Lejos de los emblemas de postal y de la manada de negocios y turistas, en South Norwood, donde no llega el metro, en la parte meridional del gran Londres, se alza medio de incógnito, con esas paredes de ladrillo oscuro y pesado, el estadio del Crystal Palace. Para entrar en Selhurst Park, ese templete añejo de esquinas abiertas, hay que cruzar unos tornos claustrofóbicos, en fila de a uno, antes de tomar asiento y oler la hierba, cuidadísima, y disfrutar de los sonidos del fútbol gracias a la privilegiada acústica que encierran las tribunas acolumnadas.
En Selhurst Park, vistiendo de rojo y azul y celebrando goles en los dos fondos, se presentó al mundo Ian Edward Wright, exuberante centrodelantero. Londinense, hijo de un matrimonio de inmigrantes jamaicanos, su padre abandonó a la familia cuando el pequeño Ian, el tercer hermano, tenía cuatro años. Tras crecer en las barriadas, dejó la escuela a los dieciséis y trabajó de albañil unas veces, y de escayolista, otras, para orgullo de su madre Nesta. Por contra, incluso pasó una semana en la cárcel de Chelmsford, para preocupación de su madre Nesta.
Siempre, en cada capítulo de su vida adolescente, en los dulces y en los amargos, aguardaba el fútbol en segundo plano. Potente, infatigable y agraciado con el don de encontrar la red contraria con frecuencia, Wright destacaba en las ligas locales en las que competía de modo amateur. Así, su nombre empezó a sonar en varios clubes profesionales de la zona, y Wright probó con el Millwall, e incluso viajó hasta Brighton, pero fue rechazado en ambos casos. No fue hasta cumplir los 22 años cuando el Crystal Palace le ofreció el gran salto, con un sueldo de cien libras semanales.
Los inicios para el novato no fueron sencillos. En el vestuario, tanto él como otros jóvenes colegas negros (Andy Gray, Tonny Finnegan) fueron marginados por sus propios compañeros. Y al poco, en su debut con la selección B inglesa, fue víctima de insultos racistas. Ante estos hechos, Wright siempre alzó la voz, con más o menos acierto, indomable. Denunció a su club en los foros pertinentes, fue multado por escupir a hinchas racistas rivales y, de una manera u otra, ayudó a eliminar discriminaciones raciales.
Superadas con carácter las zancadillas iniciales, consiguió ser ídolo en Selhurst Park, elegido jugador del año por su afición en 1989. En el Palace ascendió a primera, con un carro de goles, para lograr bajo la tutela de Steve Coppell dos hitos en la historia del club. Quedar terceros en el campeonato, y llegar a la final de FA Cup. En Wembley, saliendo desde el banquillo en el segundo tiempo, Wright marcó dos tantos al Manchester United, para enviar el partido a la prórroga, el primero, y para adelantar a los “eagles” en el tiempo extra, luego. Pese a no poder mantener la ventaja, y perder el título en el encuentro de repetición, la exhibición rematadora en tan significativo escenario todavía se recuerda como una de las más brillantes actuaciones individuales en finales de Copa.
Después llamó el Arsenal, a punto de cumplir los 28 años, y meses después la selección inglesa. Una pantera letal en el área, de juego veloz y directo, manejaba un catálogo de virtudes a la hora de definir, con ambas piernas. En Highbury, fue el traspaso más caro de la entidad, debutó con un hattrick y batió el registro goleador de Cliff Bastin, para ser el mejor artillero del club hasta que le superó Thierry Henry. Los 185 goles de Wright valieron una Copa y una Recopa, y la transición del “bored” Arsenal al majestuoso juego de ataque con el Arsene Wenger obtuvo el doblete, Liga y Copa, en 1998. Esta campaña fue, precisamente, la última de Wright en el Arsenal, con una participación menor a la que había sido habitual. Además, se perdió el Mundial de Francia, donde tenía plaza segura, por una inoportuna lesión.
