Fernando Morientes vuelve al Bernabéu, y a su estela una retahíla de recuerdos. Del jovencito que llegó del Zaragoza (antes Albacete), y aún crecía, una especie de diente de leche; al vengador implacable monaguesco, astuto perro viejo del oficio, más listo que el hambre, que se las apañó para jugar en Anfield y arañar un retal de gloria en Valencia, marcando para cerrar una final de Copa, solvente como un resabiado pistolero. Ahora, cumplidos los 33 años, al cobijo de Deschamps en Marsella, fíjense en la previa si regala sonrisas, si brillan los ojos atrevidos, o si esconde la mirada en el césped. Si está feliz, ojo, el “abuelo” puede dar un susto.
Y es que, rememorando su era madridista, una vez resuelta la incertidumbre hacia su estado de ánimo su rendimiento resultaba sencillo de adivinar. Uno de los más ciclotímicos delanteros de la historia, capaz de derribar cualquier obstáculo en épocas de desbordado optimismo y capaz, el lado oscuro, de encallarse en una espiral angustiosa y depresiva en los días grises de sequía goleadora, que se volteaban, no había tratamiento lógico, con un chispazo inesperado, casi casual, que encarrilaba de nuevo al Moro, magia, en la senda de las virtudes.
En las tardes felices, Morientes recogió lo mejor de la tradición del ariete clásico y apuntó, al tiempo, los indicios del delantero versátil del nuevo siglo. Testarazo impecable, remate con ambas piernas y un entendimiento correcto del juego. De los pocos nueves que sabían hacer mejores a sus compañeros, esa falta de egoísmo se entendió en ocasiones como falta de carácter, pero realmente le permitió reivindicarse como mucho más que un simple goleador.
Morientes, además, mezcló como nadie con Raúl González, y ambos formaron una exitosa sociedad. Gran fijador de defensas y fabricante de espacios, sus virtudes se revelaron ideales para las del 7 blanco. Nunca chocaron en el área, su dicha se alimentó en una simbiosis cuasi perfecta, con los territorios definidos en el mecanismo de aquel Madrid asimétrico y exuberante, letal en las carreras de un Roberto Carlos en plenitud por la banda, o en los largos desplazamientos diagonales del jerárquico Fernando Hierro.
En el Real, ganó 2 Ligas y 3 Champions. Fue en Europa donde mostró su mejor nivel, siempre al límite de la motivación, crecido en el aura vencedora de las grandes noches, emparejado con el mito. Bien mirado, fue más un delantero de noches legendarias que de andar por casa. Morientes fue titular, con 22 años, en la final de Amsterdam contra la Juve, tras marcar en semis ante el Borussia. En Saint-Denis, dos años más tarde, abrió la goleada ante el Valencia con un cabezazo picado en el segundo palo, quizá el gol más memorable de su carrera. En el 2002, fue también titular y campeón poco antes del varapalo vivido en el Mundial, en cuartos ante Corea, con Raúl lesionado en el banco, y la gloria tan cerca por partida doble. Primero, el gol anulado por Al-Ghandour. Al poco, el disparo al poste en la prórroga.
Si esa campaña se cerró agridulce, la siguiente se abriría amarga. Mientras el Real disputaba la Supercopa de Europa, Florentino acordaba el fichaje de Ronaldo, induciendo la salida del equipo blanco de Morientes, que aguantó un curso con papel secundario, y emigró a Mónaco.
Allá, repuntó. Condujo a su club a la final de la Champions (3-0 ante el Oporto de Mourinho), por primera vez en su historia. Fue máximo goleador del torneo con dos momentos simbólicos. El destino deparó un cruce eliminatorio entre Mónaco y Real, y Morientes, víctima icónica de los Galácticos, reivindicó su valía en los dos partidos. En la ida, rubricó el cuatro a dos, que parecía un trámite, incluso con Beckham provocando una tarjeta para no jugar la vuelta. En el choque decisivo, Raúl adelantó a los blancos pero el Mónaco, con el Moro al frente, volteó la eliminatoria provocando uno de los mayores fiascos de la historia reciente del Real Madrid.
Esta noche regresa al Bernabéu y los aplausos, el respeto y el cariño están garantizados. Se abrazará con los supervivientes: Iker, Guti y, claro, Raúl. Al subir la escalinata camino del césped doblará el cuello para admirar la grada. Y al recordar aquellas noches de locura europea que ya no volverán, sentirá una punzada de nostalgia.






RSS
#1 Norte dijo,
30 septiembre 2009 9:55 am
Buen jugador, muy bocazas.
#2 custardoy dijo,
30 septiembre 2009 10:55 am
Excelente artículo que describe a la perfección la trayectoria y características del “Moro”. Si juega hoy el Bernabeu le recibirá sin duda con una cerrada ovación.
#3 Ismael dijo,
30 septiembre 2009 11:11 am
Enhorabuena por el post, yo también sentiré una punzada de nostalgia al verlo.
#4 fifa 91 dijo,
30 septiembre 2009 11:20 am
Uno de los jugadores mas minusvalorados de los últimos años en el Madrid.Cuando estaba en racha era imparable, y si no siempre aportaba.Y también creo k deberias recordar akel memorable partido contra Las Palmas en k,igualando a Puskas,anotó ni mas ni menos k 5 goles.Aun así gran post (a la altura del propio jugador) y todos sntiremos esa punzada de nostalgia cuando vuelva a comparecer ante el k siempre fue y sera su publico
#5 Anonimo dijo,
30 septiembre 2009 11:53 am
Yo no le echaré nunca de menos.
Era muy limitado técnicamente y sólo tenía destellos como el de Las Palmas que le servían para maquillar su cifra goleadora y seguir otro año más enganchado a la delantera del Madrid.
Además, le faltaba carácter, algo imprescindible en un equipo grande. Bueno, salvo para llamar hijo de puta a su entrenador. Esto se te ha pasado recordarlo en el post.
#6 Tobal dijo,
30 septiembre 2009 3:33 pm
un infravalorado
#7 tony_42_4 dijo,
30 septiembre 2009 5:32 pm
Que gran delantero esa Morientes-Raúl, de las mejores que he visto.
#8 Vega dijo,
30 septiembre 2009 6:26 pm
Si Morientes marca en esta Champions, se convertirá en el segundo jugador que marca en Liga de Campeones con 5 equipos (R.Madrid, Mónaco, Liverpool, Valencia y Marsella), igualando a Hernán Crespo (Parma, Lazio, Inter, Chelsea y Milan)
#9 Lasambadelfutbol dijo,
30 septiembre 2009 7:06 pm
Un gran jugador, infravalorado en el Madrid, por culpa de haber dejado la gestión deportiva de un club en manos de un tipo que no tenía y que tampoco ha aprendido mucho desde aquella época de futbol.
Al hilo de este post, me gustaría comentar que el año de la llegada de Ronaldo al Madrid, Queiroz se entera de que el Moro se vá del club, por que este se lo comenta al entrenador. Claro esto demuestra por qué luego las cosas salen tan mal.
#10 NIPO dijo,
30 septiembre 2009 7:32 pm
Morientes infravalorado? Creo que se la ha sabido estimar en su justa medida, un buen jugador sin más.