A finales de los años veinte, y en los albores de los treinta, Uruguay y Argentina pugnaban por la supremacía del fútbol mundial. Los uruguayos, que ya habían campeonado en los Juegos Olímpicos del 24 goleando a Suiza en París, repitieron éxito en el 28 al doblegar a sus vecinos del otro lado del río de la Plata, en Amsterdam, tras un desempate agónico. Dos años más tarde, en el recién estrenado Centenario de Montevideo, Uruguay y Argentina cruzaban de nuevo sus destinos en la final de la primera edición de la Copa del Mundo.
El partido, la final, es uno de los más recordados de la historia del balompié. Casi ochenta años después, las anécdotas y las leyendas en torno a la batalla, se acumulan. Por ejemplo, es sabido que las dos selecciones deseaban jugar con su pelota, por lo que se decidió que cada una de las mitades se disputase con una distinta. Con la suya, los argentinos se marcharon al vestuario uno a dos, ganando. Con la propia, los uruguayos remontaron en el segundo acto, hasta el cuatro a dos definitivo.
Lo cierto es que aquella selección argentina no debió disfrutar demasiado tan histórico envite. Nadie sufrió tanto como Luis Monti, el símbolo, que recibió un aluvión de anónimas amenazas de muerte para él y para su familia. La tortura psicológica melló en el estado de ánimo del futbolista que, cohibido, fue una sombra de lo que solía ser. En principio, las sospechas apuntaron a los uruguayos, como ordenadores y ejecutantes de las amenazas, pero con el tiempo se resolvió que dos espías italianos llamados Marco Scaglia y Luciano Benetti habían realizado las presiones pertinentes para desestabilizar al argentino, con la intención de provocar el consiguiente clima de hostilidad de la afición albiceleste hacia Monti, culpable oficial tras su desastroso partido, y la aceptación, por parte del futbolista, de la oferta de Mussolini para cambiar de país y camiseta. Así fue, y Monti, en el Mundial del 34, campeonó con Italia para gloria del fascismo y de la pureza de la raza italiana.
Pero las penurias argentinas que inclinaron la pelea no terminaron ahí. El ambiente de los días previos achicó también a Scopelli, interior derecho titular. Tal nivel alcanzó el asunto que Varallo, suplente y lesionado, fue finalmente quien jugó. El sustituto había tratado de explicar que con su lesión no podría estar a la altura, pero la dirigencia argentina no había viajado con médico propio, y desconfió de los doctores uruguayos consultados. Así, Varallo no tuvo más remedio que saltar al césped, donde sudó hasta el minuto quince, cuando su pierna no resistió más. Al no estar permitidas las sustituciones, Argentina disputó el resto de la final en inferioridad numérica.
Y enfrente, Uruguay. Aquella generación inmortal que encadenó su tercer gran título planetario se forjó en un fútbol aficionado. Según explica Eduardo Galeano en su imprescindible El fútbol a sol y sombra, Nassazi cortaba piedras de mármol, Petrone era verdulero, Cea repartía hielo; y Andrade, musiquero de carnaval y lustrador de botas. Todos ellos campeonaron en el estadio Centenario.
Aquella selección había causado asombro en Europa, donde dominaba el importado estilo británico. Uruguay, que además fue el primer país en introducir negros en sus planteles, bajó la pelota al piso y ya todo cambió al otro lado del charco. Andrade, de quien luego contaremos más y debía ser un cachondo, fue preguntado por periodistas franceses acerca de las moñas. Galeano define moñas como “gambetas de los jugadores uruguayos que dibujaban ochos sucesivos en la cancha”. Europa quería saber el secreto del regate que hipnotizaba a los defensas, así que Andrade improvisó la fórmula y explicó que en Uruguay entrenaban persiguiendo gallinas por las calles, y éstas huían haciendo eses. Era mentira, claro, pero en Francia se lo tragaron.
Uruguay provocó además la inclusión en el imaginario colectivo de expresiones tan reconocibles como la del gol olímpico. Sin embargo, no lo marcaron, sino lo recibieron. Ocurrió tras el logro del 24, cuando Argentina invitó a Uruguay a Buenos Aires. El zurdo Cesáreo Onzari botó un saque de esquina y la pelota, sin remate ni desvío, terminó en la red. Unos lo achacaron al viento, otros a una supuesta falta al arquero, pero lo cierto es que jamás se había visto nada igual. Por tan ilustre víctima, al gol se le llamó olímpico.
