1.
A veces un partido de fútbol puede ser una experiencia maravillosa aún cuando ni estás en el estadio en el que se disputa, y ni siquiera lo estás viendo por televisión. Es el poder de la radio, que llega a lugares que la imagen emitida aún no alcanza.
No son pocos los futboleros que reconocen que prefieren escuchar por la radio un partido de fútbol antes que verlo. Muchos más son los que cuando ven uno por televisión, bajan el volumen de la misma para completar las imágenes con la narración que aportan las ondas. Incluso hay algunos que acuden siempre al campo acompañados de su radio portátil, y no sólo en las últimas jornadas, en las que el destino de su equipo depende de lo que acontece en otros campos.
No cabe ninguna duda: la palabra, en fútbol, engrandece lo acontecido.
Yo tengo la teoría que este poder de la palabra hablada de magnificar el fútbol se origina en nuestra infancia. Nosotros, los futboleros, hemos llegado a sentir lo que sentimos cuando un gol acontece –o cuando, lamentablemente o por suerte, el balón da el en palo- por las narraciones de partidos anteriores que nos hicieron, cuando éramos niños, nuestros padres, tíos o abuelos.
Yo siempre recordaré, al menos, cuando mi aitite nos hablaba a mi primo y a mí de las grandes gestas que lograron jugadores del Athletic que nunca vi jugar: Panizo, Iriondo, Zarra, Carmelo, Garay, Mauri, Maguregi, Artetxe Lezama, Gainza, Iríbar… y, sobre todos, Piru Gainza. Escuchándole, uno tenía la impresión de que si no le gustaba el fútbol, si no era capaz de emocionarse con lo que sucedía en el rectángulo de césped y en las gradas, y, consecuentemente, tampoco era capaz de narrarlo a otros como nuestro abuelo nos lo narraba a nosotros, uno se perdía algo grande, maravilloso, permanecía lamentablemente impermeable a una de las cosas más grandes de la vida.
Con palabras, pues, es como yo –al igual que tantos otros- comencé a ser seducido por la magia del fútbol. Cuando aitite hablaba de Piru Gainza, Bikandi de segundo apellido, como él, primo suyo pues, con quien compartía además cientos de partidos de fútbol jugados de niños con balón improvisado en las campas de Basauri, lo hacía con tal pasión y elocuencia que –parco en palabras, como era, para otras cuestiones- en mi mente la figura de aquel jugador llegó a tener unas dimensiones tan colosales que nadie, posteriormente, superaría jamás.
Se había retirado nada menos que dieciséis años antes de que yo naciera y la primera vez que le vi tenía más de sesenta y cinco años. Sin embargo, cuando mi abuelo nos dijo “este señor es Piru, del que tanto os he hablado” y Gainza estrechó mi pequeña mano, sentí que a través del contacto con sus dedos me unía a la historia del fútbol para siempre. Aquella mano que en aquel momento abrazaba la mía había se había alzado años antes, mostrando su posición a los defensas, nada menos que en Maracaná en 1950, en aquel glorioso partido en el que España venció por 1-0 a Inglaterra, gol de Zarra, con mi abuelo escuchándolo, a sus veintisiete años, pues sí, mi abuelo, también tuvo veintisiete años a miles de kilómetros de distancia por la radio.
Es curioso: si hoy pudiera tener a Piru Gainza delante de mí, le haría mil y una preguntas, escucharía durante horas –si él quisiera- la narración de sus gestas en San Mamés. Y sin embargo, en aquel momento permanecí callado, como mi primo, los dos intentando hacernos una idea del mito que teníamos frente a nosotros. Igualmente, hoy, que hace años que mi abuelo murió, pienso en todas las cosas que quedaron por decir, en que quizá nunca le expresé lo importante que fue para nosotros, sus nietos, y también que si me gusta el fútbol es por él y sólo por él, y siento que me gustaría poder tenerlo en frente, una vez más, para decirle que, gracias a él, siempre llevaré el fútbol, San Mamés y a Piru, su amigo, dentro de mí.
