Recuerdos de un 5-0 en El Sardinero

Corrían malos tiempos para el FC Barcelona. La situación de dominio en la Liga establecida por el Dream Team de Johan Cruyff se había revertido hasta el punto de que sólo un mes antes, el Real Madrid había devuelto la afrenta a los culés con aquel recordado 5-0 del Bernabéu. Eran años de cambio, años de final de una etapa, de bienvenida (o no tanto) a la ‘era Bosman’. Y en mitad de todos esos cambios, el escenario idóneo para resultados históricos.

Fue el propio Barça el que instauró aquella moda de las ‘manitas. La noche en que el Dream Team humilló al triste Madrid de Benito Floro, fue el principio del fin del dominio azulgrana en la competición. La afrenta sólo sirvió, amén de para regocijo del aficionado culé, para herir en su orgullo al club de Concha Espina, que, desde ese momento, comenzó a preparar su asalto al trono. Así, la temporada 1994/95, fue por fin, y tras varios años de aplastante dominio, una campaña negra para el barcelonismo.

El nuevo Real Madrid de Jorge Valdano, con Laudrup, Redondo y Raúl en sus filas, quiso recuperar el prestigio perdido. Devolvió la ‘manita’ al Barça, en aquella noche del primeros del mes de enero del 95, y dejó tocado, muy tocado, a un rival que esa temporada, y tras el desastre de Atenas, había enseñado la puerta de salida a estandartes como Zubizarreta, Goikoetxea o el propio Laudrup.

Pero Cruyff, como se vería esa misma temporada, nunca consiguió regenerar el Dream Team. Perdió su última gran batalla, la de armar un nuevo equipo campeón y dominador tras los pretéritos años de éxitos. Trajo al Camp Nou a futbolistas como Gica Hagi, con pasado madridista, o el ‘Pitu’ Abelardo, pero los acompañó con fichajes de menor porte, como el osasunista José Mari o el espanyolista Xavi Escaich, además de un retahíla que comenzaba con Sánchez Jara, y acababa con Jordi Cruyff. En su creencia de que podría hacer campeón a cualquier grupo de futbolistas, Cruyff pecó de exceso de ego, fabricando el caldo de cultivo perfecto para la definitiva descomposición del Dream Team.

Tras la dolorosa derrota del Bernabéu, el Barça comenzó a entender que el fin de sus días de dominio aplastante estaba cerca. Y fue en mitad de esa marejada donde el Racing de Santander echó las redes y acabó encontrando un banco de peces que tardarían muchos años en olvidar a orillas del Cantábrico.

Aquel Racing era el representante ideal de los denominados ‘equipos ascensor’. Un año en Primera, dos en Segunda, ahora vuelvo a ascender y me mantengo un par de temporadas… Un equipo inmerso en la lucha por evitar el descenso pero que acabó doblegando al finalista de la Copa de Europa y cuatro veces consecutivas campeón de Liga, en una noche para el recuerdo.

En aquel Racing, el Racing de los rusos, formaban en su once futbolistas como el central Zygmantovich, el centrocampista Popov, o el delantero Radchenko, uno de los tríos de extranjeros (cuando los extranjeros aún se medían por ‘tríos’) más recordados de la historia del fútbol nacional. También era el equipo de Jose Ceballos, mítico portero racinguista, del eterno capitán Quique Setién, o de Esteban Torre. Incluso comenzaba a despuntar un jovencísimo Pedro Munitis, que aquella gloriosa noche disfrutó de algunos minutos al sustituir a Popov.

Sin saber muy bien cómo, en una segunda parte apoteósica (en la que se consiguieron cuatro de los cinco tantos cántabros), el equipo entonces dirigido por Vicente Miera, quien instauró un juego combinativo y vistoso impropio de un equipo de las aspiraciones del cántabro, desarboló a un Barça que veía cómo la galerna le azotaba incesante sin poder hacer frente. Radchenko, con dos goles, volvió loca a la zaga culé. Cruyff tuvo que replantear su marcaje a mitad de partido, porque el habitualmente insuperable Albert Ferrer se veía superado por el ruso una y otra vez. Ni Jose Mari Bakero, ni Gica Hagi, ni Pep Guardiola, entonces sobre el césped, esta noche en el banquillo, consiguieron detener el chorreo de ocasiones racinguistas generadas desde las botas de Dima Popov, el ruso con cara de niño, y Quique Setién. Para colmo de males en una noche negra, el Barça sufriría la expulsión del ‘Chapi’ Ferrer mediada la segunda parte, y la del meta Busquets, por provocar el penalty que daría lugar al definitivo quinto gol montañés.