Veterano, rebasado el ecuador de la treintena, alargó su carrera en el West Ham, Nottingham Forest, Celtic de Glasgow y Burnley, antes de retirarse y convertirse en estrella televisiva, y columnista de The Sun. Con tres de sus cinco hijos dándole a la pelota, la camada Wright-Phillips, el padre cuarentón traslada su frescura del césped al plató, sin escapar de los focos que siempre adoró. Y es que los tiempos cambian, pero el espectáculo Wright continúa.



RSS








#1 altair64 dijo,
14 Noviembre 2009 5:22 am
Aparte de decir que llamar “camada” a su familia me parece una solemne falta de respeto, Shaun Wright-Phillips no es hijo biologico suyo, sino adoptado.
Vote:#2 Enrique Ballester dijo,
14 Noviembre 2009 5:33 am
Sí que andamos susceptibles. Coge el diccionario de la RAE, uno de los significados de camada es “grupo de personas, generalmente de edad similar, que en un período dado participan de experiencias comunes”.
#3 DiaDePartido dijo,
14 Noviembre 2009 9:20 am
Buen artículo, no sabía que la explosión futbolística del bueno de Ian fuera tan tardía, era una delicia verle jugar con Berckamp en aquel equipo londinense.
Un saludo desde: Día de partido: Pirotecnia nacional.
Vote:#4 Davor dijo,
14 Noviembre 2009 1:05 pm
De la BBC le largaron (pese a que fue ‘no me echáis, me voy yo’) porque NADIE le aguantaba. Hubo un movimiento público pidiendo echarle. Sus análisis de los partidos eran lamentables, no hacía mas que chascarrillos sin gracia y decía obviedades.
Luego se recicló y ahora hace todo tipo de basuras televisivas.
Fue tan gran delantero como pésimo presentador/comentarista.
Vote:#5 Dadan Narval dijo,
14 Noviembre 2009 1:06 pm
Qué grande, grandísimo, Ian Wright. Yo creo que es de los cinco jugadores que más ha admirado en toda mi vida, de verdad.
Dos recuerdos: un amistoso con Marruecos en el que no funcionaba la megafonía y Wright, Ince, Campbell y Gascoine se pusieron a cantar el himno a capela -lo cual hizo que muchos racistas ingleses comenzaran a ver a los tres primeros con otros ojos- y, una muy divertida: ¿os acordáis cuando celebró un gol imitando al árbitro que la semana anterior se tiró al suelo con gestos exagerados tras un empujoncito de Di Canio?
#6 anxolotl dijo,
14 Noviembre 2009 1:27 pm
al que se ofendía por llamar camada a sus familia:
está un hombre en el psicólogo y éste le empieza a enseñar láminas con manchas de tinta para que el cliente diga a qué se le parecen.
Con la primera, el hombre dice: “una mujer haciendo una felación…”
Con la segunda: “aquí se ve un pene eyaculando…”
Con la tercera: “ésto son dos hombres sodomizándose salvajemente…”
Y el psicólogo exclama: “¡¡Pero usted es un obseso sexual!!”, a lo que el hombre contesta: “¡oiga, que el que me está enseñando cochinadas es usted!”
Pues eso
Vote:#7 martin(foro) dijo,
14 Noviembre 2009 3:44 pm
Solo por pasar por dos(tres con el forest, aunque alli ya no era el que era)de mis equipos ingleses preferidos ya estaria en un altar, pero es que encima el tipo metia goles de todos los colores. Quedar terceros con el Palace, tiene un merito enorme…
Vote:#8 E dijo,
15 Noviembre 2009 1:49 am
ahora trabaja para Sky Sports, si no me equivoco
Vote:#9 Garrincha7 dijo,
18 Noviembre 2009 12:06 pm
Que bonita final copera, sinceramente la desconocía. De Ian Wright tengo grabado en la memoria un golazo suyo de vaselina ya en su etapa final en Highbury. No recuerdo el partido ni el rival, pero dudo que olvide alguna vez ese gol.
Un saludo
Vote: