La arbitrariedad del árbitro español

tarjeta_rojaHace ya unos años, escribí un post titulado “Tarjeta al público”, en el que exponía la idea de que la tarjeta en realidad, no se enseña al jugador, sino al público, en la medida en que al jugador se le puede amonestar o expulsar mediante el lenguaje verbal, mientras que al público es imposible comunicar a través de la palabra el hecho de que un determinado jugador está amonestado o expulsado. Entendía, y entiendo, que el código de tarjetas de colores es, en ese sentido, un sustituto de la palabra para mantener al público informado de lo que sucede sobre el campo en materia disciplinaria.

Sobre esta base, argumentaba que el árbitro no debe usar la tarjeta con un gesto agresivo –algo, por desgracia, habitual en nuestro país-, sino que a la hora de mostrarla –al público, no al jugador-, lo suyo es que el árbitro se limite a alzarla sobre su propia cabeza, para que el público pueda verla. Más allá, empero, de cómo se muestra la cartulina, aquel post pretendía subrayar algo que los árbitros tienden a olvidar: que pueden y, sobre todo, que deben hablar con los jugadores antes de expulsarles o enseñarles la tarjeta amarilla, explicarles el motivo de su amonestación o expulsión.

Tiempo después, escribí otro artículo en el que analizaba el modo en que el árbitro inglés Howard Webb había afrontado una difícil tangana en la final de la Carling Cup que enfrentó al Arsenal y el Chelsea. En aquella ocasión, Webb dedicó un minuto largo en las postrimerías del encuentro para explicar a Kolo Touré y John Obi Mikel el porqué de su expulsión. Después, con gesto tranquilo, mostró a ambos la tarjeta roja.

Hoy quiero recuperar ambos artículos, porque la pasada jornada se dio un caso en la Segunda División que supone un ejemplo inverso impagable (ver a partir del minuto 3:45).

El árbitro de este encuentro, Carlos del Cerro Grande, expulsa a Ogbeche, jugador del Cádiz, y amonesta a un jugador del Castellón –ignoro su nombre-, después de que éstos se enzarcen en una discusión aliñada con forcejeos y concluida con un manotazo del nigeriano en la cara del jugador local. Toda la escena se desarrolla una vez el colegiado ha señalado el final del encuentro. Pues bien, con todo el tiempo del mundo para explicar su decisión a los jugadores –por ejemplo, la razón de la diferencia entre el color de ambas cartulinas-, Carlos del Cerro Grande se limita a acercarse al lugar donde acontece la acción para, con distancia aséptica y sin mediar palabra, amonestar a uno y expulsar a otro con sendos gestos, para después alejarse caminando hacia atrás, como un cangrejo, del escenario de la trifulca.

Compárese esta actuación con la citada de Howard Web (a partir del minuto 1:10):

La diferencia entre ambas es abismal. Mientras uno dialoga y explica sus razones a los protagonistas del juego, el otro se limita a sancionar, sin entender que haya necesidad ninguna de explicar su decisión. Alguno podrá pensar que exagero, pero creo que la enorme distancia entre una forma de actuar y la otra radica en la diferente manera en que uno y otro entienden el concepto de “justicia”. Mientras que para el árbitro inglés las decisiones han de ser razonadas a los protagonistas de las acciones que las motivan y que, por tanto, sufrirán la sanción, para nuestro colegiado el único papel que queda a los jugadores es el de acatar las decisiones tomadas, sin que les asista el derecho siquiera a saber por qué son sancionados. Así, mientras que Webb encarna un tipo de justicia razonada (y por tanto razonable); nuestro árbitro representa el papel de mero impositor de una ley que sanciona sin explicar el motivo: una ley -nunca mejor dicho- arbitraria.

20 Comments

  1. The Matao

    4 de noviembre de 2009 a las 3:15 pm

    Partimos de una premisa básica, que es el diálogo, el cual es inexistente en la liga española. De ahí que los jugadores protesten insistentemente a los árbitros o se giren para que piten una falta (que puede haber sido o no). El árbitro no es un profesor de colegio, que tenga que explicar la diferencia entre el bien y el mal, pero es un juez, que por tanto tiene que explicar el porqué de las decisiones que toma, basándose en las leyes.

