola de vaca| Bert Trautmann, el portero paracaidista

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

19 Comments

  1. martin(foro)

    22 de diciembre de 2009 a las 12:36 pm

    Conocí lo de este portero hace no demasiado tiempo, cuando buscaba información sobre el St Helens . Su historia (tanto personal como futbolística), da sin duda para una película. Por cierto, creo que leí que tras la final de copa los medicos le dijeron que lo que tenia era una torticolis…menos mal que rectificaron pronto.

  2. DiadePartido

    22 de diciembre de 2009 a las 2:35 pm

    Brutal historia, vaya época más convulsa.

    Un saludo desde: Día de partido.

  3. juane

    22 de diciembre de 2009 a las 2:45 pm

    Si en vez de al futbol se hubiera dedicado al baseball, estoy seguro que Hollywood ya le hubiera hecho una pelicula.

  4. mostovoi

    22 de diciembre de 2009 a las 2:51 pm

    ya conocia la historia ar, la verdad es que es la leche la historia de Trautman. Gran articulo y deberian aprender de este tipo de historias los Indas, Roncerdos & cía en vez de publicar tanto CR9 y sensacionalismo.

  5. ben weasel

    22 de diciembre de 2009 a las 4:39 pm

    Pues parece que ahora vive en Rojales, Alicante

  6. RoNiN

    22 de diciembre de 2009 a las 9:52 pm

    Estos son los artículos por los que visito esta página.

  7. desde la barrera

    23 de diciembre de 2009 a las 1:27 am

    Idem #6 RoNiN

  8. Albert81

    23 de diciembre de 2009 a las 4:28 am

    Alucinante articulo, lo que ha dicho antes RoNin lo suscribo.A diario contaís siempre otras historias otros puntos de vista,pero vuestra imprevisibilidad es una ventaja enorme,vuestro blog es una sorpresa diaria.Merece la pena leerlo,pero este tipo de artículos, en general yo pienso que nos vuelven locos.
    El mundial es lo mejor de todo,y por si fuera poco,con que lo hagaís 1/4 de bien como en la eurocopa,tal y como la planteasteis,ya es impresionante,ojo que no exijo nada,todo lo contrario,os doy las gracias.

  9. cityground

    23 de diciembre de 2009 a las 11:59 am

    Bonita historia, no debió ser nada fácil para Trautmann jugar en Inglaterra habiendo sido soldado alemán y militante del partido Nazi. Al final con sus actuaciones se gano a su afición primero y luego al resto.

  10. Giorgios Papapaloukas

    23 de diciembre de 2009 a las 1:16 pm

    Era obligatorio formar parte de las juventudes hitlerianas para los mayores de 17 años en 1939 y para todos los niños a partir de los 10 años en 1941. También gran parte de los integrantes del Ejército Alemán de entonces eran contrarios a los ideales nazis, pero se encontraban en la disyuntiva de defender su patria aunque estuviesen del mismo lado de los nazis.

    Hay que diferenciar los pertenecientes al Ejército y los que formaban parte de grupos pseudo-militares y que incurrieron en el genocidio como fueron las SS y otros grupos de este tipo. Aunque muchas veces las SS fue integrada por algunos soldados con profundas creencias nazis.

  11. david

    23 de diciembre de 2009 a las 1:35 pm

    Enhorabuena por el blog. Estupendo artículo.
    Otra historia que parece sacada de Hollywood y que pone los pelos de punta: la de los hermanos Starostin, jugadores del Spartak de Moscú.

    Lo cuentan muy resumido aqui:

    http://www.elpais.com/articulo/deportes/UNIoN_SOVIeTICA/entrenador/sovietico/explica/causa/purga/epoca/Stalin/elpepidep/19890126elpepidep_20/Tes/

  12. Manuel Márquez

    23 de diciembre de 2009 a las 8:57 pm

    Excelente artículo, compañeros, y una historia de redención personal impresionante (yo la desconocía por completo), que demuestra cómo la naturaleza humana es capaz de lo mejor y de lo peor, y nos hace ver cuán importante es el poder contar en la vida con una segunda oportunidad, para redimir los pecados y/o errores de la primera (no siempre es factible, desgraciadamente…).

    Saludos cordiales y felices fiestas.

  13. Leon

    23 de diciembre de 2009 a las 11:57 pm

    He disfrutado cada linea del articulo. La de vueltas que da la vida.

  14. Pingback: Un portero nazi en la Inglaterra de los 50

  15. mari

    18 de julio de 2010 a las 10:49 pm

    yo el otro dia estuve sentada en la mesa con el su mujer y unos amigos suyos en el restaurante que trabajo

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