2.
Maneras de vivir un partido sin verlo… decía al comienzo de este texto.
Hace unas semanas fui a visitar a mi hermana a Palermo, donde estudia Bellas Artes con una beca Erasmus. Estuve en Sicilia doce largos días. Largos, pues la previsión eran siete, pero Poseidón –quizá enfadado por la prematura eliminación de Grecia de la Euro- se encargó de que fueran más, pues perdí mi vuelo al no poder regresar a Palermo desde la pequeña isla de Marettimo, donde estuve más tiempo del previsto debido al capricho de la mar o de su dios.
Unos días antes, fuimos a ver los templos griegos de Agrigento y Selinunte. Pasamos el día entero en esa zona de la isla, y emprendimos el regreso en torno a las cinco de la tarde. Condujo el coche alquilado mi hermana, con mi novia de copiloto, y yo dormí un buen rato en el asiento trasero. Cuando me desperté, para mi desesperación, eran casi las ocho de la tarde y nos encontrábamos atrapados en un enorme atasco a la entrada de Palermo.
Pensamiento inevitable para un futbolero: “me pierdo el Italia-Rumania”. Pregunté si llevábamos mucho tiempo ahí. Me contestaron que sí, y que parecía que estaríamos mucho más, pues no dejaban de pasar coches de policía y ambulancias. Me incorporé, me sacudí la cabeza para dejar atrás el sueño y encendí un cigarro.
Comencé a observar los coches de alrededor. Algunos de los conductores mostraban su desesperación por el retraso que debían de acumular. Otros se habían bajado de los vehículos y departían con otros conductores, intentando averiguar qué había pasado kilómetros más adelante que nos retenía a todos ahí. Otros, sin embargo, hacían aspavientos, gestos de desesperación y de tensión del todo exagerados. Pensé en el atasco y en el encendido carácter siciliano, pero al punto caí en que estaban escuchando por la radio el partido.
A mi petición, mi hermana encendió la nuestra y localizó una emisora que lo transmitía. Primera apreciación: el italiano no es tan sencillo de comprender para un castellanohablante cuando tu interlocutor no está frente a ti. Segunda apreciación: es absolutamente imposible hacerse una idea de cuántas voces hay hablando “al otro lado” cuando no dominas el idioma en el que lo hacen. Tercera apreciación: el mal que hace de los partidos radiados desde hace unos años un espectáculo que nada tiene que ver con el fútbol y la invasión de la publicidad también han llegado a Italia.
Entre chistes, anuncios y con mi incapacidad para los idiomas, con todo, de algo me iba enterando –ayudado, por supuesto, por mi hermana, que habla italiano perfectamente-. El partido iba uno a uno y a los locutores no les gustaba nada cómo se estaba poniendo.
Justo delante de nuestro coche, un aficionado italiano con un escudo del Palermo colgado del espejo retrovisor interior nos daba una imagen impagable de lo que en ese momento debían de estar sintiendo todos los aficionados azzurros: desesperación. En cuanto los locutores subían el tono de la narración –señal inequívoca de que algo estaba sucediendo en el campo- él alzaba los brazos en gesto de tensa espera del desenlace. Cuando eran los rumanos quienes atacaban, su gesto final era de alivio: resoplaba y se frotaba las manos en la cara. Cuando, por el contrario, los suyos eran quienes estaban a punto de marcar y no lo lograban, golpeaba con rabia el volante de su coche y gritaba al cielo –o, al menos, al techo del coche-. Si los volantes sufren, éste debió de salir muy dolorido de la experiencia. Tal era la intensidad con la que nuestro eventual vecino vivía el partido.