    El día que Sánchez Arminio y el cuerpo de árbitros entienda esto habrá cambiado mucho el fútbol en este país.

  2. pablo

    4 de noviembre de 2009 a las 3:16 pm

    Gran articulo, llevo toda la vida pensando en lo mismo, por que actúan de esa manerAa los arbitros españoles, lo que hacen es provocar, parece que les va a pegar a la hora de enseñar la cartulina. asi solo demuestran que son unos prepotentes y engreidos y sin embargo los ingleses la enseñan y no pasa nada, nadie discute porque antes le han explicado el porque de su tarjeta

  3. Probando

    4 de noviembre de 2009 a las 3:30 pm

    Reconociendo que ser árbitro es muy complicado y los jugadores lo ponen muy difícil, creo que los árbitros se equivocan en todas partes y los hay muy malos en todos sitios y que el ejemplo de Howard Webb es más una excepción que la norma. Si no… ¿para qué quieren en Inglaterra a Mejuto? Si es probablemente el árbitro más chulo y prepotente del fútbol español.

  4. juanjo

    4 de noviembre de 2009 a las 5:31 pm

    Enorme artículo, Dadán.
    Estudio derecho en la Universidad d Granada y una de las cosas que primero aprendemos es que en el uso de la violencia coercitiva se debe apoyar la autoridad siempre en el ejercicio razonado de las causas y consecuencias, y creo que ésa es la base para el respeto de las figuras que imparten justicia en una posición de autoridad. Por eso creo que los árbitros son infinitamente más respetados en Inglaterra que en España, debido a las actuaciones de unos y otros que tan bien has representado. Los aficionados tenemos mucho que aprender para lograr un mayor respeto, pero la base de ello es una postura más reflexiva de los árbitros españoles. Aun cuando fueran contra mi criterio en una jugada, los respetaría si fuera algo razonable y razonado. Un saludo

  5. Nexus 6

    4 de noviembre de 2009 a las 6:12 pm

    Totalmente de acuerdo contigo, Dadan. El concepto de arbitraje en España guarda más relación con el mundo de la apuesta que con la justicia. Da la sensación de que nuestros árbitros están más preocupados por acertar -aunque no estén muy seguros de lo que haya sucedido- que por impartir justicia: se valora más el acierto fortuito que la coherencia arbitral.

  6. Robert

    4 de noviembre de 2009 a las 6:18 pm

    Me suena a mí que Iturralde González es uno de esos árbitros que habla mucho con el jugador. Y me suena también que se le ha criticado varias veces ese “colegueo” con los jugadores (me gustaría que alguien corroborase esta versión :P ). Desde luego no creo que Iturralde sea el mejor árbitro de Primera, ni mucho menos, pero sí creo que es cierto que cuando ha intentado acercarse a Howard Webb nos hemos reído de él. Será que los ingleses y los españoles somos demasiado diferentes.

  7. Aranycsapat

    4 de noviembre de 2009 a las 6:25 pm

    Muy buen artículo. Por añadir algo, y generalizando mucho, yo diría que los arbitrajes reflejan un cierto problema español con la autoridad: quien la ejerce, lo hace despóticamente; aquellos sobre quienes se ejerce, desconfían de ella, la consideran odiosa, y tratan de engañarla. Creo que en España se ha confundido demasiado a menudo la autoridad con el poder -y no hay más que mirar la larga lista de gobernantes que ha tenido que sufrir el país desde hace siglos.

  8. P.M.X.

    4 de noviembre de 2009 a las 6:36 pm

    No creo que exageres, compañero. Es por cosas como esta que siempre he defendido que los árbitros deberían haber jugado a fútbol para saber que piensa un jugador de su figura. Creo que sería muy saludable y empático.

    un saludo desde cultura-de-futbol.blogspot.com

  9. Max

    4 de noviembre de 2009 a las 7:08 pm

    Todo eso está muy bien.