El 5-0 desató el éxtasis racinguista, a la vez que rubricó un mes nefasto para el barcelonismo, que cosechó una de las mayores humillaciones de su historia reciente en el feudo santanderino.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

9 Comments

  1. lelinho

    22 de septiembre de 2009 a las 1:51 pm

    despues hablan que si el barsa es el que juega mejor desde cruyf y yo que se….

  2. "Lama"

    22 de septiembre de 2009 a las 1:51 pm

    Recurdo ese partido aunque me pilló muy niño, recuerdo que no lograba entender como un equipo de los denominados «pequeños» podía destrozar de esa manera a un «todopoderoso»… claro que en aquella época uno comenzaba a descubrir las grandezas de este juego.

    Y sí, menudos tres rusos que tenía el Racing.

    Saludos

  3. martin(foro)

    22 de septiembre de 2009 a las 1:58 pm

    Menuda cantada de Busi en el cuarto…

  4. Probando

    22 de septiembre de 2009 a las 2:05 pm

    #1 lelinho

    Y qué tendrá que ver que el Barça mantenga un estilo de juego vistoso desde Cruyff a que le metiesen cinco goles en el Sardinero… no, si cuando se critica por criticar…

    Yo también recuerdo aquel partido, el Barça era un equipo roto, sin rumbo. Cruyff decidió que quería ser la única estrella del Barcelona y montó un equipo lleno de clase media o jugadores «a los que rescatar» (total, como le salió con Laudrup ya pensó que podía hacerlo con Hagi). Una pena el ego de ese tipo, porque él prácticamente solito creó el Barça tal y como es ahora, podría haber tenido otro final de no tener ese complejo mesiánico.

    Me gustaba aquel Racing de los rusos, sobretodo Popov y Esteban Torre, aunque ninguno de los dos escaló más allá de Santander.

  5. Fanshawe

    22 de septiembre de 2009 a las 2:11 pm

    Joer, el primero es un golazo brutal, de estos que firmaría el Barça de hoy.

  6. Borja Barba

    22 de septiembre de 2009 a las 2:15 pm

    @ Probando

    Esteban Torre actualmente es entrenador del Bezana, del grupo cántabro de Tercera, y lo está haciendo bastante bien (el año pasado acabó 6º, y este año tiene al equipo en puestos de ascenso).

  7. Altocino

    22 de septiembre de 2009 a las 4:17 pm

    me acuerdo de ese dia, en aquella epoca el dream team cruyfista estaba descomponiendose (fichajes como josé mari, eskurza, korneiev), este tipo de cosas suelen pasar cuando un equipo fue muy grande y no supo renovarse bien(el madrid de los galacticos o el milan actual por ejemplo). Tambien recuerdo a los pocos meses de rijkaard un 5-1 en malaga, que practicamente querian matarlo, para un par de años despues levantar la champion(bien por laporta por mantenerlo y no hacer caso a todo el mundo que pedia su cabeza).

  8. Dinamita roja

    22 de septiembre de 2009 a las 5:09 pm

    Probablemente el mayor defecto de aquel Barcelona era que, cuando se le torcían los partidos, sus futbolistas se cabreaban con el mundo y dejaban de jugar (Stoichkov y Romario son dos buenos ejemplos de ello). Este partido es un buen ejemplo de ello, pero también el 5-0 del Bernabéu o incluso la misma final de Atenas… Les perdía la propia conciencia de su genialidad.

  9. cityground

    22 de septiembre de 2009 a las 6:45 pm

    ¡Que porterazos Busquets y Angoy!, como se le fue la pinza a Cruyff madre mía.