En un momento dado, los locutores se pusieron a gritar como locos, lamentándose. “Penalti para Rumania”, me explicó mi hermana. “¡Al de adelante le va a dar algo!”, añadió después riéndose. Efectivamente, nuestro hincha particular se mostraba abatido, negando con la cabeza apoyada sobre el volante del coche. Se alzó y sus manos comenzaron a masajear su pelo, una y otra vez, una y otra vez, mientras uno de los locutores explicaba que Mutu tomaba distancia para lanzar y Buffon estaba bajo los palos, al tiempo que una segunda voz hacía de fondo diciendo: “lo para, lo para, lo para, lo para…”, así, como en castellano.
Y fue Buffon y lo paró. Todos los de los coches de alrededor nuestro comenzaron a gritar felices por lo que había sucedido a miles de kilómetros de distancia. Nuestro vecino más cercano no cabía en sí de gozo. En ese momento, yo, me abalancé sobre el volante de nuestro coche e hice sonar nuestra bocina, interpretando una de las canciones más comunes en los estadios, sonido melódico de la victoria. Al punto se unieron los coches de alrededor, todos haciendo sonar sus bocinas en un coro conjunto que se apoderó de kilómetros de autopista atascada. El del coche de enfrente, sonriendo, nos miró por el retrovisor y yo alcé el puño en señal de victoria, a lo que nos respondió con el mismo gesto, pero mucho más marcado.
Poco después, el partido terminó sin victoria Italiana y el atasco, como por arte de magia, comenzó a disolverse. Cada uno continuamos nuestro rumbo. Antes de marcharse, no obstante, nuestro vecino de enfrente nos dedicó un gesto, abriendo sus manos como diciendo “no pudo ser”.
Claro que no sabía que, para mi alegría y su desesperación, unos días después estaríamos, a miles de kilómetros el uno del otro, haciendo los mismos gestos, pero con opuesto significado, y su “no pudo ser” sería mi “sí, se pudo”.


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#1 Vlad-III dijo,
3 Julio 2008 2:21 pm
No son pocos los futboleros que reconocen que prefieren escuchar por la radio un partido de fútbol antes que verlo. Muchos más son los que cuando ven uno por televisión, bajan el volumen de la misma para completar las imágenes con la narración que aportan las hondas.
Dios, que dolor de ojos…
#2 martin(foro) dijo,
3 Julio 2008 2:32 pm
Yo soy uno de los que prefiere la radio generalmente…supongo que tambien porque me cuesta centrar mi atencion en una sola cosa, y mientras escucho la radio puedo estar haciendo mas cosas a la vez.
¿por cierto, que tal es Marettimo? hace un tiempo viendo una especie de programa entre documental y de cocina(Jamie Oliver de viaje por Italia, se llamaba), uno de los lugares que visito fue curiosamente ese, y me llamo mucho la atención.
Un saludo
#3 Dadan Narval dijo,
3 Julio 2008 3:12 pm
Qué pasa, Vlad, ¿que no te gustan las motos? ; )
#4 Dadan Narval dijo,
3 Julio 2008 3:15 pm
Martin,
Marettimo, muy bien, si es que te gustan las islas en las que no hay nada más que calas -no playas- y sol. Un lugar estupendo, pero muy caro para comer, tanto fuera como en casa (teníamos alquilada una casa). Por cierto, que tiene un castillo que me recordaba un montón al de la Isla Negra de Tintín:
http://en.wikipedia.org/wiki/Image:Moorish_Castle_on_Marettimo1.jpg
#5 CELTIC PARK dijo,
3 Julio 2008 5:10 pm
Viva la Radio, que nunca pasa de moda, por mucha modernidad que tengamos, la radio es irremplazable.
#6 Giancarlos dijo,
3 Julio 2008 5:18 pm
Hola Dadan
Me encantan tus relatos, todos reflejan muy clara y profundamente tu pasión por este deporte tan bello como el futbol, cada vez que te leo me siento tan identificado con tu amor por el futbol que siento que no solo yo soy un loco que respira futbol a cada momento. Soy de Honduras, seguidor del Barca y amante de la Liga Española e Inglesa. No puedo comenzar el dia sin visitar Diarios de Futbol… ahh y extraño a Gerardo el de Cuentos de Futbol.