    El día que los futbolistas en España tengan la mitad de educación y fair play que en Gran Bretaña se les podrá pedir a los árbitros que se comporten como los británicos. Un árbitro, ya retirado y ex de Primera, me dijo una vez que si no ofrecieran en el campo esa imagen de chulería, los jugadores se los comerían.

    ¿Podemos imaginar que el Barça o el Madrid perdieran un partido por culpa de un balón de playa? Se armaría poco menos que una guerra civil, empezando en el campo, donde el árbitro debería salir en globo y acabando por los diarios deportivos.

    Más cultura deportiva en aficionados, futbolistas y dirigentes es lo que hace falta.

  10. Manu

    5 de noviembre de 2009 a las 12:25 am

    @Aranycsapat estoy completamente de acuerdo con tu comentario. Es parte de la cultura de un país y los árbitros no dejan de pertenecer a una sociedad, a una cultura. Si pasamos el tema de los árbitros a la política te darás cuenta que aunque en Inglaterra o los países de Europa del norte se discute acaloradamente, jamás se faltan el respeto y mucho menos utilizan el poder para provocar. En nuestra cultura la provocación es parte de unos comportamientos que aprendemos desde pequeños donde para poder sobresalir nos enseñan a pasar por encima de otros desde los 5 años.

  11. Jordi

    5 de noviembre de 2009 a las 1:36 am

    Inglaterra es el paraíso de los árbitros dialogantes, y España el de los árbitros chulescos. Pero antes de que los españoles se autoflagelen, que miren la Champions League.
    Con más humildad y menos chulería, pero los árbitros tampoco explican sus decisiones. Porque no pueden. Porque la UEFA ha puesto como modelo positivo el árbitraje dimplomático, con lo cual se pasan todo el partido cambiando de criterio según las circunstancias. Entonces, al no haber una coherencia racional en las decisiones, no las pueden explicar.

    Lo que no se dan cuenta, es que si tomas decisiones explicables, aunque sean más comprometidas, te ganas el respeto de los jugadores. Porque el jugador, incluso en caliente, es capaz de comprender que si el ojo humano no ha visto algo, hay que joderse. Lo que realmente hace que un jugador salte sobre un árbitro es el pensar que lo está tratando injustamente. Y no es algo que me invente yo, sino que lo he leído en un libro escrito por un ex-árbitro de fútbol (Sergi Albert, para más señas).

    Por cierto, como dice Rober, Iturralde sí es un árbitro dialogante, y para mí es el mejor de la liga. Porque, sólo por el hecho de que intente explicar sus decisiones, eso hace que haya un criterio más o menos fijo y coherente. En cambio, le dan el Trofeo Guruceta a Megía Dávila, que no sólo es chulesco, sino que además cuando empezaba el partido sabías que iba a intentar joder al equipo local, a veces con robos descarados e intencionados.

  12. Ricardo

    5 de noviembre de 2009 a las 5:59 am

    Nunca he entendido por que los árbitros no explican las explusiones, generalmente usan la prepotencia al monento de usar las tarjetas.

  13. Manuelinho eF

    5 de noviembre de 2009 a las 7:15 am

    Solo hay que ver la cara desencajada de la mayoría de los árbitros cuando sacan una roja. Es cierto, creo que se toma como un gesto despótico.

  14. deportes costa rica

    5 de noviembre de 2009 a las 9:14 pm

    Totalmente de acuerdo contigo es un derecho de el futbolista.

  15. sr. arbitro

    6 de noviembre de 2009 a las 12:29 pm

    mira yo soy arbitro y por experiencia os puedo decir que a los jugadores cuando preguntan el motivo de algo se les contesta, pero suele ocurrir esto:
    jugador: por que es amarilla?
    arbitro: ha cortado un avance zacandilleando al rival
    jugador: pero que va a ser amarilla hombre? y todas las que me hacen a mi, que?

    comprendereis que, en general, el dialogo suele ser bastante complicado con los jugadores. creo que esta conversacion en inglaterra hubiera sido igual salvo la ultima contestacion que hubiera sido: ok.