En el segundo oro olímpico, el héroe uruguayo fue Héctor Scarone. En el partido de desempate, la incertidumbre reinaba con la igualada a uno, hasta la volea legendaria. El mejor socio de Scarone, uno de los que sentaron las bases del armador clásico, fue José Pedro Cea, un rematador implacable que marcó cinco goles en el primer Mundial, incluido el más importante. El dos a dos que venció la resistencia argentina ante lo inevitable. Cea no fue máximo goleador, ya que el argentino Stábile sumó ocho.
En aquella pandilla charrúa de capataces y artistas, capitaneada por el terrible Nasazzi, el negro Andrade vivió y malvivió nuestra historia preferida. La de Andrade es una historia de picos brillantes, libérrimas experiencias límite y final cruel y desolador. Andrade era un portento físico que barría el centro del campo en toda su extensión. Su aparición en Europa en el trofeo olímpico de París causó sensación mutua, Francia se enamoró de la maravilla negra, y Andrade de la vida bohemia de la ciudad. Allí se quedó durante un tiempo, entre el humo de los cafés, el sabor del cognac en Pigalle y las noches locas de los felices años veinte. Brillando. Más tarde, regresó al fútbol y a Uruguay, para llegar a lo máximo. Sin cesar de brillar. Aún más tarde, semiolvidado, asfixiado por la miseria y la tuberculosis, murió. En la oscuridad.
En fin. A pocas horas para el comienzo de un Uruguay-Argentina con pinta de inolvidable, nos acordamos también de los octavos de final del Mundial 86, y ese gol tan poco bilardista (Batista, Fillol, Ruggeri, Burruchaga, Giusti, Maradona mascaron la jugada, y el rechace de Valdano antecedió la concreción de Paschuli); o de la venganza del equipo de Francescoli en el 89, con los dos golazos de Rubén Sosa en la Copa América. Seguro que ustedes acumulan sus propios recuerdos, y para eso están los comentarios, para poder invitarles a compartirlos.
Apoyo bibliográfico:
El fútbol a sol y sombra. Eduardo Galeano. Siglo XXI.
La historia de los Mundiales de Fútbol. Brian Glanville. T & B Editores.






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#1 Dokièh dijo,
14 octubre 2009 7:51 pm
Buenísimo el post. La primera final en un Mundial de fútbol y para mí uno de los clásicos más bonitos del panorama futbolístico internacional.
Seguro que muchos recordarán también aquel 1-1 en 2001, en el que según se dice Argentina se dejó empatar para que sus vecinos uruguayos consiguieran el pase a la repesca que luego vencieron a Australia para clasificarse apara Corea y Japón 2002.
Además de los innumerables recuerdos de enfrentamientos entre Uruguay y Argentina, muchos se acordarán de lo que sucedió en el 85, cuando Gareca anotó aquel gol decisivo ante Perú que le dio la clasificación al Mundial a la albiceleste en el último suspiro del último partido.
Y luego ganaron…
#2 MarcoPolo dijo,
14 octubre 2009 8:27 pm
Buenísimo. No tenia ni idea de esa historia.
#3 Cervantico dijo,
14 octubre 2009 8:41 pm
Las dos últimas eliminatorias nos han dejado un sinsabor en la última fecha al ver a Argentina cediendo el terreno -y al final, el marcador – a un Uruguay necesitado en ambas ocasiones de los puntos para lograr la repesca. El duelo de esta noche mostrará, por fin, lo que realmente puede este clásico del Rio de la Plata.
#4 Tobal dijo,
14 octubre 2009 9:13 pm
Todo un clásico mundial, agrandado mucho más por las situaciones extrafutbolísticas.
Anoche, frente al Hotel de la selección argentina, miles de hinchas uruguayos se dedicaron a lanzar bombas de ruido y fuegos artificiales, así como entonar canciones y tocar bombos, para no dejar dormir a los rivales. Manifestación más típicamente rioplatense probablemente no hay.