Saludos
#7 Dadan Narval dijo,
3 Julio 2008 11:37 pm
Hola Giancarlos,
Gracias por tu comentario. Sí, a ver si en algún momento retomo la serie aquella, que quedó inconclusa y de la que tengo varios textos en la cocina.
#8 Mauricio dijo,
4 Julio 2008 12:54 am
Pues a mi me toco vivir buena parte de los partidos de la Euro por radio desde mi oficina. A este lado del mundo cuando en Europa es tarde para nosotros es de mañana y la noche europea es tarde para nosotros, así que tenía que recurrir a la radio.
Sin embargo, si he de decir que cuando cuando tengo mi atención centrada solo en escuchar un partido y nada más, si que una prácticamente siente como que vió el partido. Tiene como una magia. Y si, soy de los que le gusta verlo por tele y escucharlo en la radio
#9 Mauricio dijo,
4 Julio 2008 12:58 am
Por cierto, saludos Giancarlos, yo también soy catracho, solo que vio en Costa Rica
#10 DEVO - EL BALON EUROPEO dijo,
4 Julio 2008 3:47 am
Mil veces prefriero ver un partido por TV eso que no queden dudas..
Saludos compañero
Devo – El Balon Europeo Blog
#11 Llinares dijo,
4 Julio 2008 8:33 am
Yo, y sé que es delito, me quede un atasco viniendo del festival de folk de ortigueira, de hace dos años y veníamos escuchando yo y el conductor (mi amigo suizo) la final de wimblendom entre nadal y federer… termino la final y empezo la final del mundial y hay estabamos todavía…. recuerdo que cuando pasabamos al lado de mi casa Materazzi marcaba el último penalti.
Sé que es un insulto haberme perdido aquella final, pero sé seguro que va ser la que recuerde toda mi vida…
#12 Alfredo dijo,
4 Julio 2008 8:59 am
Yo siempre le quito el volumen a la TV para poder escuchar la radio, para desesperación de mis amigos. Ellos insisten en que, como va un poco adelantado el sonido, le resta emoción. Sin embargo, cuando marcan gol, aunque lo escuchemos antes por la radio, todos nos quedamos sentados hasta que no lo vemos con nuestros propios ojos. XD
#13 sanxeski dijo,
4 Julio 2008 12:19 pm
Al leer el texto me he acordado de mis abuelos. Mi abuelo materno es hincha del Real Murcia, y cada vez que voy a su casa me cuenta la historia de un partido entre el Murcia y el Madrid, en el que el Madrid metió gol en fuera de juego, y que desde entonces no ha vuelto a la condomina.
Mi abuelo paterno es hincha del Athletic de Bilbao. Recuerdo hace unos años que estábamos en la casa del campo, y un vecino llegó con una furgoneta de una empresa que se llamaba Gainza. Cuando la vio mi abuelo me dijo: Gainza, uno de los mejores jugadores que yo he visto jugar en mi vida.
Un abrazo, me encantan estas historias.
#14 Obdulio Varela dijo,
4 Julio 2008 7:03 pm
¡¡Ostia la Isla Negra de Tintín!! Mítiquisimo, aunque aún sin el grandísimo Haddock.
Unas dudas que lanzo con la esperanza de que alguien me conteste:
¿Somos el único país de la UE en la que la radio va desfasada con respecto a la televisión (o viceversa, no lo sé)? ¿En pleno 2008 es tan dificil resolver ese pequeño problema que hace que muchos desechen la radio para ver el fútbol?
De verdad, ¡¡¡es que me parece ridículo!!!
#15 Edgar García dijo,
5 Julio 2008 5:01 am
Yo viví en suelo Italiano aquél penalti de Italia contra Australia en el mundial 2006. 100 personas en una tele de muestra de un centro comercial agolpadas. Gol y se desató la euforia, algo inenarrable. Espectacular, yo creo que en España no se viviría con tanta pasión.