    en la jugada del cadiz en la que expulsan a ogbeche (mas bien se expulsa el solito) creo que no hace falta explicar nada por dos motivos:
    - el jugados sabe perfectamente porque es expulsado.
    - en la actitud que esta (es frenado por jugadores) me da a mi que poco le vas a explicar a un tio que parece que es un miura pegando cabezazos contra el burladero y en el caso de explicarselo dudo que con el acaloramiento que tiene razone la respuesta del arbitro.

    por otra parte, los arbitros al final de cada partido hacen un acta donde dan todas las explicaciones oportunas de sus decisiones, que por si a alguno le interesa se pueden consultar en http://www.rfef.es desde 1ª a 2ªb.

    un saludo

  16. pentatrankilo

    6 de noviembre de 2009 a las 9:35 pm

    gran articulo que plantea un debate muy interesante…
    me gustaría introducir una reflexión sobre ¿porque esto ocurre en nuestro pais?, y no se puede culpar solo a los jugadores, ya que ahora mismo la procedencia de los jugadores es practicamente la misma en todas las ligas importantes de europa.
    además me gustaría introducir el tema de las declaraciones de los arbitros despues de los partidos (osea porque en españa no se producen). yo no creo que sea culpa de los arbitros o del estamento arbitral, creo que tiene más que ver con como están organizados los medios de comunicación en este pais !!!!

  17. Javier

    15 de noviembre de 2009 a las 6:53 pm

    Voy a explicar la diferencia a todos los teóricos y filósofos del fútbol que han comentado las acciones:

    1= En la jugada inglesa se produce un enfrentamiento colectivo que el arbitro no puede sofocar con las tarjetas porque sucede rapidamente, sin posibilidad de reaccion. Al termino del mismo solo cabe el castigo de las infracciones, que es lo que hace. Los jugadores saben perfectamente lo que han hecho, la charla es solo un paripe innecesario.

    2= En la jugada española se produce una agresion que es susceptible de generar un enfrentamiento colectivo, y el arbitro lo que hace es evitar que suceda mediante la adopcion inmediata de la expulsion y la amonestacion de los infractores, que saben perfectamente lo que han hecho. Si va a separar y deja que lleguen los demas jugadores, se habria producido la pelea de Inglaterra, que ha evitado con su acertada actuacion.

  18. Marcos

    18 de noviembre de 2009 a las 2:09 pm

    Si hiacemos la comparación de tu artículo, tenemos que comprar otros aspectos, como por ejemplo, el hecho de que en un partido de la liga ingles es raro ver a un jugador tirarse a la piscina al entrar al área contraria sin que se le acerquen; es raro ver a un jugador protestar de forma ostensible, salvo en acciones muy puntuales; no es normal ver a un jugador dirigirse al árbitro cuando le agarran, como si fuera el profe y el contrario un compañero de clase…

    Si los jugadores no tienen respeto por el fútbol, por sus reglas y por la figura del árbitro, es imposible que en España se llegue al punto que se ha llegado en Inglaterra. Cuando el árbitro sea respetado dentro del terreno de juego, tendrá capacidad para dialogar con los jugadores como lo hacen en la Premier League.

  19. Javier

    11 de diciembre de 2009 a las 7:50 pm

    La explicación de la diferencia es muy sencilla, en el rugby (deporte muy practicado en inglaterra) las explusiones (temporales-tarjeta amarilla o definitivas-tarjeta roja) se explican al jugador expulsado y al capitán.

    Algo de lo que debe aprender el futbol

  20. mirlo

    22 de diciembre de 2009 a las 7:10 pm

    Creo que dicho articulista que afirma que los árbitros españoles no explican a los jugadores los motivos de las amonestaciones o expulsiones; en comparación con los árbitros ingleses; tengo que añadir que no es cierto dicha aseveración. Puesto que en el posterior desarrollo; que el árbitro hace de las incidencias cometidas; explica con todo lujo de detalles las circunstancias que le han llevado a efecturar las referidas amonestaciones y/o expulsiones de algún jugador de campo, en el Acta del partido, fiel reflejo de lo acontecido.