Hoy se vivirá una verdadera lucha futbolística, en la cual todo es posible, pero esperamos ver buen fútbol, sobre todos los que tenemos a nuestra selección ya clasificada.
la garra charrúa aparecerá?
#5 NIPO dijo,
14 octubre 2009 9:41 pm
Tengo unas ganas enormes de ver este partido!
#6 Guardiola lee a Nietzsche dijo,
14 octubre 2009 10:01 pm
Espero que Argentina pase,aunque no lloraré si no lo consiguen.
Veremos a ver con que once nos sorprende el D10S con pies de barro…
#7 J dijo,
14 octubre 2009 10:42 pm
Siempre me cayeron bien los argentinos, y si no gana España (u Holanda, mi otra favorita de siempre), me gustaría que ganasen un mundial de nuevo. Pero nunca soporté ni aprecié mucho (más bien nada) a Maradona. Si no fuera porque otros muchos lo iban a sufrir, y porque están Messi o el Kun, desearía que quedasen fuera. Lástima que no pueda ver el partido, porque es apasionante, ya independientemente de lo que he dicho antes. Me caigo de sueño y además mi mierdadeordenador no me permitirá intentar verlo en pequeñito (ni a saltos), pero me encantaría ponerme un superbol de palomitas y un litro de cerveza fresquito y tirarme a verlo.
#8 Daniel dijo,
15 octubre 2009 2:33 am
lastimosamente este clasico mundial se ha caracterizado en los ultimos duelos de eliminatoria por su caracter polemico. lo digo porque gracias a que uruguay necesitada obtuvo resultados favorables ante una argentina clasificada, dejaron fuera dos veces a colombia. no tengo bronca por eso, pero por esa razon el partido ha perdido en los ultimos años algo de atractivo para mi. sin embargo ahora con ambos equipos necesitados se vio un partido tosco, pero no excento de emocion (y curiosamente esta vez se impuso argentina), lo que deja aun mas abierta la duda de la honestidad de este partido.
sin embargo, es verdad. este partido (siendo el partido que mas se ha jugado en la historia con cientos de partidos) a visto pasar jugadores inolvidables del futbol mundial. desde cea, scarone, schiaffino, varela, cubilla, esparrago, francescoli, alzamendi, abreu y forlan; hasta stabile, monti (tragica historia la de este), di stefano, sivori, labruna, rattin, houseman, kempes, maradona, pasarella, batistuta, redondo, veron y teves. supongo que pese a todo se ve calidad y fiereza a partes iguales en este partido, aunque en el ultimo estuve hasta tres veces cerca de dormirme por lo tosco del partido (eso si, no excento de emocion)
#9 Tobal dijo,
15 octubre 2009 3:07 am
Ganó Argentina, casi por casualidad.
Maradona hizo los cambios más defensivos que recuerde (Di María sale entra Monzón, Higuaín sale ingresa Bolatti!!!), pero le resultaron porque en un enredo en el área Bolatti la clavó en el arco (un volante defensivo)
#10 Alberto dijo,
15 octubre 2009 8:22 am
Al final gana Argentina que será uno de los más temibles candidatos en el Mundial.
Un saludo desde: Día de partido: El Torpedo y el Kaiser: Los días dorados del fútbol alemán.
#11 Leon dijo,
15 octubre 2009 8:35 am
Que buenos son estos posts “históricos”. De lo que se entera uno, como lo del gol olímpico. Por desgracia hace mucho que el futbol sudamericano anda de capa caida, con la excepción de Brasil (y con matices porque es un país con tanto talento que tapa muchas carencias) Tienen un glorioso pasado y el ansia de revivirlo les hace depositar demasiadas expectativas en jugadores que no pasan de correctos. Y luego vienen las decepciones, que en el caso argentino en los últimos años han sido enormes. El entorno lo pudre todo.
Y la gran Uruguay, que tuvo a uno de los jugadores más fascinantes que ha habido como fue Obdulio Varela, pero hace mucho que es una sombra.
#12 juane dijo,
15 octubre 2009 8:06 pm
Increible la historia de Luis Monti, refleja un poco la sociedad de esa época convulsa.